Nostalgia, redención y celebración del presente

Robbie Williams volvió a la Argentina después de dos décadas. El viernes último abrió su segundo concierto abrazando con su voz a miles de fanáticos que cantaron a la par cada una de sus canciones y corearon con fuerza el clásico: “Olé, olé, olé, Robbie, Robbie”.

Desde el minuto cero, fue el dueño indiscutido del espectáculo. Vestido con un conjunto deportivo rojo con franjas blancas y destellos brillantes, arrancó con uno de sus hits más poderosos, “Let Me Entertain You”. Arengó a la audiencia y se presentó gesticulando: “Soy Robbie Williams, esta es mi banda y esta noche voy a entretenerlos”.

Acto seguido, enganchó con “Rocket”, tema de su nuevo disco, manteniendo la energía bien arriba. A partir de allí, comenzó a dialogar con el público entre canción y canción a lo largo de las casi dos horas y media que duró el show.

Robbie preguntó “¿Cómo se dice ‘entertainment’?”, bromeó con su mala pronunciación del español y lanzó entre risas: “Creo que vi a alguien en la audiencia con quien me acosté la última vez que vine, pero se ve diferente”. De inmediato, la pantalla proyectó el rostro de un hombre barbudo y el estadio estalló en carcajadas.

Pero de la misma manera en que arrancaba risas, el cantante también se mostró vulnerable y profundamente agradecido. Habló de su película, de su familia y de su deseo de seguir cantando y regresar en los próximos dos años. Confesó que estuvo “perdido de sí mismo” durante mucho tiempo y que sintió miedo de “ya no ser relevante”, pero que al ver a tantas personas que esperaron por él y siguen cantando sus temas, se sentía extremadamente feliz.

Luego de un recorrido por clásicos elementales de su carrera solista como “Rock DJ” y “Supreme”, compartió dos temas de su nuevo álbum: “Bite Your Tongue” y “Love My Life”. Este último lo dedicó a sus hijos -especialmente a la mayor-, reconociendo que, si no hubiera sido por su nacimiento y por su esposa, él sabía que su historia no habría terminado bien. Ese momento emotivo dio pie para cerrar el primer bloque con “Better Man”.

CON CARIÑO | “OLÉ, OLÉ, OLÉ, ROBBIE, ROBBIE”.

El show continuó con más cambios de vestuario, mayor cercanía con los fans y el apoyo indispensable de una banda impecable. Interpretó un cover de Take That, “Relight My Fire”, y entregó versiones de “New York, New York” y “My Way”, inmortalizadas por Frank Sinatra.

Un momento de complicidad ocurrió durante la presentación de los músicos: el propio Robbie pareció sorprenderse cuando su guitarrista rasgueó los acordes de “De música ligera”, de Soda Stereo, haciendo saltar y cantar a todo el estadio. A continuación, la banda regaló fragmentos de “Another One Bites the Dust”, “Livin’ on a Prayer”, “Jump” y “Hey Jude”.

La intensidad bajó hacia el tramo final. Dedicó “She’s The One” a Nataly, una fan ubicada en el campo delantero, y encaró la despedida definitiva con “Feel” y “Angels”.

La puesta en escena fue impecable: un cuerpo de bailarinas y coristas lo acompañó en las coreografías y transiciones de vestuario, mientras las pantallas gigantes proyectaban recuerdos familiares, fragmentos de su pasado y momentos de su presente.

El británico había llegado a Argentina tras su paso por Chile y concretó tres recitales a sala llena en el Movistar Arena de Buenos Aires. Además, se hizo un tiempo para una aparición especial en el show de la DJ ucraniana Miss Monique, interpretando por primera vez en vivo “Beauty In Us”, el tema que lanzaron juntos el mes pasado.

En las tres fechas, Juan Ingaramo fue el artista local encargado de calentar motores. Asimismo, The Lottery Winners, banda de indie pop originaria de Mánchester, hizo lo propio en la previa y durante una breve intervención en el espectáculo principal.

La redención

Robbie Williams pasó de ser un ídolo indiscutido del pop británico de los 90 y 2000 -que por sus adicciones casi “no la cuenta”, como él mismo expresó- a un artista de 52 años que lo da absolutamente todo sobre el escenario. Un hombre sin pudor para mostrar sus fisuras, con un carisma único para conectar con su público y al que le sobra talento para seguir reinventándose.

¿Qué pasó entre 2006 y 2026? La respuesta corta es que se radicó en Estados Unidos, se enamoró perdidamente de la actriz Ayda Field y, tras un intenso trabajo personal, dejó atrás sus adicciones, se casó y formó una familia con cuatro hijos (Teddy, Charlie, Coco y Beau). Hoy, de vuelta en los escenarios en su decimocuarta gira mundial con el Britpop Tour, Robbie agradece en cada presentación a su familia “por haberlo salvado”.

En diciembre de 2024 estrenó en cines su biopic “Better Man”, que, si bien tuvo un paso discreto por la taquilla, cosechó elogios de la crítica especializada. Con la particularidad de verse representado por un simio generado por computadora, el film ofrece una mirada cruda sobre cómo atravesó su infancia, la juventud, el éxito desmedido y las polémicas. Tras haber sido rescatado por su esposa y sus hijos, esta gira se siente como la continuación de esa película, el testimonio vivo de un artista que ama y agradece su presente, que eligió cómo quiere vivir y mantenerse vigente.

Fuente: eltribunodejujuy.com

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