Roberto Bolaño, escritor chileno, explicó por qué leer es un placer pero escribir puede ser un tormento: “Lo normal es leer y lo placentero es leer, incluso lo elegante es leer; escribir es un ejercicio de masoquismo”


Para Roberto Bolaño, leer y escribir eran experiencias completamente diferentes. Mientras consideraba que acercarse a los libros podía ser una actividad placentera y hasta elegante, entendía la escritura como un trabajo mucho más incómodo, marcado por la dificultad de enfrentarse a una página en blanco.
El escritor chileno lo explicó durante una entrevista realizada en 1999 en el programa “La belleza de pensar”, conducido por Cristian Warnken. Allí resumió su mirada con una frase que con el tiempo se convirtió en una de sus reflexiones más recordadas sobre el oficio literario: “Lo normal es leer y lo placentero es leer; incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo”.
La declaración llegó poco después de la publicación de Los detectives salvajes, la novela de 1998 que había recibido el Premio Herralde y el Premio Rómulo Gallegos y que terminó de instalarlo entre los nombres destacados de la literatura latinoamericana.
La frase de Bolaño parte de una idea sencilla: el lector recibe la obra terminada, mientras que el escritor debe atravesar todo el proceso de creación.
En la entrevista, el autor planteó que leer podía ser incluso una actividad elegante porque quien tiene un libro entre las manos disfruta de las palabras ya construidas por otra persona. No tiene que atravesar las dudas, correcciones y dificultades que aparecen durante la escritura.
Para Bolaño, esa diferencia era fundamental. La literatura no se reducía al resultado final de una novela o un cuento, sino que también incluía todo el trabajo previo que debía realizar el autor para llegar hasta allí.
Su particular definición del escritor como alguien que practica un “ejercicio de masoquismo” apuntaba precisamente a esa dimensión incómoda del oficio. Escribir implicaba exponerse, insistir y enfrentarse de manera permanente con las propias limitaciones.
La reflexión también puede vincularse con la propia obra de Bolaño. Muchos de sus personajes están relacionados de una u otra manera con la literatura, la poesía y la búsqueda de libros.
En Los detectives salvajes, Arturo Belano y Ulises Lima recorren distintos lugares mientras persiguen las huellas de la poeta Cesárea Tinajero. En 2666, publicada de manera póstuma, un grupo de críticos literarios busca al misterioso escritor Benno von Archimboldi.
La lectura aparece así como una actividad central dentro del universo del autor. Sus personajes no son solamente escritores: también son lectores, investigadores y personas que encuentran en la literatura una forma de orientarse en el mundo.
Bolaño, nacido en Santiago de Chile en 1953, pasó buena parte de su juventud en México, donde participó de la creación del movimiento infrarrealista. Más tarde se instaló en España, donde desarrolló gran parte de su carrera literaria.
La aparente contradicción de aquella frase también permite entender parte de la personalidad literaria de Bolaño. Incluso después de alcanzar reconocimiento internacional, evitaba presentar la escritura como una actividad idealizada.
Su trayectoria estuvo marcada por años de precariedad y por una dedicación intensa a la literatura. A partir de los 40 años comenzó a concentrarse especialmente en la narrativa y publicó algunas de las obras por las que sería reconocido después de su muerte.
Roberto Bolaño: una biografía sumaria
Bolaño murió en Barcelona en 2003, a los 50 años. Al año siguiente apareció 2666, una novela de gran extensión que se convirtió en una de las obras centrales de su producción. Entre sus otros libros destacados se encuentran Estrella distante, Nocturno de Chile y Llamadas telefónicas.
La entrevista de 1999 quedó registrada posteriormente en distintos trabajos sobre el escritor y en el volumen Bolaño por sí mismo: Entrevistas escogidas. Allí permanece aquella definición que resume, con el particular tono del autor, una de las grandes paradojas de la literatura: leer puede ser un placer; escribir, en cambio, exige atravesar todo aquello que el lector nunca llega a ver.
Fuente: www.clarin.com



