La odisea de David Sylvester: 40.000 kilómetros y un millón de abrazos tras la muerte de su hermano en las Torres Gemelas

—¿Hasta dónde puede llevarte un abrazo? A mí me llevó muy lejos.
Con esa frase David Sylvester, a quienes conocen como “el hombre que abrazó al mundo”, suele resumir su historia. En los últimos 25 años recorrió los 50 estados de Estados Unidos, viajó a 42 países y dio un millón de abrazos. Y cuando dice “un millón” no es una expresión, sino una cifra literal.
Todo empezó aquella estremecedora mañana del 11 de septiembre de 2001, cuando a las 08:46 un avión se estrelló en la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York, y causó daños severos desde el piso 93 al 98. A las 9:03 un segundo avión chocó contra la Torre Sur.
David vio esa terrible secuencia por televisión desde su casa en Filadelfia. Las Torres Gemelas sumidas en llamas, la humareda negra, la nube de polvo cuando comenzaron a derrumbarse, y la sensación de peligro inminente con cada información que los noticieros del mundo compartían sobre los atentados que pasarían a la historia bajo la sigla 11-S.
ImpactoEl momento en que el vuelo 175 de United Airlines se estrella contra la Torre Sur del World Trade Center. / Spencer Platt / AFP
“Mi hermano Kevin trabajaba en el piso 99 y murió ese día en su escritorio, a los 36 años, junto a las otras 2976 personas de 90 países que fueron asesinadas el 11 de septiembre”, reveló Sylvester en la charla TED que brindó en septiembre de 2024.
En medio del duelo nacional fue testigo de la importancia de la conexión y la empatía humana. “Ese día fue catastrófico y caótico, se cerraron muchas rutas, no había transporte, y para muchos de mis amigos era imposible volver a sus hogares, así que les dije que vinieran a mi casa a varios de ellos”, rememoró.
Más que nunca, la vulnerabilidad estaba a flor de piel. Su departamento se convirtió en la sede de una larga vigilia. Ese grupo de personas que no se conocían entre sí y solo tenían en común la amistad con Dave, de repente se abrazaron unas a otras.
Kevin tenía 36 años y fue una de las 2977 personas que murió el 11 de septiembre de 2001. (Foto: Facebook)Cuando todavía no sabían que Kevin era una de las víctimas fatales, oían las noticias con el último atisbo de esperanza de verlo corriendo entre la gente, imaginaban que había logrado escapar o que estaba herido, pero con vida.
“Fue la primera vez que entendí la importancia real de un abrazo. Ese instante donde sos visto, consolado, te sentís protegido, reconfortado, querido, y estás conectado con el presente, pero no solo con ese momento, sino que estás creando un momento en sí mismo“, expresó.
Después de la caída de las torres Dave sintió que dejó de ser él mismo. Mide 1.90 y pesa 120 kilos, es preparador físico de equipos deportivos y estrellas en ascenso desde su juventud, pero por primera vez en su vida había dejado de entrenar.
“Quedé a la deriva. Recién nueve meses después me subí a una bicicleta. Decidí dejar de preguntarme por qué, de sumirme en la injusticia y busqué una forma de honrar la vida de mi hermano”, indicó.
David Hale Sylvester se refugió en el ciclismo y viajó por todo el mundo.(Foto: Facebook)Se propuso pedalear 6.700 kilómetros desde Oregón, hasta la casa de la infancia de Kevin en Filadelfia. Llevaba puesta una remera que decía “#HugsMatter” (#LosAbrazosImportan) y ese se convirtió en su lema.
Empezó en Dubois, Wyoming, un pueblo de 900 habitantes. “Cualquier extraño iba a llamar la atención ahí, y más alguien que llega con su bicicleta con banderas de todo el mundo”, explicó.
