Mercedes Olano, 101 años, de San Sebastián: “Caminaba mucho, unos siete kilómetros cada día y casi siempre sola. He sido muy independiente y he disfrutado de momentos en soledad”

Mercedes Olano (Donostia, 1924) es madre de tres hijos, abuela de seis nietos y bisabuela de doce bisnietos. Actualmente, vive en la residencia Ballesol Easo, de San Sebastián.

Siempre va arreglada, sin que le falte ningún detalle. “Siempre me ha gustado ir bien”, dice. Hoy, sigue manteniendo intactas muchas de las costumbres que la han acompañado toda la vida, como conversar con todo el mundo, disfrutar de sus telenovelas favoritas y salir cada mediodía a tomar un vino con alguno de sus hijos.

Estudió para perito mercantil, dedicó gran parte de su vida al cuidado y la economía familiar. Ha visto desaparecer generaciones enteras, ha vivido guerras, cambios sociales profundos y transformaciones tecnológicas inimaginables.

Cuando habla de su vida lo hace desde la aceptación de quien ha aprendido a convivir con el paso del tiempo sin enfrentarse a él. Su fórmula para vivir tanto no esconde grandes secretos: nunca fumó, apenas bebió más allá de una copa de vino diaria, caminó durante años varios kilómetros al día y fue siempre de buen dormir.

Pero más allá de los hábitos saludables, quizá su longevidad tenga que ver también con ser una persona de preocuparse poco, disfrutar de las pequeñas cosas y mantener el cariño de la familia como el centro de todo.

En el pasado mes de junio le contó su experiencia a La Vanguardia; esta es Mercedes, en primera persona.

“No quiero ser una carga para nadie y menos para mis hijos”

-Mercedes, dentro de unos meses cumplirá 102 años, ¿cómo se encuentra hoy?

-Estoy muy bien. Aquí me cuidan mucho, las auxiliares son muy simpáticas y atentas. Me encuentro a gusto y tranquila.

Mercedes Olano, 101 años, de San Sebastián: “Caminaba mucho, unos siete kilómetros cada día y casi siempre sola. He sido muy independiente y he disfrutado de momentos en soledad”

-Ahora vive en una residencia, pero hasta los 100 años vivió sola. ¿Cómo se las arreglaba?

-Hasta los 100 vivía en mi casa y tenía la ayuda de una asistenta unas horas a la semana; el resto lo hacía yo. Siempre he sido muy independiente. Pero, llegados los 100, me trasladé a casa de mis hijos, turnándome entre ellos, antes de decidir venir aquí.

-¿Y por qué se trasladó a la residencia? ¿Fue decisión suya?

-Sí, yo no quiero ser una carga para nadie y menos para mis hijos. Les dije que prefería venir aquí y la adaptación fue perfecta desde el primer día, además dormí como un tronco. Estoy tranquila y feliz. Aparte, mis hijos me vienen a visitar cada día y siempre estoy haciendo cosas.

-¿Cómo es actualmente un día normal en su vida?

-Por las mañanas hablo con la gente, me muevo por la residencia un poco. Y luego veo mis telenovelas, La Promesa y Valle Salvaje, esas no me las pierdo bajo ningún concepto. Siempre me han gustado mucho, me entretienen y me enganchan. También hago sudokus para tener la cabeza activa. En general, siempre estoy muy entretenida.

-¿Hay algún momento del día que disfrute especialmente?

-Sí, el mediodía. Todos los días viene alguno de mis hijos y salimos al parque que hay enfrente de la residencia. Allí tomo mi aperitivo y mi vinito. Eso que no me falte (ríe).

-¿Siempre le ha gustado tomar ese “vinito”?

-Toda la vida. En la comida me he tomado mi copita. Aquí, en la residencia bebo agua, pero cuando salgo con mis hijos me tomo mi vino y tan contenta. Con moderación, claro, que tampoco hay que pasarse.

