La muerte de Dave Shaw, el buceador que se ahogó a 274 metros de profundidad durante una heroica misión en Sudáfrica

Las muerte de cinco buceadores italianos en cuevas de las Maldivas a mediados de mayo 2026 dejó una marca entre los peores accidentes en el país insular del océano Índico. También sacó a la superficie los fatales escenarios que pueden ocurrir bajo el agua.

Uno de esos casos fue el de Dave Shaw, un australiano que perdió la vida en el loable intento de recuperar un cuerpo humano. Y los detalles de lo que ocurrió en la cueva sudafricana son estremecedores: luego de que su linterna permaneciera sospechosamente fija, un miembro de su equipo de apoyo fue a ayudarlo, pero el ahogamiento ya se había producido.

En 2004, un año antes del letal accidente, Shaw fue glorificado en Sudáfrica: había alcanzado un récord mundial por la inmersión más profunda. Lo logró utilizando un rebreather, un aparato que reutiliza el aire exhalado. Pero la hazaña en la cueva submarina Bushman’s Hole fue eclipsada por otro impactante suceso.

Los huesos que cambiaron el curso de la aventura

En octubre de dicho año Shaw se encontró con uno de sus desafíos más trascendentales, y no fue precisamente el récord en su disicplina. El también piloto de avión, mientras se movía en la cueva de agua dulce más profunda del país africano, se topó con un cadáver.

Era el cuerpo de Deon Dreyer, un joven buceador que había desaparecido una década atrás. Luego de los primeros segundos de impacto, para el australiano resultó inaceptable la idea de abandonar la escena sin más.

El australiano consiguió un récord en su disciplina y a la vez descubrió un cuerpo. Foto: Captura

La particularidad de aquel inquietante escenario es que se encontraba a 274 metros de profundidad. Hasta entonces el agua había permanecido sin movimiento. Solamente lo acompañaban su linterna y la cuerda que arrastraba consigo.

Ese encuentro a semejante distancia en el ambiente acuático fue para el hombre de 50 años una experiencia distinta entre las más de 300 inmersiones que había realizado hasta el momento.

Encontró a Dreyer con la máscara de buceo puesta, lo que permitía ver su cara esquelética. Las manos de aquel joven también se habían convertido en puro hueso.

La planificación del heroico acto de Dave Shaw

Shaw intentó inútilmente liberar el cuerpo descompuesto de Dreyer del sedimento. Viendo su irreversible fracaso, abandonó la improvisada misión. Pero no se pudo sacar tal imagen de la cabeza.

En los meses siguientes se preparó para volver a rescatar al cadáver. El 8 de enero de 2005 descendió nuevamente al mencionado agujero, esta vez junto a un experimentado equipo de personas enfocado en dicho propósito.

Un mensaje para el equipo en la superficie indicó que Shaw no había sobrevivido a la misión. Foto: Captura

El plan contemplaba una “cadena” de buceadores -situados a profundidades progresivamente menores- en la que estos fueran pasando el cuerpo hacia arriba.

Sin embargo, Don Shirley, un miembro de apoyo, fue el primero que vio el colapso de la expedición matutina, en la que Shaw tardó nada mas que 11 minutos en alcanzar los 273 metros de profundidad.

La linterna que dio cuenta de que algo andaba mal

Eran cerca de las 7 de la mañana cuando Shirley comenzó su descenso hasta la marca de 220 metros. Allí tenía previsto encontrarse con Shaw y ayudar en la movilización del cuerpo de Deon Dreyer.

“Dave sentía una conexión muy especial con Deon”, dijo en su momento Shirley. “Lo había encontrado, así que para él era algo personal traerlo de vuelta”, especificó en cuanto a la determinante decisión del australiano.

Pero a los 150 metros, el colega de apoyo ya se había dado cuenta que algo andaba mal. La linterna de Shaw no se movía ni un poco. A continuación, escribió un doloroso mensaje en un sistema de escritura impermeable -que permite a los buzos comunicarse-, donde conmocionó al resto del equipo: “Dave no va a volver”.

Qué le pasó a Dave Shaw, el australiano que murió en una cueva de Sudáfrica

Lo que le ocurrió a Shaw aquel día se supo por la cámara corporal que llevaba puesta. En las estremecedoras imágenes se lo vio en un forcejeo con el cadáver, que se había hecho jabonoso.

Mientras intentaba colocar los restos humanos en una bolsa, estos se iban flotando. Fue entonces cuando entre los bruscos movimientos, Shaw dejó caer su linterna. Tal pérdida lo hizo quedar a oscuras, en una oscuridad que rodeó su ahogamiento.

Se enganchó con la línea guía principal que conducía a la superficie y entró en pánico. Su respiración se agitó cada vez más, hasta que consumió todo su suministro de aire.

Meses después de aquella fatídica última inmersión de Shaw -nacido el 20 de julio de 1954- el programa televisivo Australian Story realizó el episodio To Boldly Go.

Su título en inglés es parte de la frase que aparece en la icónica serie de televisión Star Trek –que trata sobre viajes al espacio exterior- y que invita a “ir audazmente... A donde ningún humano jamás a ido antes”.

Más recientemente se hizo el documental Dave Not Coming Back (2020).

Fuente: www.clarin.com

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