Las hermanas Brontë: la familia marcada por la tragedia que dejó clásicos como Jane Eyre y Cumbres Borrascosas

Tres de las novelas más apasionantes de la literatura inglesa nacieron en una casita perdida y envueltas de tragedia. Cuando estas obras fueron publicadas, no fue bajo la firma de sus autoras, sino un seudónimo masculino.

Charlotte, Emily y Anne Brontë escribieron su obra inspirándose en sus propias historias: amores imposibles, soledad y secretos. Su vida está llena de pérdidas, aislamiento y un poco de escándalo.

Un personaje relevante fue su padre, Patrick Brontë. Nació en 1777 dentro de una familia humilde de Irlanda. Su inteligencia lo llevó a convertirse en sacerdote y consiguió un trabajo en Haworth, al norte de Inglaterra.

Ahí se casó con María Branwell, quien se dedicaba a su familia, su marido y seis hijos. Cuando las chicas Brontë eran pequeñas, María falleció en 1821. Al igual que dos hermanas del sexteto.

El padre, que se educó de manera autodidacta, siempre tuvo una prioridad: la instrucción de sus hijos, por eso, desde temprana edad les dio libros y motivó la lectura en el hogar.

Pese a la enorme cantidad de libros, la vivienda de la familia Brontë era austera y carecía de lujos. El hábito de la lectura y la escritura se les inculcó desde temprana. Esto permitió que cualquier sentimiento fuera plasmado en un papel, y eso se vería reflejado en los escritos posteriores.

Branwell Brontë era el hermano mayor y el único varón, también era al que más estimaban. Pero no cumplió con las expectativas…

El pueblo de Haworth era un pueblo aislado en Yorkshire Inglaterra. Tenía un clima complicado, en invierno se sentía más frío y solitario que el resto del año. Entonces, los hermanos que ya tenían una vida bastante antisocial y enfocada en la lectura, en esta época del año más.

A los nueve años, ya habían creado La ciudad de Cristal y Angria & Gondal. Estos eran cuentos redactados por ellos mismos, pero tenían su complejidad. Habían creado universos: personajes, tramas, conflictos y, hasta sistemas de gobierno.

Como mencionamos al principio, vivieron una vida llena de tragedia y su infancia no fue fácil. Su madre falleció cuando aún eran pequeños. A los pocos años, las hermanas mayores, María y Elizabeth, también fallecieron por tuberculosis.

Cuando esto ocurrió, Charlotte y Emily tenían aproximadamente diez años. Habían sido enviadas a un internado para señoritas llamado Cowan Bridge School. En ese lugar las hermanas vivían otro infierno: la comida era mala, las instalaciones eran precarias y la disciplina del lugar rozaba el abuso.

Ocurrió que también contrajeron esa enfermedad y tuvieron que volver antes de lo previsto a su hogar. Sin embargo, nada fue igual.

Volvieron siendo más solitarias. Sin dos de sus hermanas, su madre, ni amigos, solo les quedaba la lectura. También escribían, desinteresadamente, era un buen recurso para escapar de lo que las atormentaba.

Más tarde, Charlotte fue la primera en publicar uno de sus libros, que ya venía escribiendo desde los catorce años en secreto. Emily, por su parte, siempre fue muy reservada, y así mantenía sus escritos. Mientras Anne, también escribía pero era la menos apasionada de las tres.

Con el paso de los años, las hermanas crecían pero el panorama no cambiaba. La oferta laboral para las mujeres era limitada, más para las escritoras. Se creía que lo consideraban un hobby. Por eso se escondieron bajo seudónimos masculinos.

Charlotte se convirtió en Currer Bell, Emily en Ellis Bell y Anne en Acton Bell.

La idea funcionó y sus historias empezaron a llamar la atención. El público comenzaba a hablar de ellas y la intriga por conocer la mente detrás de esas historias crecía. Todo el mundo quería saber quiénes eran.

Las hermanas Brontë atravesaron una vida aislamiento y tragedia. Foto: IDV.

Los Brontë: las historias de cada pluma

Charlotte Brontë

Charlotte Brontë, la mayor de las tres, fue quien se atrevió a darse a conocer y logró que su voz fuera escuchada. Se volvió la cara visible del trío.

El mundo no esperaba mucho de una mujer escritora, ella luchó siempre contra eso. Intentó dar sus primeros pasos con la novela El profesor. Al principio, fue rechazada repetidamente por los editores, hoy en día es una obra valorada.

Más tarde, en 1847, llegó Jane Eyre. Esta novela fue revolucionaria. Es la historia de una mujer que se atreve a desafiar todo lo que la sociedad impone: el amor, la independencia y las expectativas sobre las mujeres de esa época.

Desde el primer momento fue un éxito, pero también causó controversia. Incomodaba que una mujer quisiera desafiar las normas sociales y machistas.

Además de las tragedias familiares, Charlotte tenía una herida amorosa: su relación con el profesor Constantin Héger. Lo conoció en Bruselas, se volvieron grandes amigos pero ella sentía algo más.

El profesor estaba casado. Su amor prohibido se convirtió en su obsesión. Ese amor y ese dolor se ven reflejados en las historias y personajes que Charlotte creó.

