Sigue la pelea de la mujer que escapó de una colonia menonita: la compleja situación por la tenencia de las hijas

María Unger Reimer (34) nació en la colonia menonita de Nueva Esperanza, en Guatraché, una comunidad de 1.400 personas en La Pampa, a 210 kilómetros de Santa Rosa. Intentó escaparse dos veces pero recién lo logró en 2019. Ahora pelea por proteger a sus hijas de un contexto de violencia.

A los 15 años, María se puso de novia con un hombre de la comunidad y se casó, de acuerdo a las costumbres del lugar. La violencia empezó incluso antes de tener hijos y fue la primera vez que intentó escapar: nunca le permitieron separarse de su esposo.

En 2019, cansada de los golpes y las agresiones que sufría en su casa, decidió “retirarse”. Se subió a un micro, sin dinero, sin conocidos en el “mundo exterior”, ni ayuda económica de ningún tipo. Terminó en Tucumán, trabajó en un campo y conoció a otro hombre que también había escapado de la religión pero en otra comunidad. Juntos tuvieron una hija.

Pandemia de por medio, en 2022 logró reencontrarse con sus hijas, que ahora tienen 12 y 15 años. Pudieron vivir juntas y ser escolarizadas bajo un plan de educación formal durante -al menos- tres años. Sin embargo, la mayor decidió regresar a Nueva Esperanza. Es que entre los 15 y los 20 -según informaron a Clarín– las jóvenes están autorizadas a tener un novio que, probablemente, sea la persona con la que terminen formalizando el matrimonio. Y, como la adolescente tenía pareja, decidió regresar.

Durante 2025, la adolescente de 15 vivió en Nueva Esperanza con su padre y la de 12 junto a su mamá, asistiendo a la escuela, con atención médica y llevando una vida que podría considerarse normal.

Pero en febrero todo cambió. María viajó desde Tucumán hasta La Pampa para cuidar a su madre enferma. La mujer estaba internada en el hospital de Santa Rosa y su hija se instaló cerca para cuidarla.

Los menonitas conservan un estilo de vida y tradiciones del siglo XIX.

Durante su estadía en La Pampa, decidió llevar a su hija menor a ver a su padre y visitar a su hija mayor. Volvió a Nueva Esperanza con más nervios que alegría. Fue entonces que volvió a sufrir un episodio grave de violencia y amenazas de parte de su ex pareja. María y sus hijas lograron escapar y realizaron la denuncia en General Acha.

No era la primera vez que María denunciaba al padre de sus hijas por ejercer violencia de género contra ella. De hecho, de acuerdo a sus antecedentes penales, en 2017 ya había recibido una pena de prisión en suspenso por agredirla.

Karina Lucia Alvarez Mendiara es abogada de María y, en diálogo con Clarín, había explicado: “El progenitor de las nenas amenazó con rociarlas con nafta y prenderlas fuego a las tres. Ella volvió a la comunidad y la golpeó. Logró escapar y realizó la denuncia, estuvo un día internada en General Acha”.

Al salir de esa internación se quedó en Santa Rosa junto a sus tres hijas pero fue entonces que la situación se agravó: “Una camioneta con una persona que María logra identificar como el padre del novio de su hija de 15 se detuvo en la puerta del departamento que alquiló frente al hospital y las llevó de regreso a la comunidad. Hizo la denuncia y un control los detiene camino a Guatraché pero, como supuestamente las niñas manifestaron que querían seguir con su papá, las dejaron ir”, dijo a Clarín la abogada.

La desesperación de María la llevó a denunciar públicamente su historia para garantizar la seguridad de sus hijas.

Es que, según relató, el hombre “es alcohólico, violento y pasa mucho tiempo de viaje” dejando a sus hijas solas. Tras su denuncia y la intervención de los servicios de Niñez, la jueza de la Familia, Niños, Niñas y Adolescentes de la Tercera Circunscripción Judicial de La Pampa, Daniela de la Iglesia, definió la restitución de las dos hijas de María y regresaron a Santa Rosa.

“El juzgado de Familia de General Acha resolvió la restitución de las niñas a su centro de vida, junto a su madre. Además dispuso la suspensión del régimen de comunicación del padre, amplió la prohibición de contacto y acercamiento por cualquier medio, tanto de manera directa como a través de terceros. Además, fijó una cuota alimentaria mensual a cargo del progenitor”, explicó Karina Álvarez Mendiara.

Sin embargo, la decisión judicial no alcanzó: una de las niñas subió un video a Tiktok en el que pide que le permitan vivir en la comunidad.

“La jueza ha decidido que nos quedáramos con mi mamá, que no queremos, queremos quedarnos con papá, que se lo pedimos a la jueza y no nos escucha. A mí y a mi hermana. No nos escucha. Nos están negando ese derecho. Y mi mamá ha dicho que, si no íbamos con ella, iba a meter preso a mi papá y que la Colonia Menonita iba a sufrir, algo que está totalmente en contra de mi voluntad, que nos quiere llevar a la fuerza, que me siento muy obligada a irme, no quería”, dijo en el video que rápidamente se viralizó en la provincia.

Como las niñas insistieron en su deseo de permanecer en la colonia, la madre y la abogada hicieron un pedido “excepcional y transitorio al juzgado” para que las chicas regresaran al domicilio de un familiar materno dentro de Colonia Esperanza, para “resguardar su integridad física y emocional”. La medida fue implementada por la Dirección General de Niñez, Adolescencia y Familia que deberá elaborar un plan de revinculación de la madre con sus hijas.

La abogada describió el caso como “complejo” al estar atravesado por un contexto cultural que requiere un “abordaje especializado y respetuoso”. María tuvo que regresar a Tucumán porque no contaba con los recursos económicos para mantenerse en La Pampa y por el inicio de clases de su hija menor.

Fuente: www.clarin.com

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