-También es aficionada al bingo.

-Mucho, mucho. Los lunes por la tarde tenemos bingo y es de lo que más me gusta. Además, ya he ganado varias veces, se me da bien (ríe). Y me encantaría jugar más de una vez por semana, con una no tengo bastante.

-¿Ha sido siempre una persona sociable?

-Siempre. Yo hablo con todo el mundo, nunca me ha costado socializar. Antes iba mucho al parque de Amara y tenía un grupo de amigas con las que pasaba horas hablando, de todo y de nada. Ahora también hablo con mis compañeras de mesa aquí en la residencia. Me gusta hablar y también escuchar.

-¿Conserva alguna amistad de su juventud?

-No. Las amigas del colegio ya han muerto todas. A mi edad es lo normal: una va viendo cómo se van yendo los que conoció de joven y llega un momento en que miras alrededor y ya no queda nadie. Eso es duro.

Sobre todo, echo de menos a una amiga con la que tenía mucha relación; éramos íntimas y su pérdida me dolió especialmente. Pero uno aprende a convivir con eso. A mi edad ya sabes que la muerte forma parte de la vida, que les ha tocado a ellas antes y que a mí me tocará cuando sea. Y no le tengo miedo.

He vivido mucho y he vivido bien, así que cuando llegue el momento, llegará. Mientras tanto, aquí estoy (sonríe).

“Vivo hasta que Dios quiera y mientras tanto, aquí estoy”

-Cuando piensa en su edad, ¿se siente una mujer mayor?

-Lo único que noto es que me cuesta un poco andar porque tengo desgaste de cadera, pero no pienso mucho en los años que tengo. Vivo el día a día y no me paro a contar mis años (ríe). Vivo hasta que Dios quiera y mientras tanto, aquí estoy.

-¿Qué ha sido lo más importante de su vida?

-Fui una mujer de casa, de cuidar a los hijos; estudié peritaje mercantil, pero nunca ejercí porque me dediqué a mi familia y a los negocios familiares. Y no me arrepiento. Lo más importante de mi vida ha sido mi familia. Tengo tres hijos, seis nietos y doce bisnietos. Ellos han sido y son lo primero, por encima de todo.

-Se la ve muy risueña. ¿Siempre ha sido así?

-Siempre. Me río con facilidad, no soy una persona seria. La vida tiene cosas difíciles, claro que sí, pero yo siempre he preferido quedarme con lo bueno.

-Si mañana volviera a tener 20 años, ¿qué haría?

-¡Qué alegría! Pues los viviría intensamente. Aunque los 20 años de ahora creo que son muy distintos de los de antes. Antes éramos más inocentes, todo era diferente, la vida era más sencilla. Íbamos descubriendo las cosas poco a poco, todo era un misterio. Ahora la gente joven tiene tanta información que sabe con 20 lo que a nosotros nos ha costado toda la vida descubrir.

Mercedes siempre caminó mucho, unos siete kilómetros cada día. Foto ilustrativa: Adobe Stock

-Ha vivido más de un siglo. ¿Qué ha cambiado y qué le preocupa del mundo actual?

-Muchísimas cosas han cambiado. Antes había más respeto, hacia los profesores, los médicos, las personas mayores. La vida de las mujeres ha mejorado muchísimo, eso sí, y también la vida en casa: ahora tenemos lavadoras y electrodomésticos que antes no existían, todo se hacía a mano y costaba mucho más esfuerzo.

Pero lo que me preocupa es la violencia. Antes no pasaban ciertas cosas. Ahora ves jóvenes que se apuñalan, personas mayores a las que les roban el bolso y las tiran al suelo. Antes se dejaban las puertas abiertas y no pasaba nada. Eso se ha perdido y es una lástima.

-¿Ha estado enamorada muchas veces?

