La violencia es un muy buen negocio


“Me aseguro de no hacer lo mismo que condeno”.
Henry David Thoreau (1817-1862)
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Soy sobreviviente de los años 70, cuando luchábamos contra el neoliberalismo, que hoy gobierna en casi todo el mundo. Para lograrlo, en Argentina fueron desaparecidas 30.400 personas en nombre de intangibles como la patria, la familia, la iglesia, la bandera, las tradiciones, el libre mercado. Otrxs fuimos obligadxs al exilio. Dejamos de ser personas y nos convirtieron en cosas.
En aquellos años, los militares que se sentían superiores, pudieron hacer lo que hicieron, porque hubo una sociedad que no lo quiso ver.
Como hoy hay una sociedad que se niega a ver el holocausto animal y participa con su indiferencia en la reproducción de esta violencia contra los demás animales.
Los genocidios son un muy buen negocio. Podemos ver lo que ocurre en Gaza. Pero también debiéramos analizar la mentira de la proteína animal, o la mentira del calcio y la leche. En estas últimas participan activamente la ganadería, la farmacéutica y el crimen organizado.
Desde los 6 años estudio música. En la Universidad, en Córdoba viví la efervescencia de la lucha obrero-estudiantil y en 1978 comenzó mi lucha por los derechos humanos.
Cuando estuve en la Mega Causa de La Perla en 2016, donde se juzgó a los asesinos de miles de desaparecidos, –entre ellxs mi hermana–, miré detenidamente a los militares que habían causado tanto dolor. Eran unos sujetos insignificantes, unos viejos de mierda.
Pensé en las miradas de los animales en todos los mataderos del mundo, pidiendo misericordia a los matarifes. Y ahí mi lucha se amplió a los demás animales.
Me demoré, pero me di cuenta. Para mí, no hay nada más urgente que acabar con la explotación animal. Ni nada más revolucionario que dejar de considerarte superior.
Cualquier lucha o manifestación que no incluya a los demás animales es una tapadera para continuar con su explotación y seguramente es una lucha pagada por el lobby ganadero, como los youtubers o chefs que promueven el consumo de los cuerpos de los demás animales, como el Súper Bowl, o al tenista Carlos Alcaraz.
En el Súper Bowl 2026, donde el cantante portorriqueño Bad Bunny dijo que “The only think more powerful than hate is love” (“Lo único más poderoso que el odio es el amor”), se mataron 750 millones de pollos para comer sus alitas con salsa picante, mientras ven el partido de Football (4). El cantante es también restaurantero de “cuerpos”. ¿De qué odio y de qué amor habla?
La explotación animal que es el más grande negocio de la derecha en todo el mundo, es promovida por la izquierda, lxs ecologistas, lxs sicarios del arte, los sistemas de salud, la iglesia, las madres sensibles, el humanismo, las feministas que aún no se han enterado que el patriarcado- capitalista-hétero-blanco-humanocentrista-católico-capacitista se dedica a asesinar 4.500 individuos de otras especies por segundo, sin contar los peces.
Entonces, a lo largo de estos años, he tratado de dejar constancia en las canciones sobre lo que me toca vivir. ¿Qué cambió en mí en estos 50 años? Que me atreví a reconocer mi responsabilidad en la violencia rampante. El veganismo es una acción real por los demás animales, por el planeta, por todos y por mí. Es armonizar lo que pienso, quiero, digo, con lo que hago.
Lo que ocurre en Argentina y en el mundo entero, no es un fenómeno meteorológico inevitable. No luchamos contra una erupción volcánica, un tsunami o un terremoto. Luchamos contra una patota de ladrones que están robando todo y matando a todxs.
Todxs los animales humanos y no humanos, merecemos vivir libres y felices. Pero si quieres dejar de fomentar los negocios de la derecha, –que son los que imponen gobiernos–, hay algo que puedes hacer: dejar de promover sus negocios criminales, dejar de comer, usar y explotar a los demás animales. Y entonces, ese puñado de asesinos, comienza a desmoronarse.
*Compositora, pianista, cantante, activista, antiespecista.
Fuente: www.perfil.com



