“Un tipo servicial y querido por todos”: quién era “Pitoi” Díaz, el ganadero asesinado a balazos en su campo de La Cruz, Corrientes


Pocos lo conocían por su nombre. Para todos, Melchor Baltazar Díaz (84) era “Pitoi”, un gaucho de esos que comienzan a escasear en la geografía correntina. Quizás por eso las redes sociales se llenaron de anécdotas, mensajes de condolencia y una firme exigencia a la Justicia para que los delincuentes que el viernes a la noche lo mataron a balazos frente a su esposa terminen tras las rejas.
Díaz trabajó toda su vida en la estancia “San Manuel”, que está recostada sobre la ruta provincial 145, paraje “Yurú Cuá”, a unos 60 kilómetros de la localidad de La Cruz. Allí nacieron los siete hijos que tuvo con Laura. Y también algunos más que se criaron junto a él y aprendieron el duro oficio de peón de las estancias ganaderas de la zona.
“Pitoi” entabló una relación de respeto y total confianza con la familia De Feu. Durante muchos años fue el capataz del establecimiento ganadero y los propietarios le permitieron comenzar con su propio rodeo.
A Díaz le llegó la jubilación y su lugar en la estancia fue ocupado por uno de sus hijos. En agradecimiento por los servicios, los De Feu le cedieron un “puesto” y 200 hectáreas para que “Pitoi” siguiera haciendo eso que tanto le gustaba: vivir a lomo de caballo, arreando vacas, pero ahora las propias.
Matías Vallejos es consignatario ganadero en la zona y forjó en los últimos años una estrecha relación con Díaz. “Era un tipo muy servicial, querido por todos, es una gran pérdida”, se lamentó. “De a poco nos fuimos conociendo y asi me enteré de su historia, de toda una vida trabajando esa estancia y el reconocimiento de sus patrones, que le dieron unas 200 hectáreas de campo y una casa para que viviera allí sus últimos años”, recordó.
“Esta misma gente lo había llevado un tiempo a trabajar en otra estancia de la Provincia de Buenos Aires, pero volvió y ya no salió de “San Manuel”. Ahora, uno de sus hijos sigue trabajando en ese lugar como capataz”, agregó.
Con el paso de los años, el rodeo de Díaz se incrementó hasta rondar las 200 cabezas. Uno de sus nietos, que reside en La Cruz, viajaba con frecuencia para ayudarlo en el manejo de la hacienda. A veces también recurrían a algunos otros peones de la zona para tareas puntuales que demandaban mayor mano de obra.
A “Pitoi” no le pesaban los 84 años. Era habitual verlo montado en su caballo, dirigiendo el trabajo en el campo. Un familiar sospecha que Díaz fue asesinado cuando le hizo frente a los tres encapuchados que el viernes a la noche llegaron a la casa. Sabían que hacía poco tiempo el hombre había vendido ganado y tenía dinero.
“Él siempre andaba con el cuchillo en la cintura y decían que no lo iban a llevar tan fácil…cuando los vio, seguro los quiso cortar y por eso lo mataron”, reveló un familiar a Clarín.
Laura, la esposa de Díaz, reveló que los delincuentes estaban encapuchados, les quitaron los teléfonos y los arrojaron en un balde con agua, sin saber que allí estaba la clave para acceder al dinero.
Los asaltantes golpearon a Laura y revolvieron la casa en busca de dinero. Finalmente escaparon a bordo de la camioneta Ford Ranger de “Pitoi”. El vehículo fue abandonado en la zona de Yapeyú, a 90 kilómetros de la escena del crimen.
Apenas los delincuentes escaparon, la mujer se ocultó y permaneció inmóvil hasta el amanecer, temerosa de que la banda retornara. El sábado al amanecer comenzó a caminar hacia el casco principal de la estancia “San Manuel” en busca de ayuda. Un vecino de la zona la encontró por la ruta provincial 145 y avisó a la Policía.
Marisol Carrillo fue durante muchos años docente en el paraje “Yurú Cuá” y todavía recuerda el gesto generoso de “Pitoi” y su esposa. “Era abril o mayo de 2004 y salí a la ruta para ver si conseguía algún transporte que me lleve hasta la Escuela rural 604, que está a 75 kilómetros de La Cruz. Pitoi y su esposa me levantaron en su camioneta cuando volvían a la estancia, pero antes de llegar cayó una tormenta. Ese día me llevaron a su casa, almorcé con ellos. Cerca de las 17, cuando el tiempo mejoró, me preguntó si sabía montar y le dije que sí. Entonces le pidió a un peón, Panicho Paniagua, que ensillara el caballo que él usaba todos los días y me acompañara hasta la escuela atravesando un bañado, para acortar el camino”, relató.
Tras conocerse el crimen, la Sociedad Rural de La Cruz sostuvo que la muerte del ganadero “no sólo enluta a una familia, sino que genera una profunda preocupación en todo el sector productivo y en la sociedad en su conjunto. No podemos permanecer indiferentes ante hechos de esta naturaleza, que atentan contra la vida, el trabajo y la paz social”.
Fuente: www.clarin.com



