Luigi Ferini Strambi, neurólogo: “A medida que envejecemos tendemos a acostarnos y levantarnos más temprano, esto se debe a que el pico mínimo de temperatura corporal se produce más temprano y modifica los horarios de sueño y vigilia”

Cada vez hay más estudios científicos centrados en la alteración del sueño, como un fenómeno global que se presenta en todas las edades. Sin embargo, hay ciertas características asociadas a los adultos mayores. El neurólogo Luigi Ferini Strambi establece una clara diferenciación entre los signos naturales del envejecimiento y el deterioro cognitivo.

El doctor Ferini-Strambi es jefe del Centro de Medicina del Sueño de IRCCS Ospedale San Raffaele en Italia, desde 1998. Su trayectoria formativa comenzó con la licenciatura en medicina y cirugía en la Universidad de Milán, seguida de la especialización en Neurología en la misma universidad.

Es muy activo en el campo de la investigación, autor de 334 artículos científicos publicados en revistas nacionales e internacionales. Además adquirió formación adicional como investigador en Estados Unidos como becario postdoctoral en el “Sleep Disorders and Research Center del Baylor College of Medicine” en Houston, Texas.

Adultos mayores: sueño ligero y con más despertares

Entre los 50 y los 60 años los ciclos del sueño cambian, y algunos de esos cambios son fisiológicos y están dentro de los parámetros del avance de la edad.

“En primer lugar, el ritmo circadiano, el reloj biológico que regula nuestras funciones vitales, se modifica”, indica el prestigioso neurólogo en diálogo con el diario italiano Corriere della Sera.

A medida que envejecemos, tendemos a acostarnos y levantarnos más temprano. Esto se debe a que el pico mínimo de temperatura corporal se produce más temprano y modifica los horarios de sueño y vigilia”, agrega.

Con la edad, el reloj biológico adelanta sus fases, y ese descenso de la temperatura corporal central que menciona el especialista se conoce como “adelanto de fase” y se traduce en señales de somnolencia más temprano.

Se produce un aumento del sueño ligero, más sensible a los estímulos externos, y crece la frecuencia de los despertares. “El sueño fragmentado no es bueno para el cuerpo y afecta las fases del sueño”, explica.

Los trastornos del sueño afectan todas las edades, pero hay factores asociados a la edad. Foto Shutterstock.

“Un principio fundamental es evitar las siestas largas durante el día, que ‘descargan la necesidad de dormir; no deben durar más de 30-40 minutos”, dice Ferini Strambi.

La rutina previa al descanso también resulta fundamental. A muchos les resulta más fácil conciliar el sueño frente al televisor, pasando tiempo con el celular o parte de la noche en el sofá para luego irse a la cama.

“Eso es un error, porque una correcta higiene del sueño implica asociar el sueño únicamente con la cama“, asegura. Algunas personas escuchan el llamado “ruido blanco” o música ambiental con sonidos de la naturaleza, y cierta repetición puede favorecer la relajación, pero el experto no lo aconseja como hábito diario.

Conciliar el sueño frente al televisor no es recomendable, según los neurocientíficos. Foto ilustrativa Archivo Clarín

“Oír sonidos durante la noche provoca mayores fluctuaciones en los patrones de sueño. La oscuridad y el silencio son mejores, y hablando de luz matutina, es buena idea cubrirse los ojos con una máscara si entra mucha luz a la habitación”, sostiene.

Las tres fases del sueño NoREM

El descanso está marcado por ciclos alternos de sueño no REM y REM, aproximadamente cada 90-110 minutos. En un adulto sano joven el sueño NoREM ocupa aproximadamente el 75% del tiempo y el REM el 25% restante.

El sueño REM (siglas en inglés de Rapid Eye Movement), también conocido en español como sueño MOR (Movimiento Ocular Rápido), se caracteriza por una actividad cerebral intensa, similar a la que tenemos cuando estamos despiertos, caracterizada por movimientos oculares rápidos, y es en la que ocurren la mayoría de los sueños vívidos.

