Sangre, engaños y traición: la historia de Iván el terrible, el primer zar de Rusia, que asesinó a su propio hijo

Iván Vasílievich -más conocido como Iván el terrible– nació en 1530 en la zona de Kolómenskoye, cerca de Moscú. Allí, antes de convertirse en el primer zar de Rusia, dio sus pasos iniciales entre disputas palaciegas, para terminar siendo considerado como uno de los hombres más crueles y paranoicos de la historia.
Si bien su linaje se encontraba en lo más alto del poder (su padre fue Gran Príncipe de Moscú), las desgracias y la falta de afecto tanto materno como paterno lo dejaron sumamente marcado. De hecho, tuvo una infancia más que solitaria: vivió encerrado en una torre como un mendigo.
En su coronación de 1547 se convirtió en el primer monarca ruso en adoptar el título de zar. Desde entonces gobernó durante 37 años, logrando una administración centralizada en un Estado formado por regiones no eslavas, al que sumó la conquista de Astracán, Kazán, y Siberia.
Los traumas que formaron su personalidad
El padre de Iván Grozny (palabra traducida del ruso como terrible) murió cuando este tenía apenas tres años. Pero la desgracia familiar fue acompañada por importantes responsabilidades, al recibir en el mismo momento el título de príncipe.
Mientras tanto, en su entorno transcurrían luchas políticas intestinas entre los guerreros ennoblecidos, más conocidos como boyardos. Estos grupos de la nobleza competían entre sí de tal manera que Iván cultivó una fuerte aversión a ellos.
La vida de palacio empeoró cuando, cinco años después de la primera adversidad, murió su madre, aparentemente asesinada con veneno.
Iván IV se crio con la muerte cerca suyo, y la lucha de intereses de los nobles. Foto: ArchivoHuérfano en las cumbres de Moscú, fue recluido en una torre del Kremlin, maltratado y subestimado por los miembros de la corte real. Más tarde o más temprano el odio se apoderó de él, y comenzó a comportarse de manera perversa.
Comenzó a arrojar perros y gatos desde la cima de su aposento, “por el mero hecho de ver cómo se estrellaban contra el suelo”, según cuenta Pedro Gargantilla en su libro “Enfermedades que cambiaron la historias”.
Con este panorama, no sorprende la severidad del pequeño cuando, ya con trece años, ordenó que una jauría de perros descuartizara y se comiera al entonces príncipe Andrei Shuisky, enfrente de una muchedumbre y otros nobles.
Estas disputas letales lo acompañaron de forma constante, especialmente el acto de envenenar.
La tercera gran pérdida de Iván el terrible, y los amores que mató
Sus ocho esposas padecieron sin piedad. A las que no mandó a encerrar a conventos, las asesinó con intoxicaciones letales. Solo la primera, Anastasia Romanovna –tía abuela del Miguel I, el primer Romanov en la cabeza del poder-, fue considerada “su gran amor”.
De hecho se le atribuye a Anastasia el impulso necesario para desterrar la corrupción e impedir que los nobles se aprovechen de su estatus. Es que su relación fue lo más cerca de la felicidad, siendo el carácter amable y sereno de la consorte un efecto calmante en su marido.
Pero ella, hija de un oficial de la corte, tampoco duró mucho, en esta ocasión por acción de los boyardos, quienes la habrían envenenado.
Anastasia Romanovna fue tía abuela del primer Romanov que fue Zar. Foto: AFP/ Olga MaltsevaComplicada la estabilidad mental de Iván IV, la amenaza de muerte a súbditos y el sometimiento a tortura de sus ministros profundizaron aun más su fama de sádico. La importante expansión territorial bajo su largo gobierno quedó eclipsada por estos aspectos de su personalidad.
El asesinato a su propio hijo
De hecho, el episodio que resume la forma de ser de Iván el Terrible (el cuarto golpe, tal vez), fue el asesinato de su propio hijo.
Una pelea doméstica llevó a la extinción de la dinastía Rurik y al comienzo de una crisis política en Rusia, conocida como Época Tumultosa.
El dramático hecho ocurrió en 1581, en la residencia de Alexandrov, ubicada en el óblast de Vladimir. Allí comenzó a discutir con su hijo, Iván Ivánovich.
Según algunas versiones, todo se originó por diferencias sobre el curso de la Guerra en Livonia, y las críticas del monarca a la esposa del zarévich (príncipe heredero). No era la primera vez que mostraba su desacuerdo: ya había encerrado en monasterios a las primeras dos parejas de su hijo.
Iván el terrible y su hijo, retratados por el ruso Iliá Repin. Foto: ArchivoIván el terrible solía tener ataques de ira en la adolescencia, los cuales no desaparecieron en absoluto. Y uno de ellos provocó el trágico momento histórico, en el que con un duro bastón golpeó fatalmente a su hijo.
La escena quedó retratada muchos años después por el artista ruso Iliá Repin, en una pintura que hoy se encuentra en la Galería Tretiakov, en Moscú.
Su historia personal correspondió con la situación de la nobleza de la época. Sangre, engaños y traición. Los dramas para él y para quienes le temían terminaron el 18 de marzo de 1584 en Moscú, cuando el zar falleció.
Fuente: www.clarin.com



