Nueva evidencia científica descubre cómo se apareaban los dinosaurios y por qué el sexo podía dejar marcas en sus esqueletos

Durante décadas, los científicos han debatido cómo se reproducían los dinosaurios y, aún más, dudaban si algún día sería posible entender su vida íntima. Aunque todos sabemos que estos gigantes prehistóricos tuvieron que aparearse para sobrevivir y evolucionar, casi no existía evidencia directa sobre cómo lo hacían.

Esto cambió hace muy poco gracias a un estudio publicado en la revista iScience que iluminó una característica realmente sorpresiva: el apareamiento de algunos dinosaurios podía ser tan intenso que hasta provocaba fracturas en sus huesos.

El foco de esta investigación se puso en los hadrosaurios, un grupo de dinosaurios herbívoros conocidos como “de pico de pato”, que habitaron durante gran parte del Cretácico, hace entre aproximadamente 100 y 66 millones de años.

Algunos ejemplos de estos dinosaurios incluyen especies como Olorotitan, Edmontosaurus o Parasaurolophus, que podían llegar a medir más de ocho metros de largo y, por supuesto, pesar varias toneladas.

Esta investigación ha abierto una ventana inesperada al comportamiento íntimo de los dinosaurios. Es que lejos de ser solo un “amor suave”, para algunas especies el apareamiento era un acto físico exigente que podía dejar cicatrices en sus esqueletos, y esas cicatrices ahora ayudan a los científicos a reconstruir no sólo cómo vivían, sino también cómo se reproducían estas criaturas prehistóricas.

Para los expertos, las lesiones se habrían producido durante el apareamiento de los dinosaurios. Foto: via ReutersPara los expertos, las lesiones se habrían producido durante el apareamiento de los dinosaurios. Foto: via Reuters

Traumas y vértebras rotas: los rituales de apareamiento de los dinosaurios

De acuerdo a lo que publica el medio especializado, lo que llamó mucho la atención de los paleontólogos fue un patrón muy consistente de fracturas curadas en las vértebras de la cola de cientos de estos fósiles estudiados en colecciones de América del Norte, Asia y Europa.

Y un dato no menor es que las fracturas no eran aleatorias sino que se ubicaban en la parte superior de la región caudal que se sitúa cerca de donde se cree que estuvo la cloaca, un único orificio que, como en los reptiles modernos, servía para la eliminación de desechos y la reproducción.

Entonces, la pregunta surgió de inmediato: ¿qué tipo de fuerzas podrían producir estas fracturas? Para llegar a una respuesta, el equipo liderado por el paleontólogo Filippo Bertozzo, del Instituto de Ciencias Naturales de Bruselas, empleó una combinación de análisis estadísticos y modelos de simulación por computadora

Estos métodos permiten simular cómo responde una estructura, en este caso una serie de vértebras, ante diferentes tipos de presión o carga.

Lo que ellos mostraron es que el patrón de fracturas observado en el dinosaurio “pico de pato” se ajusta mejor a una fuerza de compresión desde arriba y a un ángulo específico, tal como la que ejercería un individuo montando a otro durante el apareamiento.

Pero, ¿por qué sería tan intenso el contacto físico durante la cópula? Al igual que sus parientes vivos más cercanos (las aves y los cocodrilos), los dinosaurios tenían cloaca en lugar de órganos sexuales externos complejos.

Los hadrosaurios pesaban varias toneladas, por eso podrían haber generado estas fracturas. Foto: via ReutersLos hadrosaurios pesaban varias toneladas, por eso podrían haber generado estas fracturas. Foto: via Reuters

Para aparearse, entonces, la pareja debía alinear estas aberturas a la perfección, forzando un contacto corporal estrecho y descomunal. Con sus enormes colas rígidas y horizontales, para lograr la transferencia de esperma, los dos cuerpos debían colocarse de manera que sus cloacas quedaran en una línea.

Sin embargo, debido al enorme peso y la intensa presión, sus encuentros sexuales terminaban en graves traumas corporales para uno o ambos participantes.

Esa fuerza descendente, que se repetía en cada temporada reproductiva, parece haber sido suficiente para fracturar las vértebras superiores de algunas colas.

Un dato más que interesante, es que estas fracturas no eran mortales. Muchos de los huesos muestran signos de haber sanado e, incluso, algunos ejemplares parecen haber sufrido lesiones similares más de una vez, lo que sugiere que las parejas o un mismo ejemplar repetían múltiples encuentros sexuales a lo largo de su vida.

Una herramienta para distinguir el sexo de los dinosaurios

Este hallazgo tiene implicancias aún más profundas para la paleontología. Sucede que hasta ahora, determinar el sexo de un dinosaurio adulto sólo era posible en casos excepcionales, por ejemplo cuando se encontraban amigos dentro de un nido con huevos.

Pero si un patrón de fracturas como este se asocia con uno de los dos sexos (probablemente las hembras) debido al comportamiento de apareamiento, los investigadores podrían comenzar a distinguir machos de hembras basándose en huesos fósiles, algo que se consideraba prácticamente imposible hasta hace poco.

Además, este tipo de investigaciones se suma a otras líneas de evidencia sobre la vida amorosa de los dinosaurios: desde marcas de rasguños en rocas que podrían indicar rituales de cortejo antes de aparearse, hasta la interpretación de cuernos, crestas y ornamentación como señales visuales para atraer parejas, algo similar a lo que se observa en muchas aves actuales.

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Estudios demuestran que los Tyrannosaurus rex vivieron más de lo que se pensaba.

Fuente: www.clarin.com

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