Quién es Uta Frith, la científica que ahora cuestiona el concepto de autismo que ella misma ayudó a definir


Uta Frith no es una voz más en el debate sobre el autismo. Es una de las investigadoras que ayudó a consolidar el marco con el que durante décadas se diagnosticó y comprendió esta condición en todo el mundo.
Por eso, su reciente crítica al concepto de “espectro autista” —que ella misma contribuyó a desarrollar— reactivó una discusión global.
Nacida en Alemania en 1941, Frith es una psicóloga del desarrollo radicada en el Reino Unido y profesora emérita del University College London (UCL). A lo largo de su carrera, fue una de las pioneras en el estudio científico del autismo y la dislexia, y contribuyó a transformar la forma en que se entiende el neurodesarrollo.
Durante las décadas de 1970 y 1980, su trabajo ayudó a establecer una mirada más amplia del autismo, entendida como un conjunto de condiciones con distintos niveles de manifestación. Ese enfoque fue clave para mejorar la detección, ampliar diagnósticos y desarrollar estrategias educativas más adaptadas.
Ese mismo marco es el que hoy cuestiona.
En entrevistas recientes con medios como The Times o The Telegraph, Frith sostuvo que el concepto de espectro autista “ha ido demasiado lejos” y que, al incluir perfiles muy distintos bajo una misma categoría, podría haber perdido utilidad clínica.
Su preocupación principal está en el crecimiento de los diagnósticos tardíos. Mientras que los casos detectados en la infancia siguen patrones más consistentes, los diagnósticos en adolescentes y adultos —muchas veces impulsados por la propia percepción de los pacientes— aumentan con rapidez.
En línea con lo planteado en la nota original, Frith distingue dos grupos: quienes reciben diagnóstico temprano, generalmente con mayores necesidades de apoyo, y quienes llegan a ese diagnóstico en etapas posteriores, con perfiles más leves. Para estos últimos, incluso sugiere que podría ser necesario pensar en otra categoría.
Frith desarrolló gran parte de su carrera en el Institute of Cognitive Neuroscience de UCL y fue respaldada por el Medical Research Council en el Reino Unido. Es miembro de la Royal Society, una de las distinciones científicas más importantes a nivel global.
Entre sus aportes más influyentes está el desarrollo de explicaciones cognitivas del autismo. Participó en investigaciones clave sobre la llamada “teoría de la mente”, que estudia la capacidad de comprender los pensamientos y emociones de otras personas.
También propuso la idea de “coherencia central débil”, que sugiere que las personas con autismo tienden a enfocarse en detalles más que en el contexto global.
Además, fue una de las primeras investigadoras en afirmar que el autismo tiene una base biológica, alejándose de teorías anteriores que lo atribuían a factores de crianza.
Sus declaraciones generaron reacciones inmediatas. Parte de la comunidad autista cuestionó sus dichos y consideró que pueden poner en duda experiencias, especialmente de quienes fueron diagnosticados en la adultez.
Otros sectores interpretan su posición como un intento de recuperar precisión en los criterios clínicos en un contexto donde el diagnóstico se amplió.
La postura de Frith se da en un debate abierto dentro de la comunidad científica, que incluye distintas miradas sobre cómo definir el autismo y cuáles deben ser los criterios diagnósticos.
El debate también se cruza con fenómenos recientes, como el crecimiento del autodiagnóstico y la circulación de contenidos sobre salud mental en redes sociales.
Más allá de la controversia, la discusión que plantea Frith tiene implicancias concretas. La forma en que se define el autismo impacta en diagnósticos, tratamientos, políticas educativas y acceso a apoyos.
No se trata solo de una categoría médica. Para millones de personas, también es una forma de entender su propia identidad.
Por eso, cuando una de las investigadoras más influyentes en este campo advierte que el concepto podría haber perdido precisión, el debate deja de ser exclusivamente académico y vuelve al centro de la conversación pública.
Fuente: www.clarin.com



