River, al quirófano: cómo será la cirugía que Gallardo le hará a River después de un 2025 de fracasos :: Olé

Cuando Marcelo Gallardo dijo, en un pasaje de su última conferencia de prensa y minutos después de haber completado de figuritas el álbum de decepciones de esta temporada, que él se ganó la posibilidad de seguir en 2026, asumió, casi como una confesión, que a partir de ahora ocurre lo que él no quería que ocurriera, que es de algún modo vivir de las rentas del pasado, de lo que se consiguió en una etapa que se ve cada vez más borrosa y descolorida, en tonos sepia. Que hoy el Muñeco se sostiene por lo que hizo el yo de su estatua: cualquier otro entrenador no habría resistido un año tan malo, el peor desde la época más oscura de la historia del club y uno de los más frustrantes de todos los tiempos si uno midiera el resultado de cada campaña desde comienzos del siglo pasado según un índice que resulte de cotejar expectativas y realidad.

No le falta razón a MG: su espalda le da crédito para otra aventura, él se lo ganó, y posiblemente no haya un técnico más apto que él para dar vuelta todo esto, pero en todo caso la incómoda pregunta que por estas horas se hace el colectivo riverplatense es si el deté es el mismo, si conserva la magia para llegarles a sus jugadores, si a su metodología no le faltó en el camino instalar u na actualización.

Allí, en el pasado, se encuentra buena parte del problema de un River que quedó atrapado en un loop temporal y que desde hace mucho intenta repetir linealmente las recetas del éxito como si se tratara de la fórmula de la Coca-Cola, prescindiendo con inocencia de la premisa de que el fútbol va evolucionando, que especialmente en Argentina los formatos se alteran muy rápido, que los futbolistas van haciéndose viejos y no son los mismos, que los que ya ganaron gloria y dinero difícilmente tengan el mismo hambre que ayer. Todo eso quedó condensado en un segundo ciclo de Gallardo diagramado con nostalgia y, cuando no, con decisiones erradas por mucho. El resultado fue un equipo que nunca estuvo a la altura y que se arrastró en los últimos meses del 2025, que evidenció un inaceptable déficit de trabajo futbolístico, físico y sobre todo mental y que este lunes, para cierto alivio de sus hinchas pero sobre todo de sus propios jugadores, logró lo que pedía a gritos desesperadamente desde la serie con Palmeiras: no jugar más. No seguir estirando una agonía dolorosa.

El Muñeco habló de un año malo y de un último trimestre pésimo. Pero el año en general se ve pésimo y el tramo final, en todo caso, es directamente de descenso: no hubo en esta etapa un equipo peor entre los 30 que conforman el frankenstein argentino de esta competencia integrada por dos tercios de clubes de Primera y un tercio de la Segunda. Es cierto que hubo un punto nodal en los cuartos de final de la Libertadores. Tanto como que la estadística que recogió el deté de que hasta el cruce con el Verdao su River había perdido apenas dos partidos sobre 41 sonaba ya en su momento a un espejismo: incluso aquel River, el de la medianía de los cinco puntos, mostraba que no estaba preparado para las citas importantes y que en el segmento más caliente del calendario era capaz de autodestruirse por completo.

La mirada perdida de Gallardo en el Cilindro, tomo un síntoma.La mirada perdida de Gallardo en el Cilindro, tomo un síntoma.

Ahora Gallardo buscará revancha. La pregunta es cómo. Por empezar, el deté terminará de redondear en estas horas un diagnóstico que ya masticó un buen tiempo y que resultará en una cirugía mayor con caras visibles en el plantel profesional pero que también promete tener un alcance estructural a distintas escalas. No menos de una decena de jugadores dejará el club. Entre este jueves y este viernes, cuando el grupo vuelva al trabajo en el Camp antes de las vacaciones que supo conseguir en la cancha y que se estirarán hasta el 20 de diciembre, MG hablará con varios de los futbolistas que ya no están en sus planes para 2026 y que se dividen en distintos grupos.

La cirugía mayor que planea Gallardo en River

Por un lado, están los que terminan su vínculo, con muchos héroes de Madrid involucrados. Nacho Fernández y Milton Casco, con altibajos de rendimiento en todo el año, no renovarán y lentamente se acercan a un regreso a Gimnasia. Gonzalo Martínez, cuya presencia en el banco de suplentes en los últimos partidos fue poco menos que testimonial, también se irá tras una segunda etapa marcada por las lesiones y en la que no completó ni una sola vez los 90 minutos. En el caso de Enzo Pérez, un asterisco: el capitán, a tres meses de cumplir 40 años, parecía afuera hasta su aceptable retorno ante Vélez y Racing (de hecho su salida coincidió con el estrepitoso final en el Cilindro) y tendrá una charla cara a cara con el Muñeco que definirá un futuro en el que podría ser más importante por su ascendencia en el vestuario que por su presencia en una zona del campo en la que River volverá a reforzarse.

