Tras 40 años de investigación, científicos y arqueólogos descubren el templo de Zeus en Turquía


En la ciudad de Limira, en el suroeste de Turquía un grupo de científicos y arqueólogos han descubiertos los restos del antiguo templo de Zeus.
Este descubrimiento se da tras más 40 años de investigaciones y pone fin al largo misterio sobre la ubicación de este importante lugar de culto que solo había sido conocido por inscripciones desde principios de la década de 1980.
Durante décadas, los estudiosos sabían por fuentes epigráficas —inscripciones antiguas que mencionaban el culto a Zeus en Limira— que debía existir un gran santuario dedicado al principal dios del panteón griego.
Sin embargo, la falta de restos visibles y la complejidad estratigráfica del sitio hicieron que su ubicación exacta siguiera siendo un enigma arqueológico hasta las excavaciones más recientes.
Limira, ubicada en la actual provincia de Antalya, fue una de las ciudades más relevantes de la antigua Licia, un territorio que jugó un papel significativo como puente cultural entre el mundo griego y la Anatolia interior.
Su riqueza arqueológica abarca desde tumbas rupestres monumentales hasta estructuras como teatros y baños romanos, pero la ausencia del templo de Zeus había sido un vacío evidente.
Un equipo dirigido por el profesor Kudret Sezgin de la Universidad Hitit, en colaboración con el Instituto Arqueológico Austriaco fueron los encargados de una revisión detallada de la estratigrafía urbana y la reinterpretación de estructuras previamente mal interpretadas ya que lo que durante años se consideró parte de murallas helenísticas o elementos urbanos, resultó ser parte de la arquitectura del templo.
Este hallazgo ha permitido finalmente identificar la fachada oriental del edificio, con una anchura de aproximadamente quince metros, y la cella —la cámara interna donde se ubicaba la imagen de culto de Zeus— según los expertos esta enterrada bajo un huerto de naranjos privado, que comenzará ser excavado una vez que logren ser aprobados los trámites de expropiación del área.
Estos hallazgos arqueológicos han permitido reinterpretar la estructura monumental situada bajo la llamada “calle romana” de Limira. Durante años se creyó que este gran portón funcionaba como un propileo cívico, pero las investigaciones recientes demostraron que, en realidad, se trataba del acceso ceremonial al majestuoso santuario dedicado a Zeus, la máxima deidad del panteón griego.
En la misma línea, una muralla tradicionalmente asociada a las fortificaciones helenísticas también fue replanteada. Los especialistas concluyeron que no formaba parte del sistema defensivo de la ciudad, sino que correspondía al muro perimetral del templo —el témenos—, el recinto sagrado que delimitaba el espacio del santuario.
La reinterpretación coincide con la fuerte presencia de Zeus en la identidad local de la antigua Limira. Monedas, inscripciones y diversas fuentes históricas lo mencionan de manera recurrente como la deidad principal durante los períodos clásico, helenístico y romano. El santuario no habría sido un templo secundario, sino el centro espiritual de una comunidad que veneró al dios durante más de ocho siglos.
El descubrimiento del templo de Zeus en Limira no solo resuelve un enigma arqueológico de décadas, sino que también impulsa una reevaluación de cómo se estructuraba la vida religiosa en las ciudades grecorromanas de Asia Menor.
La superposición de estructuras posteriores sobre el antiguo santuario y su ocultamiento bajo huertos y murallas bizantinas daban una imagen fragmentaria que ahora, con este hallazgo, puede integrarse de manera más coherente en la narrativa histórica del lugar.
Además, los hallazgos cerámicos asociados a la zona indican que la región estuvo habitada por al menos cinco mil años, lo que subraya la larga continuidad de ocupación humana y la complejidad de su evolución urbana.
Fuente: www.clarin.com



