Milei sin estrategia, un manual de perdedores y el muleto que busca Cristina


A contrafrente de una mesa del litio que los reunió en Jujuy, los opositores más amigos del gobierno se concertaron el jueves para blindar el apoyo a la suspensión de las PASO. Alfredo Cornejo y Carlos Sadir, radicales, y Raúl Jalil, peronista “del interior”, se apartaron de los industriales de ese negocio, para resolver a solas una respuesta al pedido del Gobierno de que en la última semana de este mes se esté aprobando en el Congreso la reforma política que incluye la suspensión de las primarias PASO. Este trío representa la bisagra decisiva que tiene el gobierno para imponer la cláusula que Javier Milei cree que lo hará competitivo en las presidenciales del año que viene. Ocurrió en el hotel Alto La Viña, santuario de conspiraciones de alto relieve, como aquella discusión a los gritos entre Mauricio Macri y Gerardo Morales que terminó de abrochar la creación de Juntos por el Cambio en 2015. Esa vez el jujeño se enardeció cuando Mauricio deslizó un comentario ácido sobre Alfonsín.
Ahora los dos gobernadores radicales coincidieron con el peronista Jalil en que: 1) las PASO son una herramienta que le sirve más que nada al pejotismo liderado por el AMBA para organizarse para las elecciones del año que viene. Nosotros, coincidieron los dos radicales, no estamos en condiciones de llamar a unas PASO como hicimos en 2015; 2) el gobierno de Milei está dispuesto a pagar lo que sea con tal de bajar las PASO. Para los gobernadores es un momento ideal para reclamar lo que quieran a cambio de ese apoyo. Lo prueba que el propio Luis Caputo esté reconociendo, ante quien quiera escucharlo, que la política domina la economía. Es una conversión notable de quien creía hasta ahora que la economía domaba a la política. El gesto importa porque resquebraja la confianza del oficialismo en que si le va bien en la economía puede ganar elecciones.
No terminan de saber otras razones de fondo, aunque asumen que el único propósito es sacarles a los partidos políticos (algo que no tiene Milei, salvo ese grupo de WhatsApp que es La Libertad Avanza) una herramienta electoral que les conviene y les facilita la vida. El Gobierno no tiene otra estrategia que esperar que se repita la magia de 2023 y reedite una nueva situación de balotaje. Consiste, sencillamente, en volver a ser el candidato del electorado de centroderecha que construyó Juntos por el Cambio en 2015, pero con otros protagonistas, como tránsfugas del macrismo y el radicalismo -fueron elegidos en 2023 como opositores y se reviraron hacia el oficialismo-, un menemismo residual y un excipiente de ultraderecha tan marginal como ese menemismo. Para completar la jugada, es necesario que Milei sea el único candidato del espacio de centro derecha, y que a ninguno de sus contrincantes, que le sobran en ese espectro de opinión, se le ocurra competir por la candidatura. En una operación de pinzas, promueve a través de sus voceros oficiales y oficiosos, la ilusión de que Cristina Kirchner sea su contendiente el año que viene. Imaginan que les conviene que el cristinismo extremo insista en su postulación, aunque la justicia la inhabilite. Con eso el peronismo apalanca la contradicción con el gorilismo y, además, lo expone como una fuerza antisistema que actúa contra la ley y que cree que solo se puede salvar invocando un imposible.
Los partidos tratan de adaptarse a los porrazos para entender cómo se integran las mayorías. Las dos vueltas del balotaje y la tercera que son las PASO no son tres elecciones sobre lo mismo. Se votan cosas distintas y quienes votan no son siempre los mismos, porque algunos se abstienen y se arrepienten. También porque un mismo individuo es una persona en una PASO, otra en la primera vuelta y otra en la segunda. Un panorama enloquecedor para cualquier dirigente político.
El politólogo Pierre Rosanvallon pone el ojo en los efectos que tienen en las elecciones de doble vuelta, como las de la Argentina, que además tuvo el ingenio no solo de promover la cláusula del balotaje en 1994 sino que lo condimentó con las PASO en 2010 y ha consagrado la era de los gobiernos minoritarios. “Este problema no surge en el caso de las elecciones de representación proporcional de una sola vuelta. En estos casos, la mayoría se configura directamente como un ganador inmediato o una coalición. En el caso de las elecciones de doble vuelta, como en Francia, la situación es más compleja, ya que cada vuelta corresponde a un tipo específico de expresión ciudadana. El adagio de que ‘se elige en la primera vuelta y se elimina en la segunda’ resume sus características. Las mayorías de la segunda vuelta pueden corresponder entonces a opciones iniciales que claramente eran minoritarias”. (Les institutions invisibles, Seuil, 2024). Eso explica que en la Argentina todos los gobiernos del siglo XXI han sido gobiernos de minorías, que sacarían lección del Manual de Perdedores del novelista Juan Sasturain.