La profundidad del sueño y los despertares, factores clave. Foto Shutterstock.

El sueño NoREM, también conocido por la sigla “NREM”, se divide en tres etapas, desde el adormecimiento inicial hasta el sueño profundo restaurador, que resulta vital para reparar el cuerpo y fortalecer el sistema inmunológico.

El sueño NoREM se divide en tres etapas:

  • Etapa 1: conciliar el sueño, que dura unos minutos.
  • Etapa 2: en la que pasamos el 50% de la noche, el tiempo en que el cerebro trabaja y comienza a ordenar los recuerdos.
  • Etapa 3: sueño profundo, que sirve para reparar los tejidos, fortalecer el sistema inmunológico y consolidar la memoria.

A medida que envejecemos, tendemos a tener menos ciclos, REM y no REM, y más cortos. “Normalmente son cinco ciclos en adultos jóvenes y de mediana edad, pero cada vez pasamos más tiempo en la etapa 1 y la etapa 2 cambia”, explica el experto.

Si se observa el cerebro de una persona mientras duerme mediante un electroencefalograma (EEG) se puede apreciar que los primeros son picos cortos de actividad cerebral, ráfagas rápidas de ondas que aumentan y disminuyen; mientras que los segundos son ondas muy amplias de forma triangular.

“Ambos están relacionados con la capacidad cognitiva del paciente, que con la edad presenta una amplitud reducida y signos de contracción fisiológica del nivel cognitivo”, indica.

La importancia del sueño profundo

La etapa 3, del sueño profundo, es crucial por muchas razones. “Asegura el correcto funcionamiento del sistema glinfático, que limpia el cerebro de proteínas dañinas, incluido el beta-amiloide, cuya acumulación es evidente en los cerebros de las personas con Alzheimer“, detalla.

“Si el sueño profundo dura menos, el sistema de limpieza y la consolidación de la memoria funcionan peor”, enfatiza.

La disminución del sueño profundo afecta con mayor frecuencia a los hombres, mientras que las mujeres pasan un poco menos de tiempo en la fase REM, pero gracias al sueño profundo compensan mejor la disminución de las horas de sueño, que en la vejez rara vez alcanzan las 7 horas necesarias.

Todo lo mencionado hasta el momento se adentra en los límites normales del envejecimiento. El desafío de los neurocientíficos consiste en trazar una línea divisoria entre los cambios en el sueño que forman parte del proceso de envejecimiento saludable y aquellos que podrían constituir un síntoma temprano de problemas de salud o de procesos neurodegenerativos.

El cansancio debilitante, señal de un sueño no reparador

No es tan sencillo saber cuándo algo anda mal, ya que una persona puede empezar a dormir mal por infinidad de razones, tales como estrés, estilo de vida y diferentes patologías subyacentes.

La calidad del sueño afecta la salud a nivel integral. Foto Shutterstock.

“Existen algunos signos específicos, por ejemplo, los sujetos con deterioro cognitivo leve o demencia tienden a acostarse más tarde en lugar de más temprano, y cuando hay problemas para despertarse muy temprano, esto también podría ser un signo de un episodio depresivo incipiente”, revela Ferini Strambi.

Frente a la pregunta de cuándo conviene preocuparse y consultar a un médico, el neurólogo asegura que el síntoma más evidente es el cansancio diurno, señal de un sueño no reparador: “Me refiero a un cansancio debilitante que interfiera con las actividades cotidianas, eso es motivo de consulta”, indica.

Según su experiencia en los centros de medicina del sueño, de cada 100 pacientes que se presentan, aproximadamente la mitad de los casos requerirán pruebas más exhaustivas, incluida la polisomnografía, el estudio del sueño integral que registra diversas funciones corporales mientras el paciente duerme, para diagnosticar un trastorno del sueño.

Fuente: www.clarin.com

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