Margarita, portera desde hace 27 años: “Los problemas vienen más por departamentos turísticos o viviendas compartidas que por vecinos de toda la vida”

A primera vista, la portería parece un lugar de paso. Un espacio pequeño desde el que alguien abre la puerta, recoge paquetes o saluda a los vecinos. Pero basta con sentarse unos minutos a hablar con Margarita Blanch para entender que ahí, en ese punto aparentemente secundario del edificio, se concentra una parte esencial de la vida urbana. Porque lo que ocurre en un edificio (las rutinas, los cambios, los conflictos) pasa, de una forma u otra, por quien la observa cada día desde el mismo sitio.
Margarita, a sus 55 años, lleva 27 siendo portera en Barcelona, concretamente en el Eixample. Llegó a este trabajo casi por casualidad, siguiendo los pasos de sus padres, y acabó construyendo una vida entera en torno a ese trabajo. En ese tiempo ha visto cómo desaparecían los abuelos, cómo los despachos sustituían a las viviendas y cómo, poco a poco, el turismo y los nuevos modelos de alquiler transformaban la convivencia. También ha comprobado algo que defiende con claridad: cuando el portero desaparece, no solo se pierde un servicio, se pierde orden, seguridad y, en muchos casos, el equilibrio de toda la comunidad.
Una vocación que empezó por curiosidad
Lleva 27 años como portera. ¿Cómo empezó y qué le ha hecho quedarse tanto tiempo?
Empecé casi por curiosidad. Mis padres eran porteros en otro edificio y surgió la oportunidad cuando se jubiló la persona que estaba aquí. Hice una entrevista con los propietarios y, en aquel momento, mi marido y yo decidimos probar. Dejamos nuestro piso y nos vinimos a la portería, que además estaba en el centro de Barcelona. Pensábamos que sería algo temporal, pero poco a poco te engancha: el barrio, los vecinos, la vida que haces aquí. Luego tienes hijos, se escolarizan en la zona… y sin darte cuenta, ya es tu vida.
En todo este tiempo, ¿cómo ha cambiado la profesión?
Ha cambiado muchísimo. Cuando empecé, había mucha gente mayor y el trato era muy cercano: familiares que llamaban para ver si alguien estaba bien, subir a comprobar cosas… era muy personalizado. Luego llegaron los despachos, con más movimiento de gente. Y ahora el gran cambio son los apartamentos turísticos, los colivings y la paquetería. Antes repartíamos cartas a mano porque ni siquiera había buzones; hoy casi no hay cartas, pero puedes tener 15 o 20 paquetes en un solo día.
¿Qué tareas hace realmente un portero en el día a día?
Muchísimas más de las que la gente piensa. No es solo abrir la puerta. Es vigilar, mantener el orden, limpiar, controlar accesos, coordinar reparaciones, gestionar incidencias… Si se rompe algo de madrugada, tienes que darle solución. También estás pendiente de mudanzas, de que no se dañen las zonas comunes, de avisar al administrador si pasa algo. Y luego está la tranquilidad que das: si alguien tiene un piso vacío, sabe que hay una persona pendiente. Eso evita muchos problemas.
¿Le ha tocado vivir situaciones complicadas?
Sí, de todo. Desde atender emergencias médicas hasta entrar en viviendas con la policía cuando ha fallecido alguien. También hemos tenido algún intento de robo o situaciones puntuales, como un robo a una persona mayor en la portería. Pero no es algo constante, como a veces se cree. Son casos aislados, aunque cuando pasan te toca gestionarlos.
“Tenés vivienda, no pagas alquiler y tenés gastos cubiertos como agua o luz” (La Vanguardia). ¿Qué papel tiene el portero en los conflictos entre vecinos?
En nuestra finca no hay conflictos, pero en general el portero ayuda a evitar que escalen. Muchas veces basta con intervenir a tiempo o hacer un aviso. Hoy los problemas suelen venir más por apartamentos turísticos o viviendas compartidas que por vecinos de toda la vida. Antes los conflictos eran más por ruidos o convivencia, ahora son otro tipo de situaciones.
¿Cree que se está perdiendo la figura del portero?
Sí, y se nota mucho. Cuando no hay portero, la finca se deteriora: suciedad, desorden, falta de control. También se pierde seguridad. Cosas pequeñas, como mantener la entrada limpia o vigilar quién entra, marcan una gran diferencia. Y luego está la tranquilidad para vecinos mayores o familias con hijos. Todo eso desaparece.
¿Está bien valorado este trabajo?
Depende mucho de la finca. Hay sueldos bajos, que apenas superan el salario mínimo, y otros más altos si hay más servicios como jardín o piscina. Pero en general creemos que debería valorarse más, porque es un trabajo duro físicamente. Mucha gente piensa que no hacemos nada, pero es todo lo contrario: hay esfuerzo, desgaste y responsabilidad.
Un trabajo poco atractivo para los jóvenes
¿Por qué cree que los jóvenes no se sienten atraídos por este oficio?
Porque lo ven como algo poco atractivo, un trabajo encerrado, solitario… Es verdad que no es para todo el mundo, pero también tiene ventajas que no se valoran.
¿Qué ventajas destacaría para una persona joven?
La principal es la estabilidad. Es un trabajo para muchos años. Pero sobre todo, si te ofrecen vivienda, es una gran oportunidad. No pagas alquiler, tienes gastos cubiertos como agua o luz en muchos casos, y eso te permite ahorrar mucho. Hoy en día, con lo difícil que es acceder a una vivienda, eso es una ventaja enorme. Hay gente que ha estado unos años en una portería, ha ahorrado y luego ha podido comprarse su casa.
“Los problemas vienen más por departamentos turísticos o viviendas compartidas que por vecinos de toda la vida” (Instagram).Entonces, ¿lo recomendaría?
Sí, dependiendo del perfil. Si eres una persona tranquila, organizada y te gusta trabajar a tu ritmo, es un buen trabajo. Te lo gestionas tú, no tienes a nadie encima constantemente y puedes construir una vida estable. Por eso es un trabajo ideal para que los jóvenes puedan ahorrar porque, en muchos casos, no tienen que pagar alquiler.
Después de toda una vida en esto, ¿con qué se queda?
Con la satisfacción de que todo funcione bien, que la finca esté en orden y que los vecinos estén tranquilos. Al final es un servicio, pero cuando notas que confían en ti y que todo está en calma, eso también te compensa.
Fuente: www.clarin.com






