Vehículos conectados: qué datos recopilan los autos de hoy, quién puede acceder y para qué se usan

Hace años que los autos dejaron de ser sólo un medio de transporte. Sensores, cámaras, micrófonos, GPS en tiempo real y conexión permanente a internet los transformaron en verdaderas computadoras sobre ruedas. Esa evolución tecnológica tiene un efecto directo: cada vehículo conectado produce y transmite información de manera constante.
Estudios del sector estiman que un auto moderno puede generar hasta 25 gigabytes de datos por hora. No se trata únicamente de parámetros mecánicos. El volumen y el tipo de información permiten reconstruir con bastante precisión la rutina de quien lo conduce.
Entre los datos que se registran figuran la ubicación en tiempo real, los recorridos habituales y los horarios de uso. También se almacenan variables vinculadas a la conducción: velocidad, patrones de frenado y aceleración, estilo al volante y frecuencia de uso nocturno, entre otros.
A eso se suman diagnósticos técnicos (estado del motor, desgaste de neumáticos, presión de frenos) y toda la interacción con el sistema multimedia: búsquedas, llamadas, música reproducida y contactos sincronizados desde el celular.
En la práctica, el vehículo no sólo sabe hacia dónde vas. Puede detectar dónde estacionás con frecuencia, qué trayectos repetís, cuántos kilómetros hacés por semana y hasta inferir ciertos hábitos cotidianos a partir de esos movimientos.
Qué vehículos están alcanzados
Foto: ChevroletEl fenómeno no se limita a autos de alta gama. En la práctica, alcanza a la mayoría de los modelos 0 km que incorporan un módulo de conectividad propio de la marca, con chip de datos y servicios telemáticos activos.
En Argentina, eso incluye buena parte de los SUVs, pickups y sedanes medianos lanzados en la última década, especialmente aquellos que ofrecen funciones remotas, asistencia en línea, diagnóstico a distancia y actualizaciones de software sin pasar por el taller.
Marcas como Chevrolet (con OnStar), Ford (SYNC con conectividad), BMW (ConnectedDrive), Toyota y Hyundai, entre otras, ya integran este tipo de plataformas en distintos modelos disponibles en el mercado local y regional. En los vehículos eléctricos e híbridos más recientes, la telemetría avanzada suele venir de serie, ya que es clave para la gestión de batería y autonomía.
Quedan, en general, fuera de este esquema los autos más antiguos o las versiones más básicas que no cuentan con conexión propia a internet. En esos casos, la única interacción digital suele darse a través del celular del usuario (por ejemplo, mediante Android Auto o Apple CarPlay), pero el vehículo no transmite datos de manera autónoma al fabricante.
Para qué se usan los datos que recolectan los autos
Foto: AudiLa industria automotriz sostiene que la recopilación de esta información tiene como objetivo mejorar la experiencia de manejo y reforzar la seguridad. Gracias a la conectividad son posibles las actualizaciones remotas de software, conocidas como OTA (over the air), que permiten corregir fallas o incorporar nuevas funciones sin pasar por el taller.
También habilitan alertas de mantenimiento preventivo, optimización de rutas en función del tránsito en tiempo real y sistemas avanzados de asistencia al conductor que se perfeccionan con datos de uso reales. En los autos eléctricos, la información permite ubicar puntos de carga disponibles y calcular autonomía con mayor precisión.
El vehículo, en este esquema, funciona como una plataforma en permanente actualización. Pero el uso de los datos no se limita al fabricante.
El sector asegurador encontró en la telemetría una herramienta para ajustar el cálculo de riesgo. Existen pólizas basadas en el uso —conocidas como “pay how you drive” (pagá como manejás) o seguros telemáticos, que determinan el precio según el comportamiento al volante.
Quienes conducen de manera considerada prudente pueden acceder a descuentos; en cambio, maniobras bruscas o excesos de velocidad pueden impactar en la prima.
En Argentina, algunas compañías ya ofrecen esquemas de este tipo, especialmente orientados a flotas corporativas, donde el control de costos y la reducción de siniestros son variables centrales. El modelo todavía no es masivo en vehículos particulares, pero la tendencia global apunta a su expansión.
Alrededor del auto conectado se consolidó un entramado de actores interesados en esa información: fabricantes de autopartes, desarrolladores de software, empresas de navegación, gestores de flotas y proveedores de servicios digitales. En ciertos casos, intervienen además compañías especializadas en análisis y comercialización de datos.
Ese circuito abre interrogantes. La elaboración de perfiles de conducción puede derivar en la circulación de información hacia terceros, incluidos actores del mercado publicitario o intermediarios de datos. El debate gira en torno a los límites de ese modelo y al grado de control real que tiene el conductor sobre lo que genera su propio vehículo.
Privacidad y consentimiento
Desde el punto de vista legal, en Argentina rige la Ley 25.326 de Protección de Datos Personales, que considera dato personal a toda información vinculada a una persona identificada o identificable. Si los registros del auto pueden asociarse directa o indirectamente a su titular, quedan alcanzados por ese marco normativo.
En la práctica, el consentimiento suele otorgarse al aceptar los términos y condiciones de los servicios digitales del vehículo, ya sea al momento de la compra o al activar funciones conectadas. El problema es que esas políticas de privacidad suelen ser extensas y técnicas, lo que dificulta una comprensión plena por parte del usuario.
Algunos fabricantes permiten limitar o desactivar el envío de determinados datos desde el sistema del auto o mediante la aplicación móvil asociada. Sin embargo, esa decisión puede implicar la pérdida de funcionalidades: navegación con información de tránsito en tiempo real, servicios remotos, actualizaciones automáticas o ciertas mejoras de seguridad.
El dilema no es menor. El avance hacia autos cada vez más inteligentes promete eficiencia, confort y seguridad. Pero al mismo tiempo instala una pregunta inevitable: cuánto estamos dispuestos a ceder de nuestra vida cotidiana a cambio de esos beneficios.
En un escenario donde el vehículo ya no es sólo un medio de transporte sino un nodo más del ecosistema digital, la gestión de los datos personales se convierte en una variable central. Y la transparencia sobre qué se recolecta, con qué finalidad y con quién se comparte pasa a ser tan relevante como la potencia del motor o el consumo de combustible.
Fuente: www.clarin.com



