Qué significa la célebre frase del irlandés George Berkeley: “Ser es ser percibido”


La frase “Ser es ser percibido”, atribuida a George Berkeley, propone una idea radical sobre la realidad. En lugar de asumir que las cosas existen por sí mismas, sostiene que su existencia depende de que alguien las perciba o las experimente de alguna manera.

George Berkeley, filósofo irlandés del siglo XVIII, desarrolló esta idea dentro de su teoría conocida como idealismo subjetivo. Según su planteo, no existe una realidad independiente de la mente, sino que todo lo que existe se presenta a través de la percepción.

Desde esta perspectiva, los objetos no tienen una existencia autónoma fuera de la experiencia. Lo que se considera “real” es, en última instancia, aquello que es percibido por una mente, ya sea humana o divina.

El planteo de Berkeley parte de una pregunta central: ¿puede existir algo sin ser percibido? Su respuesta es negativa, ya que todo lo que se conoce del mundo llega a través de los sentidos y la experiencia.

En la vida cotidiana, se asume que los objetos existen incluso cuando nadie los observa. Sin embargo, Berkeley cuestiona esa idea al señalar que no es posible acceder a una realidad completamente independiente de la percepción.

Uno de los puntos más fuertes de esta teoría es la crítica a la idea de materia como algo independiente. Berkeley sostiene que no tiene sentido hablar de una sustancia material que exista por fuera de toda percepción.

Para él, lo único que se puede afirmar con certeza es la existencia de ideas en la mente. Los objetos son conjuntos de percepciones organizadas, no entidades materiales separadas. Este enfoque rompe con la idea tradicional de un mundo físico autónomo y propone una realidad construida a partir de la experiencia.

En este esquema, la mente ocupa un lugar fundamental. Es el ámbito donde se presentan las percepciones y donde se construye lo que se considera real.

Berkeley no niega la estabilidad del mundo, pero la explica a partir de la continuidad de la percepción. Para sostener esta idea, introduce la noción de una mente divina que percibe de manera constante. De este modo, las cosas no dejan de existir cuando no son percibidas por una persona, ya que siguen siendo percibidas por una instancia superior.

La propuesta de Berkeley puede resultar difícil de aceptar, ya que contradice la intuición cotidiana de que el mundo existe independientemente de quien lo perciba.

Sin embargo, su planteo obliga a revisar cómo se construye la idea de realidad. Todo lo que se conoce del mundo pasa por la experiencia, lo que plantea límites sobre lo que se puede afirmar. En ese sentido, la frase no busca negar la realidad, sino redefinirla desde la percepción.

Fuente: www.clarin.com

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