Pionera del feminismo: la historia de Sor Juana Inés de la Cruz

En el Virreinato de Nueva España, el saber era para los hombres. Las universidades, los púlpitos y los libros estaban reservados para los varones. Las mujeres debían limitarse a escuchar y obedecer; pero Sor Juana Inés de la Cruz eligió otro camino.
Fue celebrada como un prodigio intelectual, integrada a los círculos cultos y leída con admiración. Al mismo tiempo, fue observada con cuidado por una institución que soportaba su talento mientras no cuestionara los límites impuestos.
En un sistema que todavía no admitía que una mujer alzara su voz, Sor Juana se animó a perseguir sus ideales e intentó sostener el pensamiento. Sí, podríamos llamarla una pionera del feminismo.
¿Quién fue Sor Juana Inés de la Cruz?
Sor Juana nació en 1651 en San Miguel Nepantla, en una sociedad profundamente jerárquica. Era hija ilegítima, una condición socialmente estigmatizada que ella misma intentó borrar en los registros oficiales.
Desde su infancia, mostró una relación obsesiva con el conocimiento. Aprendió a leer y escribir alrededor de los tres años, muchas veces a escondidas. En la biblioteca de su abuelo descubrió los libros clásicos, textos religiosos y saberes que no estaban destinados a una niña.
La escritora Sor Juana Inés de la Cruz. Foto: Archivo. Quiso estudiar en la universidad pero no pudo. Según algunas biografías, incluso intentó vestirse de varón para poder ingresar. Y cuando no aprendía algo de la forma que le gustaba, se castigaba cortando su cabello.
Ya de adolescente, Sor Juana llegó a la ciudad de México y fue incorporada a la corte virreinal. Ahí llamó la atención del virrey Antonio Sebastián de Toledo y, especialmente, de la virreina Leonor de Carreto, quién la protegió y promovió.
En ese espacio participó de tertulias intelectuales, debates teológicos y encuentros con humanistas. Existen referencias a una prueba pública de erudición organizada por el virrey, donde Sor Juana respondió con solvencia a preguntas de distintas disciplinas.
Gracias a esto, la corte le ofreció visibilidad, acceso a libros y reconocimiento. Aunque también se la colocó bajo contante observación, pero circulaba como una excepción.
El convento como elección estratégica
Sor Juana no ingresó al convento por vocación mística. Entró porque era la única forma de evitar el matrimonio y conservar tiempo para estudiar. Primero probó con las carmelitas, pero las reglas estrictas limitaron su actividad intelectual.
El convento de San Jerónimo ubicado en Ciudad de México. Foto: Wikipedia.En el convento de San Jerónimo encontró mayor autonomía. Ahí escribió poesía, teatro, tratados científicos y ensayos. Administró el convento, recibió visitas y mantuvo un ida y vuelta de correspondencia con figuras influyentes.
Durante años se desarrolló en intereses poco comunes: astronomía, medicina, música y meteorología. Redactó un tratado sobre afinación musical, “El caracol”, hoy perdido, y dejó referencias científicas constantes en su obra poética.
Los conflictos con la autoridad eclesiástica
La tensión con la iglesia se volvió explícita en 1690. Sor Juana escribió una crítica privada a un sermón del predicador Antonio Vieira. El obispo de Puebla publicó esa crítica sin su consentimiento bajo el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz.
Junto con la publicación, el obispo le recomendó abandonar los estudios y dedicarse exclusivamente a la vida religiosa. La respuesta de Sor Juana fue inmediata y pública: “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz” como contestación a todas las recriminaciones que le hizo el obispo.
En ese texto defendió el derecho de las mujeres a estudiar, argumentó con ejemplos históricos y sostuvo que el conocimiento no tenía género. Fue uno de los documentos más contundentes de su producción intelectual.
El Padre Antonio Vieira (1608 – 1697). Foto: Wikipedia. El retiro de la escritura..
A partir de 1693, Sor Juana dejó de escribir. Sus principales protectores habían muerto o regresado a España. El contexto sociopolítico se había vuelto inestable, con epidemias, rebeliones y crisis institucionales.
Vendió su biblioteca e instrumentos científicos. Investigaciones posteriores indican que lo hizo para donar el dinero a los pobres, aunque no se descarta que existiera presión indirecta de sectores eclesiásticos.
No hay certezas sobre la razón de su silencio. Las fuentes permiten múltiples deducciones, pero ninguna conclusión definitiva.
En 1695, una epidemia afectó gravemente al convento de San Jerónimo. Sor Juana se dedicó a cuidar a las monjas enfermas y contrajo la enfermedad. Murió el 17 de abril de ese año.
Su funeral fue austero. Durante décadas su figura quedó relegada y su obra fue parcialmente olvidada. Recién en el siglo XX comenzó un proceso sostenido de recuperación crítica de sus textos y su trayectoria.
La obra poética de Sor Juana Inés de la Cruz. Foto: Pinterest @euler_mascheroni. Hoy su producción literaria, ensayística y poética forma parte central del canon hispanoamericano del siglo XVII.
Fuente: www.clarin.com