El plan del cristinismo repite lo que intentó el peronismo del AMBA en 2019. Cristina empujaba una candidatura propia, rodeada de posibles vicepresidentes que se agolpaban sabiendo que al final ella no sería candidata porque su capacidad de dividir era superior a la capacidad de multiplicar. Y que al final se bajaría y quedaría un segundo firme. En aquel momento los presuntos vices, que esperaban ser los que quedarían si Cristina se bajase, eran Felipe Solá, Jorge Taiana y Carlos Tomada. No esperaron nunca que Cristina, al bajarse, lo ungiera a Alberto Fernández. La persuadió un entornista que todavía andan buscando para ajustarle las cuentas. Lo tienen cerca.
En este round los que esperan beneficiarse de la operación inhabilitación son Axel Kicillof, Sergio Uñac y Gerardo Zamora, que juegan ese rol de muletos que pueden beneficiarse y pasar de candidatos a vices a ser los titulares. Las diferencias entre Cristina y Axel son apenas personales y se pueden arreglar con una rendición de Breda que se despacha en un instante -el cuadro “de las lanzas” de Diego de Velázquez muestra el acto de rendición mejor ilustrado de la historia-. Pero Cristina ya aporta el AMBA. Uñac y Zamora pueden representar al interior en la fórmula. El peronismo hizo las mejores elecciones con fórmulas que unían al AMBA con el interior – Menem-Duhalde, Cristina-Cobos-. Para el oficialismo, la presencia de Cristina agrega un dato decisivo en su beneficio: que esté en la fórmula promueve la desmovilización del peronismo del interior, que fue el factor más importante en el triunfo del no pejotismo en 2023 y del que se benefició el “balotazo” de Milei. Basta con que el AMBA ponga el candidato para que el peronismo del Interior se le ponga en contra, se desmovilice y le haga perder. Es la razón por la que nunca un bonaerense en la fórmula pudo llegar: fue la desgracia de Duhalde (apenas fue presidente interino, puesto por el Congreso), de Carlos Ruckauf, Felipe Solá, Daniel Scioli, Cristina (fue presidenta cuando era santacruceña; como bonaerense se debió resignar a ser vice de Alberto en 2019), y de Sergio Massa. Es casi una ley escrita en piedra.
En la reunión de Alto La Viña (un aparte en la conferencia 15ª edición de Litio en Sudamérica), Jalil admitió que recibe presiones muy fuertes del pejotismo oficial para que sostenga las PASO en la forma que el Gobierno les exige que se sancione, cuanto antes. Última semana de octubre o primera de noviembre. Los dos radicales coinciden en ese diagnóstico y esperan esta semana reunirse con los otros tres gobernadores del partido -Maximiliano Pullaro, Leandro Zdero y Juan Pablo Valdés- para oficializar la posición conjunta de rechazo de las PASO y llevarla como prenda de compromiso a la mesa de Diego Santilli.
No es la posición oficial del Comité Nacional del partido y si se formaliza la disidencia entre gobernadores y autoridades, tendrá efectos letales en la salud partidaria. Para evitarlo, prospera la idea de algunos de no oficializar nada y discutir individualmente con el Gobierno acuerdos electorales según la condición de cada distrito. No es un misterio esta coincidencia. Los radicales son oposición a Milei, pero lo son más al duhaldo-cristinismo y van a boicotear todo lo que beneficie a estos adversarios. En eso coinciden con el mileísmo, etapa superior del menemismo.
Este juego estratégico pone a prueba la capacidad de los partidos y sus dirigentes para entender la sociedad en la que viven. La sucesión de fracasos gubernamentales ha generado en la Argentina y en el mundo una creciente sensación de infrarrepresentación que rompe la relación entre la sociedad y el sistema político. La respuesta primaria de las organizaciones ante cada desafío es retorcer la legislación a su conveniencia. Juguetear con las leyes electorales es un hábito. Las PASO fueron creadas por Néstor Kirchner para embromarle la vida a la oposición. Pero se inspiró en un sistema de primarias obligatorias imaginadas por el gobierno de Fernando de la Rúa -Federico Storani, ministro del Interior- que no prosperó, y que buscaba arrinconar al peronismo que era oposición. Hoy es una herramienta del peronismo opositor. Unos y otros enfrentan una realidad que cambió y que necesita la búsqueda de nuevas formas de representación, que resguarden los institutos del sistema republicano del que abjuran el populismo de izquierda y el populismo de derecha. Estas manifestaciones son expresiones de la demagogia, herramienta de los tiranos desde que el mundo es mundo. Hoy esa nueva realidad ha vuelto obsoletos los formatos partidarios tradicionales. “Los partidos políticos y sindicatos -dice Rosanvallon- han perdido su centralidad porque su lógica era canalizar y representar intereses, mientras que las sociedades actuales se estructuran por divisiones y expectativas que trascienden esta dimensión”. Pero tan importante como eso es la nueva manera de articularse la opinión pública. Hasta finales del siglo XX, la opinión estaba mediatizada por instituciones permeadas como los cuadros, punteros, medios de comunicación, encuestas, etc. “Este nuevo régimen de opinión y esta desintermediación están redefiniendo profundamente el modo de producción de la razón democrática y conduciendo estructuralmente a una especie de fragmentación del sentido común”.
Fuente: www.clarin.com



