La única isla del mundo a la que nadie pudo entrar: dónde queda y por qué está prohibido ir


En medio del océano Índico existe un territorio que permanece completamente aislado del mundo exterior. Se trata de Sentinel del Norte, una pequeña isla selvática perteneciente al archipiélago de Andamán y Nicobar, administrado por India.

Allí vive uno de los pueblos más aislados del planeta: los sentineleses, una comunidad indígena que rechaza salvajemente cualquier intento de contacto con personas externas.

La isla está rodeada por arrecifes de coral y densas playas boscosas. Desde hace décadas, todo acercamiento está prohibido por ley: nadie puede desembarcar, fotografiar ni filmar a sus habitantes. La razón principal es proteger la vida y la autonomía de este pueblo, que ha elegido permanecer aislado.

Los sentineleses son considerados el grupo indígena más aislado del mundo. No se conoce su idioma, ni su nombre para sí mismos. La estimacion de habitantes oscila entre 50 y 200 personas. Viven de la caza, la pesca costera y la recolección, y se organizan en pequeñas comunidades nómadas dentro de la selva.

Cada intento de aproximación a la isla fue respondido con señales claras de rechazo: arcos, flechas y lanzas dirigidas a embarcaciones o helicópteros. Incluso tras el tsunami de 2004, cuando autoridades indias sobrevolaron la isla para verificar su estado, los isleños reaccionaron disparando flechas al aire.

El principal riesgo no es solo la hostilidad defensiva, sino el impacto sanitario. Al haber vivido aislados durante decenas de miles de años, los sentineleses no tienen inmunidad frente a enfermedades comunes como la gripe o el sarampión. Un simple resfrío podría resultar letal y provocar un colapso demográfico.

La historia regional refuerza ese temor: pueblos indígenas vecinos fueron diezmados tras el contacto forzado durante la colonización británica, principalmente por enfermedades y violencia. Para evitar repetir ese patrón, el Estado indio estableció en 1956 una zona de exclusión marítima alrededor de la isla, vigilada por guardacostas.

El caso de John Allen Chau puso en evidencia los riesgos de intentar contactar a los sentineleses. El estadounidense de 27 años ingresó de forma ilegal a la isla Sentinel del Norte en 2018 y fue atacado con flechas poco después de desembarcar. En ese entonces, la muerte del joven expuso los riesgos extremos de violar el aislamiento de la tribu, tanto por la violencia defensiva como por la posibilidad de introducir enfermedades letales.

Aunque a menudo se los describe como “primitivos”, los sentineleses han demostrado capacidad de adaptación: utilizan metales recuperados de naufragios para fabricar puntas de flecha y herramientas. Desde la distancia, observadores coinciden en que la comunidad parece saludable y estable.

Organizaciones defensoras de derechos indígenas, como Survival International, impulsan campañas globales para que se respete el deseo de los sentineleses de permanecer sin contacto. Su postura es clara: la mejor protección es no intervenir. Gracias a esa presión internacional, India sostiene hoy una política oficial de “no contacto”.

Fuente: www.clarin.com

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