“Ladrillos de vida”, el hallazgo en el asteroide Bennu que cambia la narrativa de nuestros orígenes


Una nueva investigación arrojó resultados sorprendentes sobre las muestras del asteroide Bennu que llegaron a la Tierra en 2023. ¿Qué quiere decir que hayan descubierto que tiene “ladrillos de vida”?
El estudio, compartido por científicos de la Universidad de Penn State, en los Estados Unidos, en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, reveló que las muestras contienen aminoácidos o moléculas que forman proteínas esenciales para la vida.
Según la investigación, estas moléculas, también llamadas “ladrillos de vida”, podrían haberse originado en los albores del sistema solar primitivo. Apunta que algunos aminoácidos de Bennu pudieron formarse de una manera distinta a lo que se pensaba, bajo duras condiciones en un entorno radiactivo y gélido.
“Nuestros resultados cambian por completo la narrativa sobre cómo creíamos que se formaban los aminoácidos en los asteroides”, defiende Allison Baczynski, investigadora de geociencias en Penn State y coautora principal del estudio.
“Ahora parece que existen muchas condiciones en las que estos componentes básicos de la vida pueden formarse, no solo cuando hay agua líquida templada. Nuestro análisis ha demostrado que hay mucha más diversidad en las rutas y condiciones de formación”, subraya la científica.
Bennu lleva mucho tiempo intrigando a los investigadores por su órbita cercana a la Tierra y su composición rica en carbono. Los científicos postulaban que el asteroide contenía restos de agua y moléculas orgánicas y teorizaban que asteroides similares podrían haber traído estos materiales a una Tierra primigenia.
En 2020, la nave espacial OSIRIS-REx de la NASA recogió muestras de Bennu y en septiembre de 2023, mientras la nave sobrevolaba la Tierra, dejó caer una cápsula con las muestras que aterrizaron en el desierto de Utah, donde fueron recuperadas para su estudio.
En total, había unos 120 gramos de material, aproximadamente el peso de una pastilla de jabón y el doble de la cantidad requerida por la misión. Las valiosas muestras se repartieron y prestaron a investigadores de todo el mundo para su análisis, entre ellos, a los de Penn State.
Para analizar el preciado y escaso polvo espacial -no más que una cucharadita- el equipo usó instrumentos capaces de medir isótopos (ligeras variaciones en la masa de los átomos), en especial la glicina, el aminoácido más simple (una pequeña molécula de dos carbonos que sirve como uno de los pilares básicos de la vida).
Los aminoácidos se encadenan para formar proteínas, que realizan casi todas las funciones biológicas, pero la glicina puede formarse bajo una amplia gama de condiciones químicas y suele considerarse un indicador clave de la química prebiótica temprana.
Que esté presente en asteroides o cometas indica que algunos de los ingredientes fundamentales de la vida pudieron formarse en el espacio y ser transportados a la Tierra primitiva.
Los nuevos resultados sugieren que la glicina de Bennu podría no haberse formado en agua tibia, sino en hielo congelado expuesto a la radiación en los confines exteriores del sistema solar primitivo.
Durante décadas, los científicos han examinado meteoritos ricos en carbono, como el famoso meteorito Murchison que cayó en Australia en 1969.
“Lo que es una verdadera sorpresa es que los aminoácidos en Bennu muestran un patrón isotópico muy diferente al de Murchison, lo que sugiere que estos cuerpos probablemente se originaron en regiones del Sistema Solar químicamente distintas”, apunta la coautora principal, Ophélie McIntosh.
De cara al futuro, los resultados plantean nuevos misterios como que los aminoácidos se presentan en dos formas de imagen especular (como la mano izquierda y la derecha). El equipo seguirá trabajando para desentrañar el origen de Bennu y sobre los inicios de nuestro sistema solar.
Fuente: www.clarin.com



