Mária Telkes, la mente brillante que revolucionó el uso de la energía solar con fines domésticos

Mitos y verdades circulan sobre el uso del Sol en beneficio de la especie humana. En la actualidad, las energías renovables son una de las alternativas para combatir el cambio climático. Pero en la historia hasta se les quiso dar una función militar.
Una leyenda, allá por el año 214 a.C., relata que se utilizó esta energía para la guerra y habla, específicamente, de los espejos ustorios de Arquímedes.
Del prolífico inventor y astrónomo griego se cuenta que, en base a unos cuencos cóncavos, consiguió una poderosa concentración de la luz. ¿Para qué? Reflejarla en la flota romana que asediaba Siracusa, su ciudad natal, y así quemar los navíos.
Vale aclarar que este relato, por el que varios experimentaron para intentar demostrar su veracidad, no dejó de causar controversia entre los especialistas.
Por su parte, en la China de hace 3.000 años existieron los espejos ardientes Yangsui, que eran de bronce y también cóncavos. Estos tenían la capacidad de producir suficiente calor como para empezar un fuego, según detalla en su página web el museo londinense Science Museum.
Y más cerca en el tiempo, quien estaba convencida del provecho del sol para reemplazar a los combustibles fósiles, fue Mária Telkes. Una científica que nació el 12 de diciembre de 1900 en Budapest, la capital de Hungría, en un hogar con ascendencia judía.
Mária Telkes, la científica húngara que triunfó en Estados Unidos
Telkes perteneció a una familia de banqueros húngaros, según cuenta la emisora pública estadounidense PBS en uno de sus videos. Y sus padres Aladar y Mária Laban de Telkes, a pesar de su excelente posición económica, jamás imaginaron que la primogénita de sus ocho hijos sería considerada una reina de la ciencia. Más precisamente, la “Reina del Sol”.
Mária Telkes se fascinó por la química siendo una niña. Foto: Biblioteca del Congreso de EE.UU.“Tenía solo 11 años cuando un sencillo experimento escolar, la fusión del azufre, despertó en mí una intensa curiosidad por la química”, escribió la misma Telkes en 1964.
Desde entonces, no paró de leer libros de ciencia y hasta trasladó el laboratorio a la casa, con el beneplácito de sus padres. Lo aceptaron incluso después de “una explosión ruidosa pero inofensiva”, aclaró la biofísica según declaraciones recogidas por el Liszt Institute de Nueva York.
En la universidad de su ciudad natal obtuvo una licenciatura en fisicoquímica siendo aun muy joven, mientras que para 1924 ya había logrado un posgrado en la misma rama.
Con tales títulos encima y después de haber dado clases en la Universidad de Budapest, a los 24 años se mudó a Estados Unidos. Se fue para Cleveland, destino no elegido al azar. En el consulado húngaro de aquella ciudad de Ohio estaba trabajando su tío, Ernő Ludvig.
Mária tuvo un puesto como biofísica en la Fundación Clínica Cleveland. Allí desarrolló un dispositivo fotoeléctrico que registraba las ondas cerebrales, en colaboración con el renombrado cirujano George Washington Crile.
Aquella invención fue la primera de lo que sería una larga carrera, en la que poseyó más de 25 patentes. Asimismo, por ese invento apareció en primer plano, cuando en 1934 el New York Times la incluyó en la lista de las once mujeres más relevantes del país de América del Norte.
En 1937, año en que obtuvo la ciudadanía estadounidense, dejó la Fundación y empezó a trabajar para la empresa Westinghouse Electric. Tres años después empezó sus labores en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés).
Sumada a un grupo que intentó reunir a las mentes más brillantes en la materia, Telkes comenzó las tareas de conversión de energía solar.
De agua salada a dulce: el invento que salvó vidas durante la Segunda Guerra Mundial
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se involucró en la Oficina de Investigación Científica y Desarrollo. Desde esa agencia gubernamental, Mária llegó a una creación por la que más de un marino de la Armada de EE.UU. varado en el océano le habrá querido agradecer.
Es que concibió un destilador solar capaz de vaporizar agua de mar y recondensarla para convertirla en agua potable.