Cada punto en rojo es un lugar donde David Sylvester dio un abrazo. (Foto: Facebook)Una mujer se acercó y le me preguntó qué lo motivaba a semejante odisea. “Le conté de Kevin, le mostré las fotos de mi infancia con él, y me dijo que habíamos sido muy afortunados de tenernos el uno al otro”, manifestó.
“Me había contado que ella estaba desempleada, y quiso darme el único dinero que tenía para mi viaje. Le dije que no, que de ninguna manera iba a aceptar eso. Me preguntó: ‘¿Al menos puedo darte un abrazo?‘”, recordó.
Le dijo que sí, y la mujer le dijo al oído: “Esto es para Kevin”. “No importó que yo estuviese a miles de kilómetros de las torres, fue increíble, extraordinario y sanador”.
Kevin Bowser y Dave Sylvester: mejores amigos por 36 años
Dave tuvo una infancia marcada por los valores. Su madre, Theresa Sylvester, asistente administrativa y profesora de medio tiempo de un sindicato de trabajadores de la salud, y su padre, Samuel Sylvester, profesor de trabajo social en Pensilvania, le decían que la excelencia académica y el compromiso cívico eran vitales.
Tenían el ritual de que en cada cena, después de comer él y su hermana Tracy debían comentar al menos dos artículos centrales publicados en el diario. “La realidad es que por más que estudiaba, no fui un alumno destacado, pero amaba ir a la escuela porque hablaba con la gente todo el día”, confesó Sylvester en diálogo con la revista Philadelphia Magazine.
“La primera palabra que aprendí a escribir fue ‘potencial‘, y es la misma que mencionaban mis maestros en mis calificaciones, que tenía ‘potencial’ para mejorar mis notas”, dijo con humor.
David Sylvester viajó durante casi un cuarto de siglo. (Foto: Instagram @thehumanhigh5)En la casa de al lado vivía la familia Bowser: los gemelos Kevin y Kelvin con sus padres. “Ellos eran los chicos más geniales que había conocido; eran 10 años más grandes y yo los idolatraba”, comentó Dave.
“Su bondad y preocupación por mí fue lo que simplemente cerró la brecha de una década entre nosotros. Y durante 36 años aprendí todo de estos chicos, aprendí a conducir, me ayudaron a ser un mejor estudiante, un mejor hombre; eran mi brújula social y moral, y me hicieron ser alguien genial, igual que ellos, llenos de aventuras”, relató.
“Así fue como Kevin se convirtió en mi familia. Kevin Bowser no era un tipo que murió en las Torres Gemelas ni el hijo de un vecino. Kevin Bowser era mi hermano mayor, no de sangre, sino por elección. Y cuando perdés a un hermano así, o te cerrás y dejas que el mundo te endurezca, o te abrís“, reflexionó.
Cómo se financia un sueño: un abrazo a la vez
Cuando empezó a pedalear, al principio midió sus logros por la distancia, anotando cuántos miles de kilómetros hacía cada día. Pero luego sumó otra variable, el contador de abrazos.
“Los abrazos se convirtieron en la verdadera moneda de mi vida, en mi tesoro más valioso, porque charlaba con la gente y descubría seres humanos que necesitaban ayuda mutua”, explicó sobre sus comienzos.
Otro de los lemas de “Big Dave” es: “Que tu legado sea la felicidad”.(Foto: Facebook)Aquel primer viaje en 2002 se convirtió en un segundo en 2004, de El Cairo a Ciudad del Cabo, y un tercero en 2007, de Estambul a Pekín. Más adelante hizo más viajes por Australia, Europa e Israel.
Al principio de su odisea, su jefa en la red de gimnasios Weston Fitness, Aimee Glocke, le propuso que siguiera trabajando con un horario flexible y clases a distancia con sus alumnos.
Tener una fuente de ingresos era clave para poder seguir adelante con los recorridos por el mundo, y sus primeros viajes los costeó con sus propios ahorros, junto con los trabajos ocasionales y financiación colectiva a través de su sitio web.
