Ni peleas ni traiciones: el libro que descubrió el motivo real por el que se destruyen las parejas

Un chico, en su primer día de colegio, entre la vergüenza y el desafío de ser “el de los suburbios”, tiene que bancarse el desaire de sus nuevos compañeros, en esa edad extrema y tierna que es la pubertad. Una mujer independiente llega al momento en que se revela la verdadera —y chata— superficialidad del hombre con el que pasará el resto de su vida. Y un grupo de conscriptos no puede dejar de odiar a su superior frío y distante, y al mismo tiempo sentir orgullo de su despotismo y una profunda y patética necesidad de su admiración.
Son escenas de Once maneras de sentirse solo (también editado como Once tipos de soledad), libro de cuentos de Richard Yates.
Richard Yates, escritor estadounidense, este 3 de febrero cumpliría 100 años. Nacido en 1926, fue casi contemporáneo del mítico J. D. Salinger, un poco posterior a John Cheever y anterior —y, sobre todo, faro e influencia— del también notable Raymond Carver. Santos del cuento perfecto. Del sueño americano roto, convertido en pesadilla americana.
Richard Yates cumpliría 100 años. El autor detrás de ‘Revolutionary Road’ diseccionó en sus cuentos el drama más común y menos contado.La trampa de las relaciones perfectas
Es probable que, sin saberlo, estos escritores hayan hecho —sin máscaras de piel humana ni locos con motosierra— lo mismo que la generación de cineastas independientes de los 60 y 70 (George Romero, Tobe Hooper, Wes Craven) haría con la América doméstica: mostrar a Estados Unidos como un hogar roto, un pacto social dañado. La masacre de Texas como metáfora caníbal: los suyos devorándose entre sí.
Pero entre todos esos escritores que hoy se mencionan, se estudian y se disfrutan, Richard Yates es —como lo definió una revista estudiantil de literatura de la Universidad de Berkeley— “el mejor escritor del que nunca oíste hablar”. Y vuelve con más fuerza en tiempos de encuentros digitales (más que sociales), amores de apps y vínculos tan novedosos y explosivos como escurridizos, donde el tilde azul —o su ausencia— en WhatsApp puede ser el principio del fin.
A través de siete novelas y dos libros de cuentos, Yates mostró que el fracaso no suele ser un estallido sino un desgaste diario, una falta de comunicación real. ¿Una infidelidad o una pelea a los gritos? No siempre. Más bien los gestos mínimos, el óxido de una pareja, las palabras cómplices que se dejaron de usar, el lenguaje que se abandona y los silencios que se acumulan terminan separando a dos personas que todavía duermen en la misma cama.
“Once maneras de estar solo”: manual contra el auto-engaño
Publicado en 1958, Once maneras de sentirse solo fue uno de los libros más leídos y comentados de Richard Yates, aunque su mayor éxito comercial llegaría más tarde con Revolutionary Road. Como Hemingway y Salinger, Yates había combatido en la Segunda Guerra Mundial, y una beca para excombatientes le permitió luego cursar algunos años en la universidad.
Trabajó como escritor publicitario y ghostwriter y, cuando empezó a tener un poco de reconocimiento —las ventas siempre le fueron esquivas, aunque la crítica literaria lo admiraba—, llegó incluso a escribir discursos para el entonces senador Robert Kennedy, poco antes de su asesinato en 1968.
Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en Vía revolucionaria, la adaptación cinematográfica de la novela de Richard Yates.Como los escritores mencionados antes, sus cuentos no “suenan a literatura” —esa palabra que a veces parece mayúscula, kilométrica, lejana—, sino a cercanía y vida cotidiana: a dos personas que viven en la misma casa pero no se encuentran. El miedo al fracaso, la oficina, la cena en silencio forman parte del alfabeto exquisito de un escritor que jamás maltrata a sus personajes. No los condena. Los mira y los describe con su propia piel, como si narrara en primera persona.
Desde el extraordinario comienzo con “Doctor Calabaza”, la historia de un chico adoptado que llega a una escuela de Nueva York, pero “de afuera”, y se obsesiona con la belleza de su maestra, entre humillación, odio y una sublimación erótica en forma de grafitis, hasta el cierre con “Constructores”, donde un escritor reflexiona sobre su oficio y sus fracasos personales, incluido un matrimonio que se desmorona, Yates arma una tesis de la soledad: la que se vive acompañado, pero a la intemperie.
Como un cuadro desconocido de Edward Hopper, pero a la vez familiar; como un álbum inédito de Leonard Cohen o Tom Waits, o como el Frank Sinatra de In the Wee Small Hours y Only the Lonely. No por casualidad, la literatura de Richard Yates fue muchas veces comparada con Nighthawks (Los noctámbulos): personas sentadas alrededor de una mesa iluminada en plena noche. Solos. Vidriados y sin mirarse. Silencio en la noche. La imposibilidad del encuentro.
El legado de Richard Yates a un siglo de su nacimiento: autopsia del afecto
No hay nada de negativo, oscuro ni barroco en Richard Yates. Al contrario: hoy funciona casi como una sesión de terapia. Su honestidad brutal es un antídoto contra la falsa felicidad de las redes sociales. Y si en esta colección practicó una autopsia del amor, fue porque todavía creía en la posibilidad de una felicidad clandestina y compartida.
En general, Yates comparte con Salinger esa escucha aguda del desencanto —la adolescencia como intemperie—, y al mismo tiempo parece anticipar el minimalismo emocional y naturalista que después se asociaría a Raymond Carver. No es que lo copie: lo prefigura. Más que una suma de historias, Once maneras de sentirse solo funciona como un catálogo de pequeñas derrotas íntimas que completa una de las líneas más altas de la literatura norteamericana.
Justamente escritores como Carver, Richard Ford y Kurt Vonnegut señalaron siempre su importancia, y también la mala suerte de no haber tenido el reconocimiento que sí acompañó a otros colegas de su generación.
El bar iluminado de “Los noctámbulos” (Edward Hopper), metáfora del desencuentro.Yates escribió Vía revolucionaria, la novela que Leonardo DiCaprio y Kate Winslet llevaron al cine para contar una historia simple y devastadora: una pareja atrapada en una vida que no quiere. Yates escribió ese libro en 1961, pero nunca vio su consagración masiva: murió en 1992.
Por qué leerlo hoy es más necesario que nunca
Porque en su obra nadie está completamente aislado: todos trabajan, se quieren —o creen quererse— y conversan. Pero Yates muestra que la soledad moderna no nace del abandono, sino del desencuentro: decir lo incorrecto, callarse cuando había que hablar, quedarse cuando ya no queda nada que sostener. Decisiones pequeñas que se aprenden demasiado tarde.
Incluso sus títulos suenan a tratados sobre vínculo, afecto y dependencia: Mentirosos enamorados, Lo mejor de todo, Jóvenes corazones que lloran. Yates murió en 1992, a los 66 años. No tuvo en vida la fama que hoy parece obvia, pero dejó algo más: un mapa para entender por qué, a veces, nos perdemos estando cerca.
6 consejos de escritura de Richard Yates
Estas son las palabras que el escritor Richard Yates fijó sobre su máquina de escribir: una lista de metas a alcanzar mientras transformaba la tinta y el papel en verdaderos hechizos. Literatura perfecta que acaricia los detalles.
- La frase exacta en inglés
- Una dramatización rigurosa de la historia
Fuente: www.clarin.com