El otro que terminará su vínculo y se irá, además de un Federico Gattoni que ya ni siquiera se entrenaba con sus compañeros y volverá al Sevilla concluido su préstamo, es Miguel Ángel Borja: con una energía negativa, quijotesco, exasperante y errático en cada definición importante que tuvo River en estos años, la última foto del colombiano fue en la Bombonera. Igual que la de Paulo Díaz: el central, con contrato hasta diciembre de 2027, quedó fuera de la consideración de MG desde el superclásico y ya estaba condenado en la mirada de los hinchas como uno de los símbolos de esta época de frustraciones. Así, al chileno se le buscará una salida de mercado vía una venta o, en el peor de los casos, con el acuerdo de la rescisión de un vínculo que contempla uno de los salarios más altos del staff.

Otro que intentará irse en esta ventana de transferencias es Fabricio Bustos: entre las ganas del lateral de tener un protagonismo que perdió con la llegada de Montiel y su nivel en baja, el ex Independiente tendrá vía libre para acercar ofertas. Una situación similar es la que se le presentará a un Sebastián Boselli que fue repescado a mitad de año desde Estudiantes pero que no dio la talla cuando le tocó jugar.

Gallardo comenzará a hablar con los jugadores sobre el futuro en las prácticas de este jueves y este viernes en el Camp (Foto: Prensa River).Gallardo comenzará a hablar con los jugadores sobre el futuro en las prácticas de este jueves y este viernes en el Camp (Foto: Prensa River).

¿Más bajas? Un caso particular es el de Matías Galarza Fonda: aunque habitualmente los refuerzos necesitan un tiempo de adaptación, las prestaciones del paraguayo fueron bajísimas, con errores de amateur como el que fatalmente le dio el 3-2 a Racing este lunes, y con la reprobación general de la gente, a la que el zurdo le pidió disculpas vía Instagram.

Claro, también está a la espera una resolución del caso Galoppo: el ex Banfield quedó a las puertas de activar la obligación de compra con San Pablo, pero ahora el CARP, con Enzo Díaz y Gonzalo Tapia prestados al club paulista, deberá negociar por su continuidad. En un principio, la intención del CT es contar con él para lo que viene.

Por lo demás, y sin contar la evaluación que haga MG de los juveniles para determinar si cede a algunos de ellos, hoy no hay jugadores intransferibles en el plantel y cualquier oferta será analizada, aunque la crisis futbolística también provoca un efecto inmediato que condicionará el mercado: así como el resto de los clubes volverá a intentar aprovecharse de la necesidad de River inflando valores, la cotización de los jugadores que vistieron la Banda este año bajó dramáticamente. En ese escenario, no hay demasiados nombres para que la Tesorería haga caja más allá de un Lautaro Rivero que despertó miradas desde Europa y de un Facundo Colidio que suele tener pretendientes afuera.

El panorama para el mercado de pases

En contraste, habrá refuerzos puntuales en todas las líneas y con una billetera menos holgada que incluirá topes salariales y un nuevo paradigma de productividad para las nuevas contrataciones, pero el recambio de futbolistas evidentemente ya no asoma como una solución mágica: el problema de River parece más profundo y parece, también, pedir cambios con mayor alcance. En ese sentido, la cirugía puede afectar a toda la estructura de fútbol, empezando por la Secretaría Técnica a cargo de un Enzo Francescoli cuya influencia quedó algo desdibujada en este segundo ciclo y un Leonardo Ponzio que también quedó eclipsado por la figura de Mariano Barnao, brazo ejecutor de Gallardo en los libros de pases.

River no sólo perdió todo lo que podía perder en 2025 sino que, además, no jugó nunca a nada ni creyó en sí mismo, y eso es aún peor que la suma de tantas eliminaciones. Las decisiones erradas del Muñeco en el mercado pero también en el vivo del partido a partido, que lo llevaron a utilizar a 45 futbolistas en 54 presentaciones, armaron un combo explosivo con un plantel conformado por héroes en decadencia competitiva, jugadores que ya tenían marcada una cruz de fin de ciclo, refuerzos sin el ADN River que además sintieron el peso de la camiseta y juveniles todavía verdes para remontar este barrilete de plomo.

¿Alcanzará con cambiar tantos nombres? Es fútbol y todo es posible. A fines de 2013, luego de la última campaña comparable que incluyó el famoso “que se vayan todos” en el Monumental, Ramón Díaz prometía que de River se iría ganador en medio del debate por su continuidad. Con una base similar de jugadores, y muchos menos recursos, un semestre después cumplía e inauguraba el ciclo que se volvió inolvidable con Gallardo. En cualquier caso, el Muñeco se ganó el beneficio de pensar que él puede revertir una crisis que, de momento, solo frenó el calendario.

Fuente: www.ole.com.ar

Artículos Relacionados

Volver al botón superior