Recién seis años después de pedalear de manera independiente consiguió patrocinadores. En 2017 toda su expedición fue auspiciada por la compañía de jabones y aseo personal Duke Cannon.
Dave trabajó durante 12 años en la Union League of Philadelphia, un club privado fundado en 1862 por los antiguos habitantes de Filadelfia como una sociedad patriótica para apoyar las políticas de Abraham Lincoln.
Fue en ese ámbito que conoció a un generoso benefactor, Leo Holt, presidente de Holt Logistics , la empresa que gestiona los puertos a ambos lados del río Delaware.
Holt también había perdido a alguien en las Torres Gemelas. Conocía a Michael Lynch, uno de los últimos bomberos vistos entrando al World Trade Center 2, quien murió de forma heroica en su incesante intento de salvar vidas.
El magnate había hecho donaciones a la fundación que se creó en su honor, Michael Lynch Memorial Foundation. Tras conocer su historia, se reunió con Sylvester, y decidió apoyarlo para que siga con sus giras de abrazos.
David Sylvester perdió a su hermano Kevin en las Torres Gemelas. (Foto: Facebook)“Como mínimo, Sylvester es la persona más sincera y honesta que he conocido en mucho tiempo”, declaró Holt a la misma revista local cuando le preguntaron por “Big Dave”, el apodo del entrenador que se propuso una travesía transcontinental.
Desde Tayikistán a Turquía, Malawi a México, Namibia a Irlanda del Norte, charló con personas de todo el mundo. Y luego las abrazó. Su récord fue de 1330 abrazos en un mismo día, el 31 de julio de 2017 en Las Vegas.
Recorrió los 50 estados de Estados Unidos: cada estrella es una locación de su gira de abrazos.Dejó su trabajo y durante cinco meses se dedicó a preparase físicamente para su próximo viaje. “Tuve que aprender a escribir discursos, a presentarme ante empresas, a conseguir financiamiento, cosas que jamás había hecho”, explicó.
Estaba decidido a seguir los pasos de Kristin Sullivan, una ciclista de Filadelfia que hizo un recorrido desde Fairbanks, Alaska, hasta Ushuaia, Argentina, en 355 días.
“Planeé hacer lo mismo desde Cali, Colombia, hasta Ushuaia, y justo cuando iba a comenzar me atropelló un conductor ebrio y salí expulsado de la camioneta en la que iba”, reveló Dave.
David Sylvester junto a una pila de sus libros, donde lo bautizaron como “El hombre que abrazó al mundo”.(Foto: Facebook)Sus lesiones y la recuperación le impidieron hacerlo en la fecha que tenía prevista. “Entré nuevamente en ese agujero de pensamientos negativos, el mismo en el que seguiría hasta hoy sino me hubiese impactado una ola gigantesca de amor por parte de esas mismas personas que abracé en mis viajes”, aseguró.
Hicieron cadenas de oraciones durante la internación, le enviaron por correo sus amuletos de la suerte, y le dejaron en claro que siempre hay una manera de atesorar una conexión humana.
Ya recuperado, en 2019 hizo una gira de abrazos por Europa e Israel durante dos semanas. Estuvo en Dublin, Londres, París, Roma, Tel Aviv, y Jerusalén.
“Una mujer en una mezquita me dijo que amaba mi viaje y mi propósito, pero que por su religión no podía abrazarme. Me preguntó si su sonrisa contaba como un abrazo, y en el instante en que le dije que sí, se le iluminó la cara”, narró.
“Volvió en 10 minutos con otras cinco mujeres musulmanas y me dijo: ‘¡Cuéntales tu historia!'”, reveló. Todas le sonrieron. Algo similar le pasó en Jordania, donde los mismos agentes de seguridad que lo revisaron en el aeropuerto con una expresión en el rostro de muy pocos amigos, luego de terminar su trabajo lo abrazaron.
