Louisa Nicola, neurocientífica: “El 95% de los casos de Alzheimer se podrían haber evitado: no es una enfermedad genética, sino del estilo de vida”


La neurocientífica Louisa Nicola volvió a meter al Alzheimer en el centro de una discusión que toca un miedo muy extendido: la posibilidad de que la pérdida de memoria no dependa solo de la edad ni de la genética.
Su planteo generó repercusión porque puso el foco en un punto cada vez más presente en la investigación: el peso que tienen los hábitos de todos los días sobre la salud cerebral.
La idea no gira únicamente alrededor de una frase fuerte. También abre una pregunta que hace tiempo empezó a ganar lugar en especialistas, médicos e investigadores: cuánto influyen el sueño, la actividad física, la alimentación, la presión arterial o la glucosa en el riesgo de desarrollar Alzheimer con el paso de los años.
Louisa Nicola resumió su postura de forma tajante al decir que el 95% de los casos de Alzheimer se podría haber evitado y que no se trata, en la mayoría de los casos, de una enfermedad puramente genética, sino ligada al estilo de vida.
La frase tuvo impacto porque toca una idea instalada desde hace años: que el Alzheimer depende sobre todo de la herencia familiar.
El gran reporte de la Comisión Lancet sobre demencia actualizado en 2024 sostuvo que alrededor del 45% de los casos de demencia podría prevenirse o demorarse si se actúa sobre 14 factores de riesgo modificables. No es lo mismo que 95%, pero sí muestra que el peso de la prevención es grande.
Entre esos factores aparecen la hipertensión, la pérdida auditiva, el tabaquismo, la obesidad, la depresión, la inactividad física, la diabetes, el aislamiento social, el colesterol LDL alto y los problemas de visión. No se trata de una sola causa, sino de una suma de condiciones que, con el tiempo, también afectan al cerebro.
Cuáles son los primeros síntomas del Alzheimer y cómo suele avanzar la enfermedad
El Alzheimer es la causa más frecuente de demencia. Suele empezar de manera gradual y, en sus primeras etapas, uno de los signos más repetidos es la pérdida de memoria que altera la vida diaria, sobre todo con información reciente.
También pueden aparecer problemas para encontrar palabras, repetir preguntas, perderse en lugares conocidos, tardar más de lo habitual en resolver tareas simples y tener dificultades para manejar cuentas o seguir una conversación. No son olvidos aislados: son cambios que empiezan a interferir en lo cotidiano.
A medida que la enfermedad avanza, el deterioro puede hacerse más visible. La persona puede empezar a tener problemas para reconocer fechas, ubicarse en el tiempo, organizar rutinas o tomar decisiones. En fases más avanzadas también puede haber cambios en el ánimo, en la conducta y en el nivel de autonomía.
Ese punto importa porque muchas veces se confunde envejecimiento con síntomas de alarma. La Alzheimer’s Association remarca que la memoria puede cambiar con la edad, pero que la pérdida de memoria que interrumpe la vida diaria no es una parte normal del envejecimiento.
Fuente: www.clarin.com



