La sombra acecha y Milei promete ser “implacable” contra la corrupción


Hace 10 días, Clarín conversaba en Casa Rosada con un importante funcionario del Gobierno nacional sobre las sospechas de corrupción que acompañaban la salida de algunos funcionarios.

¿Preocupa el tema?, consultó este diario.

Lo que te puedo decir es que Javier es implacable con el tema de la corrupción. Algunos deberían cuidarse, respondió la fuente y luego no quiso profundizar.

El que no se cuidó, aparentemente, fue Demian Reidel, un científico influyente en Wall Street y Silicon Valley, que ganó la confianza de Milei por levantar el cepo y debió dejar su cargo como director de Nucleoeléctrica en medio de denuncias de sobreprecios.

Antes se había ido el secretario de Transporte, Luis Pierrini, y enseguida el Gobierno mandó a auditar a empresas de colectivos por presuntas irregularidades con subsidios millonarios.

A esto se sumó, ya en instancia judicial, el procesamiento de Diego Spagnuolo, extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) por “fraude al Estado y coimas”.

Este caso dejó una marca con la que el Gobierno deberá convivir probablemente de por vida: el presunto pedido de sobornos para la cúpula del poder, sintetizado en el “3% para Karina”.

El clímax de aquella crisis, previo a la elección local bonaerense, casi se lleva puesto a Eduardo “Lule” Menem, uno de los dos alfiles de la secretaria presidencial. Su salida se analizó como un escape para descomprimir el escándalo. Para Santiago Caputo, enemigo interno del karinismo, era una señal que debió haberse dado enseguida. No pasó.

Ahora, con la lógica de esta pelea, son los karinistas los que remarcan que las sospechas de corrupción aparecen en áreas o funcionarios más cercanos al poderoso asesor.

A las legislativas nacionales de octubre, La Libertad Avanza llegó golpeada por el caso Espert, su principal candidato, quien no pudo / no supo / tardó demasiado en explicar viejos y millonarios aportes de campaña de un empresario vinculado al mundo narco.

Pero el triunfo contundente en los comicios, con victoria incluida en la provincia de Buenos Aires, trastocó los análisis y las hipótesis previas. Santiago Caputo debió cajonear su plan para avanzar dentro del Gobierno y el oficialismo, en general, sintió un respaldo total a la gestión.

¿La gente no castigó en las urnas los casos de corrupción vinculados al Gobierno porque los creyó falsos? ¿O, como en elecciones anteriores, priorizó otras cosas, como la estabilidad económica y aventar el fantasma de la vuelta K?

Las encuestas apoyan un poco más esta última teoría. Días atrás, por caso, Clarín publicó un sondeo a nivel país en el que más del 60% de los entrevistados consideraba que “la mayoría de los funcionarios del Gobierno son corruptos”. Fuerte.

Otros estudios también muestran una suba de la preocupación por la supuesta falta de transparencia. Pero esos mismos trabajos, en sus capítulos electorales, lo tienen a Milei encaminado para ser reelecto si el escenario de 2027 se asemeja al actual.

El Presidente sigue siendo uno de los pocos dirigentes -sino el único- capaz de generar expectativas en los votantes. La estabilidad económica, aun con la inflación en alza desde hace 8 meses y con salarios perdiendo poder adquisitivo, hace que mucha gente siga esperanzada en que la situación va a mejorar en el corto y/o mediano plazo.

Un revival de aquel “estamos mal, pero vamos bien”, del Menem original, que sugiere siempre estar atentos al impacto de los casos de corrupción.

Fuente: www.clarin.com

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