David Sylvester, también conocido como “Big Dave”. (Foto: Facebook)Durante la pandemia de coronavirus limitó sus interacciones a “choques lo cinco”, que debía combinar con el uso continuo de alcohol. Pero cuando las fronteras volvieron a abrir, paulatinamente volvió a abrazar a miles de personas que se volvieron compañeras de ruta.
“Ahora tengo miles de estas historias en mi memoria, y no porque sea especial. Soy un tipo normal que descubrió que la única medida que cuenta y enriquece la calidad de nuestras vidas es la profundidad: la profundidad del compromiso, la conexión, el amor, la devoción y el respeto“, sentenció Dave en su charla motivacional.
Toda su odisea fue documentada el el libro que escribió y publicó en 2021: One Hug at a Time: 99 Stories From the Man Who Embraced the World (Un abrazo a la vez: 99 historias del hombre que abrazó al mundo).
“Comprendí que ser extraordinario es hacer un acto muy humano con compromiso”, dice David Sylvester.Los 7 principios de David Sylvester
“Aprendí que los abrazos no son actos unilaterales; son altamente comunitarios y comunicativos”, expresó. En su libro compartió los siete principios que lo sostuvieron tras la pérdida de Kevin, bajo la sigla EMBRACE, que significa “abrazar” en inglés. Y así los explica él mismo:
- E —Establecer vínculos con los demás con sinceridad; la autenticidad no es opcional porque el otro siente cuando está actuando.
- M —Mantener conexiones significativas. Hay una diferencia entre el contacto casual y la interacción con propósito.
- B —Basarse en las diferencias para valorar quiénes somos y demostrarlo con acciones. Yo elijo los abrazos, pero también pueden ser choques los cinco o un apretón de manos. El contacto físico trasciende el idioma, la cultura, la raza y la clase social.
- R —Respeto hacia todas las personas. Debes estar dispuesto a conocer a las personas y respetar sus límites. La conexión no se trata de lo que tú necesitas, sino de lo que ellas están preparadas para recibir.
- A —Aceptar sin juzgar. En situaciones de crisis, traumas, adicciones o sensación de fracaso, las personas necesitan comprensión y no evaluación. Tu rol no es quererlas ni corregirlas. Tu trabajo es verlas.
- C —Cultivar confianza en nuestro valor como seres humanos. Todos necesitan saber que importan, ser reconocidos, aunque sea por un momento.
- E —Estimular la esperanza a través del contacto humano. Un abrazo no es solo consuelo. Es una prueba de que que alguien se preocupa lo suficiente como para quedarse. La esperanza no es solo un sentimiento. Es una fuerza que nos mueve.
David Sylvester revalida la amabilidad como un valor fundamental.Convencido de que todas las personas tienen aquella palabra que se repetía en todos sus boletines cuando era estudiante, “potencial”, tampoco le escapa a los aspectos negativos de su travesía.
“No se puede escapar del dolor ni llenar los vacíos dolorosos de la vida con viajes. Por más que pedaleé 40.000 kilómetros a través de África, Asia, Australia y América del Norte, pasé más de tres años completos de mi vida en la carretera, abracé a un millón de personas, pero mi amigo aún no está y su pérdida todavía duele“, dijo con sinceridad.
David Sylvester tiene 58 años y recorrió 43 países en las últimas dos décadas.(Foto: FB @david.sylvester.357)“Lo único que cura es la profundidad: detenerse el tiempo suficiente para escuchar, y estar presente lo suficiente para ser escuchado y conectar”, aseguró.
“Cuando todo esto empezó yo era ‘Big Dave el entrenador’, un hombre que de pronto tenía un amigo muerto. Casi 25 años después soy un ciclista transcontinental, un escritor galardonado, un documentalista, un orador de TED, me convertí en mucho más de lo que más podría haber imaginado gracias a un simple abrazo. Y lo más importante, me convertí en un mejor hombre“, concluyó Sylvester.
Fuente: www.clarin.com



