La tecnología detrás de la captura de Nicolás Maduro: 150 aeronaves y una operación guiada por los datos

La denominada “Operación Resolución Absoluta”, que terminó con la captura de Nicolás Maduro, volvió a poner en evidencia la arquitectura tecnológica de Estados Unidos en el plano aéreo con modernos aviones, helicópteros y drones que pueden transformarse en sistemas inteligentes interconectados, capaces de recolectar, procesar y compartir información en tiempo real.

Lejos del modelo clásico de ataque frontal, la misión se apoyó en un principio central de la guerra moderna: la observación, el análisis y la comprensión. Para lograrlo, la Armada estadounidense desplegó un conjunto diverso de aeronaves, cada una con un rol tecnológico específico dentro del sistema.

Cazas de combate: sensores, sigilo y fusión de datos

F-22A Raptor. EFEF-22A Raptor. EFE

Los F-22A Raptor y F-35 Lightning II (en sus variantes A y C) representaron el núcleo tecnológico del dominio aéreo. Ambos cazas de quinta generación están diseñados alrededor de la fusión de sensores: radares AESA, sistemas infrarrojos, detección pasiva y enlaces de datos se integran en una única interfaz que ofrece al piloto una imagen completa del entorno.

El F-22 se destaca por su capacidad de superioridad aérea y su bajo nivel de detección, mientras que el F-35 actúa como un verdadero centro de inteligencia volante, capaz de recopilar información y distribuirla a otras plataformas en tiempo real. En conjunto, funcionan más como procesadores de datos en vuelo que como aviones tradicionales.

F/A-18E/F Super Hornet. (AFP)F/A-18E/F Super Hornet. (AFP)

A ellos se sumaron los F/A-18E/F Super Hornet, aeronaves de cuarta generación avanzada que aportan versatilidad, capacidad de ataque y compatibilidad plena con sistemas modernos. Su fortaleza radica en la interoperabilidad, permitiendo ejecutar misiones a partir de información generada por plataformas más furtivas.

El rol clave del EA-18G Growler

EA-18G Growler AP. EA-18G Growler AP.

Uno de los pilares tecnológicos de la operación fue la guerra electrónica, a cargo del EA-18G Growler, una variante especializada del Super Hornet. Este avión no ataca objetivos físicos: ataca sistemas. Su misión es detectar, interferir y neutralizar radares enemigos, comunicaciones y defensas aéreas.

Equipado con pods de interferencia avanzada y sensores de alta sensibilidad en sus alas, el Growler permite “apagar” o confundir el sistema nervioso del adversario. En operaciones como esta, su rol es decisivo para abrir corredores seguros y garantizar que otras aeronaves puedan operar sin ser detectadas o atacadas.

E-2D Hawkeye, el cerebro del espacio aéreo

E-2D Hawkeye. (AFP)E-2D Hawkeye. (AFP)

El E-2D Hawkeye cumple una función menos visible, pero fundamental: ver todo antes que nadie. Esta aeronave de alerta temprana y control aerotransportado está equipada con un radar de última generación capaz de rastrear cientos de objetivos simultáneamente, tanto en el aire como en superficie.

Desde su posición, el Hawkeye actúa como un centro de comando aéreo, coordinando movimientos, asignando prioridades y manteniendo la coherencia del sistema. En una operación con decenas de aeronaves y drones, su capacidad de gestión del tráfico y de detección temprana es indispensable.

B-1B Lancer: bombas con alcance y potencia controlada

B-1B Lancer (REUTERS)B-1B Lancer (REUTERS)

La aeronave que aportó capacidad de ataque de largo alcance y alta carga útil. Aunque se trata de un bombardero estratégico, su evolución tecnológica le permite ejecutar misiones con armamento guiado de precisión, minimizando daños colaterales.

El rol del B-1B Lancer dentro del sistema no es solo ofensivo, sino también disuasivo: la presencia de un bombardero de este tipo amplía el margen de acción del resto de la fuerza y refuerza la presión sobre las defensas enemigas.

Helicópteros: inserción, apoyo y extracción

AH-64E Apache. (EFE)AH-64E Apache. (EFE)

Para la fase terrestre, el protagonismo recayó en helicópteros altamente especializados. Los MH-47 Chinook y UH-60M Black Hawk fueron utilizados para transporte e inserción de fuerzas de operaciones especiales. Ambos cuentan con sistemas de navegación nocturna, vuelo a baja altura y contramedidas electrónicas.

El AH-64E Apache, por su parte, brindó apoyo armado cercano. Equipado con sensores electroópticos, radares de control de tiro y armamento guiado, el Apache funciona como una plataforma de ataque de precisión, capaz de operar en entornos hostiles con alto grado de autonomía.

Drones: RQ-170 Sentinel, el ojo invisible

RQ-170 Sentinel.RQ-170 Sentinel.

Entre las plataformas más sensibles se encuentra el RQ-170 Sentinel, un dron furtivo diseñado para misiones de reconocimiento de alto riesgo. Su bajo perfil radar y sus sensores avanzados le permiten recolectar información crítica sin ser detectado.

En operaciones de este tipo, los drones no solo observan: alimentan el sistema de decisión. Los datos que generan se integran con los de satélites y aeronaves tripuladas, completando el panorama operativo en tiempo real.

Reabastecimiento en vuelo: KC-135, el eslabón invisible

Un KC-135.Un KC-135.

Nada de este despliegue sería posible sin los KC-135, aviones cisterna encargados del reabastecimiento en vuelo. Su función es silenciosa pero esencial: extender la autonomía de cazas, bombarderos y drones, permitiendo que la operación se sostenga durante horas sin necesidad de aterrizar.

El reabastecimiento aéreo es uno de los factores que convierten una misión puntual en una operación sostenida, y requiere una coordinación precisa basada en datos y planificación algorítmica.

Más allá del contexto político de la operación, Estados Unidos dejó en claro que su maquinaria aérea moderna puede ejecutarse como un sistema digital complejo, donde cada aeronave cumple una función específica dentro de una arquitectura mayor. En ese modelo, la supremacía la define la capacidad de integrar información, automatizar decisiones y coordinar acciones en tiempo real.

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior