Renzo Solís, taxista en Barcelona: “El turismo que llega ahora gasta menos, bebe más y da muchos más problemas”


Barcelona se ha convertido en la ciudad más masificada del mundo según el último informe global elaborado por la empresa de conectividad Nomad eSIM. En el ámbito de cifras, estamos hablando de más de 20 millones de turistas repartidos en los poco más de 200 km2 de superficie. Una saturación por delante de destinos masivos como Nueva York, Cancún o Roma.

No obstante, en las calles de la capital catalana se respira cierto malestar por esta tendencia y uno de quienes mejor lo ve, desde dentro de un coche y a altas horas de la madrugada, es Renzo Solís, taxista que desde hace cuatro años recorre las calles de la ciudad por la noche.

“He visto que ha cambiado mucho. Ha cambiado mucho y para mal”, dice Renzo con resignación en una conversación con el creador de contenido Fortfast. Lleva 14 años viviendo en Barcelona y conoce sus calles mejor que nadie.

Una de las transformaciones que más le preocupa tiene que ver con el perfil de algunos visitantes nocturnos. “El turismo que viene ahora es un turismo barato. Gasta menos, bebe más y da muchos más problemas”, asegura.

Explica que, durante las noches de fin de semana, buena parte de sus clientes son grupos que salen de fiesta y suben al taxi “hasta arriba de alcohol y de cosas de dudosa procedencia”, una situación que obliga a muchos conductores a extremar la prudencia.

El conductor reconoce que conducir de noche implica convivir con cierta sensación de inseguridad. “Nunca sabes con qué intención se te sube la persona detrás. No sabes si lleva un cuchillo o una pistola”, explica.

Por ese motivo, los taxis cuentan con cámaras de seguridad, un botón del pánico conectado con la policía y sistemas de aviso silencioso. Aun así, asegura que la mejor herramienta sigue siendo la experiencia. “Muchas veces toca calar a la gente antes incluso de que levanten la mano para parar el taxi.”

No todo son incidentes. Renzo cuenta que el taxi es también un lugar donde afloran historias que difícilmente se escucharían en otro contexto. “En diez minutos he visto rupturas, reconciliaciones y hasta he hecho terapia de pareja.”

Recuerda haber ayudado a una mujer embarazada que estaba a punto de dar a luz, pasajeros que le dejaron propinas inesperadas o turistas que, después de recuperar un móvil perdido, repartieron 100 euros al repartidor que lo encontró y otros 100 euros a él como agradecimiento.

También confiesa que algunas historias le siguen emocionando. La que más le marcó fue la de una mujer mayor que acababa de salir del hospital tras visitar a su marido enfermo. “Me dijo: ‘Si él se va, ya me quedo sola. Él estará acompañado cuando muera, pero cuando me vaya yo… ¿quién va a estar conmigo?’”

Después de miles de conversaciones con pasajeros, asegura que las preocupaciones se repiten constantemente. Habla del elevado precio de la vivienda, de personas que comparten piso entre cinco para poder pagar una habitación, de la lentitud de la sanidad o de mayores que afrontan la soledad. “La situación económica en Barcelona es muy complicada y la gente lo está padeciendo muy fuertemente”, resume.

Pero al final de cada jornada, Renzo intenta dejar todas esas historias dentro del coche. “He aprendido a diferenciar el trabajo de cuando me bajo del taxi. Si no, te envejece.”

Fuente: www.clarin.com

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