Militares estadounidenses muestran cómo usar el invento de Telkes para potabilizar el agua de mar. Foto: Cortesía de Maria Telkes Papers, Colecciones Especiales de Diseño y Artes, Biblioteca de la Universidad Estatal de ArizonaY sus usos exceden los asuntos bélicos. Tal dispositivo es capaz de abastecer de agua dulce a los miembros de una pequeña embarcación como a ciudades enteras, asegura el programa Lemelson-MIT en su artículo Telkes Solar Cooker.
Terminada la gran guerra, Telkes volvió al MIT como profesora asociada, con una dedicación que sostendría a lo largo de su vida.
En esa etapa tuvo lugar su segundo hito, algo que consiguió junto a la arquitecta Eleanor Raymond y el patrocinio de la filántropa y escultora Amelia Peabody.
Mujeres en obra: una casa calefaccionada con energía solar
La que le propuso el novedoso proyecto a la mecenas fue Raymond, quien ya le había construido a Peabody un estudio donde poder realizar su arte.
En 1948, el grupo de mujeres construyó la Casa solar Dover, una de las primeras de su tipo. El nombre con el que la bautizaron hacía honor a la ciudad de una zona rural de Massachusetts en la que estaba ubicada.
Telkes (izquierda) y Raymond en la Dover Sun House. Foto: Cortesía de la Biblioteca Frances Loeb. Escuela de Posgrado de Diseño de la Universidad de HarvardEsta vivienda experimental era capaz de captar y almacenar energía solar para distribuirla mediante ventiladores a los distintos ambientes. A través de enormes ventanales, se absorbía ese recurso renovable y luego se lo transformaba en calor.
¿Cómo? Con un procedimiento químico descripto como la cristalización de una solución de sulfato de sodio.
Dicho en otras palabras, después de recoger los rayos de sol, se derretía la sal de Glauber (un tipo de sulfato de sodio) que estaba colocada ventanas del lado de adentro. A medida que esta sal se enfriaba, volvía a solidificarse y así se liberaba el calor distribuido en la vivienda por conductos. Este procedimiento podía calentar el aire hogareño durante cerca de diez días de clima frío.
El proyecto motivó la presencia de la científica en programas de televisión y en la prensa escrita. Sin embargo, su éxito no duró demasiado. Por acumulación de sulfato de sodio, se originó una falla que causó pérdidas y la corrosión de los contenedores. Por lo que para 1954 se dio un adiós definitivo al innovador sistema.
Horno solar encargado a Mária Telkes. Foto: Cortesía de Maria Telkes Papers, Colecciones Especiales de Diseño y Artes, Biblioteca de la Universidad Estatal de ArizonaPero la creatividad no terminó ahí. Fue contratada por la Fundación Ford con el fin de desarrollar un horno solar, el cual podía alcanzar los 400ºC. “Hornea, asa, rostiza y tuesta. Todo menos silbar”, bromeó la propia Telkes sobre su creación de 1953. Mismo año en que fundó un laboratorio sobre la misma materia en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Nueva York.
La puesta del sol en la tierra donde comenzó todo
Por sus contribuciones al uso de esta energía, un año antes la “Reina del Sol” fue la primera persona en recibir el premio Society of Women Engineers. Esa misma organización la definió como una “biofísica por entrenamiento”.
A las claras, Telkes poseía una constancia en el hacer, que combinó con una tenacidad arrolladora, gustosa de hacer lo que a su alrededor decían que era imposible, según sus propios dichos.
Entre las compañías de la industria que la vieron pasar por sus pasillos estuvo la Curtiss-Wright –donde fue directora del laboratorio de energía solar- y luego Cryo-Therm.
Allí trabajó con materiales espaciales y marinos, para finalmente regresar a su temática favorita en Melpar Inc, una compañía que fue contratista del gobierno estadounidense durante la Guerra Fría.
En 1969 Telkes se reincorporó al mundo académico, sumando una nueva institución académica en su historial: la Universidad de Delaware.
Cerca de sus 77 años su carácter de pionera fue reconocido con el Premio Charles Greeley Abbot. Y tres años después ayudó al Departamento de Energía de su nación por adopción en el desarrollo de la Casa Carlisle, una segunda casa experimental con calefacción solar.
Hasta sus 94 se desempeñó como consultora para diversas empresas. A esa edad falleció durante su única visita de regreso a su tierra natal. El 2 de diciembre de 1995, a pocos días de cumplir años, su reinado se apagó en Budapest, donde todo había iniciado.
Fuente: www.clarin.com