Tras ganar reconocimiento internacional con Jane Eyre, su fama se catapultó y se convirtió en la más conocida de las hermanas. Otras obras importantes fueron Villette y Shirley.

Lo que llamaba la atención de Charlotte eran las temáticas que abordaba. No solo hablaba de mujeres fuertes; también hablaba de desigualdad, del género y la lucha por la independencia.

Retrato de Charlotte Brontë, la mayor y más conocida de las hermanas. Foto: Wikipedia.

Emily Brontë

A Emily Brontë podemos considerarla la hermana más enigmática. Era una mujer solitaria, pasaba tanto tiempo encerrada en su casa de Haworth que ni los vecinos la veían.

En 1847 publicó Cumbres Borrascosas, bajo el seudónimo de Ellis Bell.

Las novelas victorianas acostumbraban a narrar el amor de modo tan dulce que era empalagoso. Cumbres Borrascosas, en cambio, era salvaje, destructivo y oscuro. Toda la crudeza e incomodidad de ese mundo reflejaban la oscuridad de la atmosfera de Yorkshire.

Emily no llegó a conocer el impacto de su obra. Nunca supo lo grande que es. Hoy pertenece a la literatura clásica.

Emily Brontë, la escritora de la adaptación cinematográfica del momento "Cumbres Borrascosas". Foto: BMN

Anne Brontë

Anne Brontë era la hermana más tranquila y reservada de las tres, eso hizo que sea la menos conocida. Sí quedó un poco opacada por sus hermanas, pero eso no fue un impedimento para publicar grandes obras.

Su primer trabajo fue Agnes Grey, publicado en 1847. Esta novela es un espejo de su propia vida. La protagonista es una joven institutriz que trabaja para familias ricas y tiene que lidiar con el maltrato y el abuso de poder.

Esto es lo que Anne conocía ya que ella trabajó como institutriz. Plasmó sus vivencias en esa sencilla novela y reflexiona sobre lo difícil que era encontrar un lugar en el mundo siendo mujer, cuando todo lo que rodea está diseñado para pasarles por arriba.

Su segunda novela, La inquilina de Wildfell Hall, fue publicada en 1848. Es una novela sobre el abuso en el matrimonio, el alcoholismo y sobre una mujer que, en lugar de someterse, decide tomar el control de su vida e irse.

Si pensamos en el contexto, fue muy valiente porque hablaba de lo que nadie se animaba. Un gran grupo de lectores la consideró inapropiada. Incluso llegaron a pensar que atentaba contra la institución del matrimonio.

La obra de Anne se destacó por animarse a hablar de tabúes, de manera clara y sin miedo.

Anne Brontë, la menor de las hermanas y la menos conocida. Foto:lagatanegradebigotesblancos.com

Branwell Brontë

Branwell Brontë fue el gran olvidado de esta familia de genios literarios. Era el único varón y desde pequeño parecía ser la promesa de la familia.

Sus relatos y poemas de niño demostraban que tenía gran talento. Además, al ser el único varón, su padre depositó toda su confianza en él. La razón de no ser exitoso como sus hermanas fue inconstancia.

Su declive llegó en 1843. Branwell trabajaba como tutor de los niños de un matrimonio adinerado, los Robinson. Ese era un buen empleo, pero se involucró sexo-afectivamente con la esposa de su empleador. Después de un gran escándalo, fue despedido.

A partir de ahí comenzó a tomar alcohol y su vida se convirtió en un ciclo de autodestrucción. Perdía trabajos y cada vez se sentía más avergonzado por ello. Eventualmente, volvió a vivir con sus hermanas, quienes estaban preocupadas por su situación. Sus adicciones le causaban ataques de ansiedad e ira.

El más olvidado de los hermanos, Branwell Bontë. Foto: Archivo

Una vida breve, una obra inmortal

Branwell murió el 24 de septiembre de 1848, a los 31 años. Se dice que fue por tuberculosis, aunque su adicción al alcohol y el opio no ayudaron. A finales del mismo año, Emily enfermó de tuberculosis. Se negó a recibir asistencia médica y a sus 30 años, el 19 de diciembre murió en su casa.

Anne también tenía tuberculosis. Empezó a decaer después de la muerte de Emily. Pidió que la llevaran a Scarborough, creyendo que el aire del mar podría hacerle bien. Murió en mayo de 1849.

Charlotte, la mayor, vivió más tiempo y le tocó despedir a todos sus hermanos. Los años siguientes se dedicó a cuidar de su padre y a publicar más obras. En algún momento pareció que llegaba algo de felicidad a su vida con su casamiento con Arthur Nicholls en 1854.

Charlotte quedó embarazada, a la par enfermó gravemente. Finalmente murió el 31 de marzo de 1855, sin haber dado a luz.

Después de la muerte de las hermanas, el mundo empezó a ver de otra manera su obra. No solo porque eran novelas revolucionarias, sino porque también cargaban con el peso de la breve vida de sus autoras.

Patrick Brontë, su padre, se encargó de difundir su legado para que no fuera olvidado. A lo largo de los años, incluso se las llegó a considerar mártires de la literatura. Sus vidas fueron cortas, pero su impacto será eterno.

Fuente: www.clarin.com

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