El estudio que revela cómo el entorno puede acelerar o frenar el envejecimiento del cerebro humano

Un equipo internacional de investigadores comprobó cómo el entorno, que incluye las condiciones ambientales, sociales y políticas, puede contribuir a acelerar o a retrasar el envejecimiento del cerebro humano y determinar la edad biológica de este órgano.

La investigación, que se publicó en la revista Nature Medicine, fue coordinada a nivel internacional por Agustín Ibáñez, investigador del Global Brain Health Institute (GBHI) en el Trinity College de Dublín, aborda una cuestión clave: cómo influyen conjuntamente los contextos en los que viven las personas en el ritmo al que envejece el cerebro.

Para analizar los efectos significativos de factores físicos y sociales, el equipo analizó datos de 18.701 personas de 34 países.

La “edad biológica” del cerebro vs. la edad cronológica

La edad biológica del cerebro no siempre coincide con la edad cronológica. El cerebro de la mayoría de las personas se deteriora a medida que envejecen, debido a la proliferación de proteínas que funcionan mal y eventualmente provocan la pérdida de memoria y cognición, pero hay excepciones.

Uno de los casos de estudio constante es el de los “superancianos“, donde los cerebros de personas de 80 años permanecen casi intactos y tan ágiles como cuando tenían 50.

El lugar donde vivimos y todo lo que nos rodea afecta el envejecimiento del cerebro humano. Foto: Pixabay

Las discrepancias entre el número que dice el documento de identidad y la “juventud” neuronal, ha sido estudiadas por décadas por la neurociencia.

La idea de que los cerebros humanos puedan desarrollar nuevas neuronas en la edad adulta, lo que se conoce como “neurogénesis”, es uno de los debates científicos más encendidos, con opiniones cruzadas de los expertos.

Este nuevo estudio analiza otros aspectos subyacentes, e introduce el concepto de “exposoma“, entendido como el conjunto acumulativo de exposiciones ambientales, sociales y contextuales a lo largo de la vida.

Analizaron 73 indicadores del exposoma a nivel nacional, incluyendo variables como la contaminación atmosférica, la variabilidad climática, la disponibilidad de espacios verdes, la calidad del agua, la desigualdad socioeconómica y distintos aspectos de los escenarios mundiales políticos y democráticos.

Contaminación ambiental, desigualdad económica, participación cívica, son algunos de los factores que analizaron. Foto: Imagen ilustrativa generada con IA

Según consigna la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que participó del investigación, los resultados mostraron que ese exposoma actúa de forma conjunta, mediante la interacción de múltiples factores que se potencian entre sí.

“Funciona de manera similar a lo que ocurre con enfermedades que coexisten y que se agravan mutuamente”, indicaron desde la casa de altos estudios.

Según cómo se relacionen los factores, ese entramado tiene un impacto directo en la edad biológica del cerebro y el envejecimiento cerebral, tanto en personas sanas como en aquellas con enfermedades neurodegenerativas.

“Juntos, generan hasta 15 veces más variación en el envejecimiento cerebral que cualquier otro factor individual”, aseguraron desde el centro universitario español.

Cómo influyen las condiciones ambientales en la salud cerebral

El centro universitario español aseguró que detectaron que las exposiciones físicas combinadas, tales como temperaturas extremas, emergencias climáticas o falta de espacios verdes, tuvieron un impacto directo en el envejecimiento estructural acelerado del cerebro.

Los efectos incluyen la alteración de las regiones clave implicadas en la memoria, la regulación emocional y las funciones autonómicas.

El cerebro regula la memoria: codifica, almacena y recupera información a través de complejas redes neuronales. Foto:
Ilustracion Shutterstock

A su vez, a nivel fisiológico, se relacionan con mecanismos como la neuroinflamación, el estrés oxidativo, la disfunción vascular o la reducción del soporte neurotrófico.

Por otro lado, el exposoma social combinado -que incluye desigualdad, pobreza, baja participación cívica, debilidad institucional o acceso limitado a recursos sociales- mostró una mayor asociación con el envejecimiento funcional del cerebro.

En este caso afecta las redes neuronales asociadas al control ejecutivo, la cognición social y la regulación emocional.

Los hallazgos ponen de relieve un aspecto clave, según los investigadores: las influencias ambientales sobre la salud cerebral son acumulativas, no lineales. y se amplifican mediante la interacción entre distintos factores.

Participaron profesores e investigadores de la UCM, pertenecientes a las Facultades de Medicina y Psicología, entre ellos Alberto Fernández, Ricardo Bruña, Fernando Maestú y María Eugenia López, integrantes del Grupo de Investigación en Neurociencia Cognitiva.

“Su contribución fue fundamental para la interpretación del análisis de señales cerebrales y el estudio de sus alteraciones, tanto en el envejecimiento normal como en el patológico”, destacaron los académicos.

Con información de la agencia EFE.

Fuente: www.clarin.com

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