La idea de Kant que incomoda cuando pedimos “libertad”: “Ser libre también es ponerse límites”


Para Kant, la verdadera libertad no consiste en hacer lo que se quiere sin restricciones, sino en actuar de acuerdo con normas que uno mismo reconoce como legítimas.
Desde esta perspectiva planteada por el filósofo, ser libre incluye aceptar y autogobernarse por límites racionales.
Esto es porque, según su planteamiento, la libertad auténtica se expresa cuando la razón dirige nuestras acciones, no cuando nos dejamos llevar por impulsos o deseos momentáneos.
La filosofía moral de Kant gira en torno a la idea de que la libertad no es simplemente un permiso para elegir entre opciones, sino la capacidad de elegir de manera racional y autónoma.
Para él, solo si actuamos conforme a principios que podríamos querer para todos estamos siendo verdaderamente libres. En otras palabras, la libertad kantiana está intrínsecamente conectada con la razón y con la moralidad.
Según Kant, la libertad humana se expresa en el contexto de la ley moral. Pero no se refiere a leyes impuestas desde fuera —como mandatos arbitrarios de otra persona o de una autoridad— sino a leyes que emergen de nuestra propia razón.
Esta es la razón por la cual su idea puede incomodar: limita la concepción de libertad entendida como simple ausencia de restricciones y la reemplaza por una libertad responsable, fundada en la racionalidad práctica.
Este enfoque nos lleva a una conclusión que muchos encuentran contraintuitiva: si nuestra voluntad está guiada por la razón y no por impulsos, deseos o pasiones, entonces estamos más libres.
Por el contrario, ceder ante cualquier impulso sin reflexión nos aleja de la libertad, convirtiéndonos en esclavos de nuestros estímulos momentáneos.
Bajo esta óptica, el ejercicio de la libertad se basa en varios pilares que ayudan a comprender cómo y por qué los límites son parte de ser realmente libres:
La concepción de libertad que predominó en las últimas décadas -especialmente en contextos sociales y políticos- tiende a enfatizar la ausencia de límites como la expresión máxima de libertad.
“Ser libre es hacer lo que quiero, cuando quiero”, suele escucharse en la cultura popular. Sin embargo, para Kant, esta interpretación superficial ignora un aspecto crucial: si actuamos únicamente según nuestros caprichos, nuestra conducta no está guiada por principios racionales, y por tanto no se trata de verdadera libertad.
Kant redefine la libertad en términos de autodeterminación. Esto implica que poner límites a nuestras acciones -por ejemplo, respetar la ley, actuar de forma ética o pensar en las consecuencias de nuestros actos- no es una renuncia a la libertad, sino una expresión madura de ésta.
Bajo esta luz, una sociedad libre no es simplemente una sociedad sin restricciones, sino una en la cual sus individuos actúan guiados por normas racionales que podrían, idealmente, ser aceptadas por todos.
La libertad kantiana también desafía nociones relativistas que sostienen que cada individuo puede establecer sus propias reglas sin más justificación que el deseo personal. Para Kant, esa visión cae en una contradicción práctica: si cada uno actuara según normas incompatibles con las de otros, la convivencia sería imposible.
Fuente: www.clarin.com



