Pedro Manuel Sánchez, geriatra: “Tener un propósito de vida hace que haya menos activación del estrés y disminuye la inflamación crónica de bajo grado”

Hablar de longevidad suele llevar a pensar en ejercicio, alimentación, descanso o genética. Sin embargo, hay otro factor del que se habla menos y que también puede tener un papel importante, según explican los especialistas: el propósito vital. Mantener una razón para levantarse cada mañana, sentirse útil y conservar un papel activo dentro de la familia o de la comunidad también puede influir en la salud a medida que cumplimos años, explica Pedro Manuel Sánchez Jurado, geriatra del Hospital Perpetuo Socorro de Albacete.

“Tenemos la idea de que naces, creces, trabajas, te jubilas y mueres. Y no. Entre jubilarse y morir tiene que existir una razón de ser, un motivo para levantarse cada mañana, un motivo para que algo merezca la pena”, señala. Para el especialista, tener un propósito no significa necesariamente desarrollar una gran actividad ni perseguir un objetivo concreto. Puede ser cualquier motivo que haga que una persona quiera seguir cuidándose. “Voy a tomarme la medicación que necesito para poder seguir adelante, voy a ir a mis consultas médicas, voy a cuidar mi ejercicio porque tengo un propósito, el que sea”, señala.

Ese propósito puede convertirse así en un motor para mantener otros hábitos relacionados con la salud. “Me tengo que cuidar haciendo ejercicio para poder cumplir ese propósito”, explica el geriatra. También puede favorecer el descanso, la alimentación y una menor exposición al estrés. “El sentimiento de pertenencia, el sentimiento de participación en ese propósito, hace que la persona pueda mantener todo eso: salud, ejercicio, alimentación, sueño y bajar el estrés”, añade.

Pedro Manuel Sánchez, geriatra: “Tener un propósito de vida hace que haya menos activación del estrés y disminuye la inflamación crónica de bajo grado”

Menos estrés y más reserva cognitiva

Según Sánchez, los efectos de tener un propósito también se han estudiado desde el punto de vista biológico. “Hay menos activación del estrés y disminuye la inflamación crónica de bajo grado”, explica. Esta inflamación aumenta con el envejecimiento y se relaciona con distintos procesos del organismo.

El especialista también señala efectos sobre el cerebro. Tener un propósito puede favorecer la neuroplasticidad y la reserva cognitiva. “Tener un propósito vital hace que disminuya esa inflamación crónica de bajo grado. También tiene efecto sobre el cerebro: hace que haya más neuroplasticidad y que aumente la reserva cognitiva”, apunta.

Por eso, insiste en que el propósito no debería considerarse un aspecto secundario cuando se habla de envejecimiento saludable. “Un propósito puede hacer que mejore todo eso”, afirma, en referencia a aspectos como el sueño, el riesgo cardiovascular, el músculo y la salud cognitiva.

“Un propósito puede hacer que mejore todo eso”, afirma. Foto: IG/pedrotugeriatra

La jubilación no debería ser un cambio de un día para otro

Uno de los momentos en los que este propósito puede desaparecer de forma brusca es la jubilación. Después de décadas con horarios, responsabilidades y una función profesional definida, algunas personas pasan de tener una rutina completamente estructurada a no saber cómo ocupar el tiempo. “Es imposible porque hoy en día todavía no está preparado en algunos sitios y existe la jubilación parcial, pero mentalmente tenemos que ir jubilándonos poco a poco”, plantea Sánchez.

En su consulta, explica, ve casos de personas que después de dejar de trabajar se encuentran de repente sin una actividad que dé sentido a sus días. “No podemos decir: hoy vengo a trabajar a tope y mañana ya no lo hago y no tengo nada que hacer. Hay que tener un plan para el día siguiente de la jubilación, para no levantarse y decir: ‘¿Y ahora qué hago?’”.

La psicóloga Ana Galán coincide en la importancia de mantener una estructura después de abandonar la vida laboral. “La rutina actúa como un sostén emocional silencioso. Cuando se rompen horarios y hábitos, el ánimo suele resentirse”, señala la especialista en una entrevista para La Vanguardia. Mantener una hora estable para levantarse, salir al exterior, respetar los horarios de las comidas y mantener el contacto con otras personas puede ayudar a regular la energía y el estado de ánimo.

 “Ahora voy a potenciar esto a lo que dedicaba solo una hora y media al día”, ejemplifica el geriatra.  Foto: IG/pedrotugeriatra

Por el contrario, quienes empiezan antes a desarrollar nuevas actividades pueden afrontar de otra manera este cambio. Cursos, hobbies, lectura, cocina o actividades sociales pueden convertirse en nuevos espacios de participación. “Ahora voy a potenciar esto a lo que dedicaba solo una hora y media al día”, ejemplifica el geriatra.

Dejar hacer a las personas mayores

El entorno también tiene un papel importante, especialmente para evitar la sobreprotección. Sánchez considera que asumir que una persona deja de ser capaz de hacer cosas simplemente por cumplir años puede contribuir a acelerar la pérdida de autonomía. “Lo que no podemos hacer es poner de repente un chip en nuestra mente, en la mente de los que somos un poquito menos mayores, y decir: ‘Tiene 70 años, ya es un inútil’”, afirma.

El geriatra pone como ejemplo a sus propios padres, de 85 y 89 años. Cuando los visita, deja que pongan la mesa o cocinen y simplemente supervisa que no exista una situación de riesgo. “Es bueno dejar que sigan haciendo cosas, no hacerles unos inútiles antes de tiempo”, señala. Su recomendación es clara: “Supervisemos, estemos como águilas desde el cielo mirando a nuestros mayores y solo nos lancemos a ayudarles si vemos que hay una situación de peligro”.

Recuperar el propósito después de una pérdida

El propósito también puede reconstruirse cuando se pierde. Una jubilación, la muerte de la pareja o un cambio importante en la vida pueden dejar a una persona sin la estructura que tenía hasta entonces. En esos casos, Sánchez considera importante respetar el duelo, pero evitar que el aislamiento se convierta en la nueva rutina. “No podemos hacer que esa persona, por ese duelo, se nos meta en casa, en el sillón y, por ende, en la cama. Hay que ir poniéndole pequeños propósitos”, explica.

La estrategia puede empezar con actividades sencillas: ir al teatro una vez al mes, después añadir una salida al cine o simplemente acompañar a hacer la compra. “Pequeños propósitos que vayan devolviendo ese sentido que ha perdido por una pérdida vital, como puede ser el trabajo o la pareja”, resume.

Cuando no existe una familia cercana que pueda acompañar este proceso, el reto es mayor. Sánchez considera que el voluntariado, las ONG y las políticas sociales tendrán un papel cada vez más relevante ante el aumento previsto de personas mayores que viven solas. Porque, para el geriatra, envejecer no debería significar dejar de tener un motivo para levantarse cada mañana.

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior

Adbloquer detectado

Nuestro sitio se mantiene gracias a nuestros sponsors locales, por favor permite que se visualicen en el navegador ♥