-No, una sola vez. De mi marido, Nicanor Echenique. Llegamos a celebrar las bodas de oro, fueron muchísimos años juntos. No siempre fue fácil, porque él era hipocondríaco y eso me hizo sufrir bastante. Siempre estaba preocupado por sus enfermedades y los médicos le decían que no tenía nada. Pero uno se queda con lo bueno.

-¿Hay algún secreto para una relación tan duradera?

-Creo que es cuestión de ser de otra generación. Antes la gente era más fiel, no existían tantos divorcios como ahora. Ahora si no te gusta algo de la pareja, te separas y ya está, y me parece bien.

-¿Qué papel ha tenido el cariño y el amor en su vida?

-Fundamental. Sin cariño y sin amor no se vive una buena vida, eso lo tengo muy claro. Ahora el cariño y el amor me lo dan mis hijos.

-¿Cómo ha conseguido mantener una mente tan despierta?

-Siempre me han gustado mucho los números. Teníamos una sastrería y una carnicería, y yo llevaba las cuentas del negocio y también toda la economía doméstica. Me he pasado la vida administrando, controlando, mirando que todo cuadrara. Hasta hace poco seguía mirando las libretas y las operaciones del banco. Soy muy ahorradora, siempre lo he sido.

-También ha sido siempre de dormir bien…

-Sí, siempre. He dormido mucho y muy bien toda la vida. Nunca me ha costado: me acuesto y me duermo. Creo que eso también es una suerte, porque hay gente que lo pasa muy mal con el sueño.

-¿Se ha preocupado mucho por las cosas?

-No mucho, lo justo y necesario. Me preocupaba por mis hijos cuando viajaban o si les ocurría algo, eso es normal, pero en general no he sido de dar muchas vueltas a las cosas. Lo que tiene solución, se soluciona, y lo que no, no hay nada que hacer. Siempre he intentado vivir así.

-¿Qué borraría de su vida si pudiera?

-La hipocondría de mi marido, que siempre estaba enfermo, especialmente los últimos años. Fue una época muy difícil para mí, verle sufrir por cosas que los médicos le decían que no tenía. Eso me pesó mucho durante años.

-¿Le queda algún sueño por cumplir?

-No. Creo que ya he hecho lo que tenía que hacer. He tenido una vida larga, he criado a mis hijos, he visto crecer a mis nietos y bisnietos. ¿Qué más puedo pedir?

“Los años han ido pasando y ya está. Me gusta como he sido y como soy”

-Se la ve muy elegante, ¿Ha sido siempre una mujer de arreglarse? ¿Cómo ha llevado el envejecimiento físico?

-Sí, siempre me ha gustado ir arreglada, cuidarme, salir a la calle bien puesta. Y el envejecimiento lo he llevado muy bien, nunca he tenido ningún trauma por eso. Los años han ido pasando y ya está. Me gusta como he sido y como soy.

-¿Cómo ha sido su alimentación?

-Me gusta comer bien, si tengo que escoger prefiero el pescado a la carne. Pero he comido de todo y con moderación, sin dietas, sin manías.

-He caminado muchísimo durante toda mi vida. Desde Amara me iba andando por el Paseo de Francia, el Boulevard, la Concha… Caminaba mucho, unos siete kilómetros cada día y casi siempre sola. He sido muy independiente y he disfrutado de momentos en soledad. Me gustaba pasear a mi ritmo, sin prisa, disfrutando del camino.

-Después de 101 años, ¿cómo resumiría su vida en una sola frase?

-Que la vida se me ha pasado volando (ríe).

-¿Y qué consejo daría a quienes quieren vivir una vida larga y buena?

-Que vivan tranquilos, que coman bien y que no tengan vicios. Y todo con moderación. También, que intenten no preocuparse demasiado por lo que no se puede controlar y que disfruten de las cosas pequeñas, que al final son las que más importan.

Evelyn López. La Vanguardia

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior

Adbloquer detectado

Nuestro sitio se mantiene gracias a nuestros sponsors locales, por favor permite que se visualicen en el navegador ♥