Isabel Fernández, dedicada al bienestar: las personas altamente inteligentes suelen tener seis determinadas actitudes cotidianas que reflejan una forma concreta de procesar la información y relacionarse con el entorno


La catalana Isabel Fernández Vargas, de 49 años, está formada en telecomunicaciones e ingeniería electrónica. Su principal preocupación es la manera en que las personas conviven con la tecnología. Por esta razón se convirtió en consultora en riesgos relacionados con la exposición a campos electromagnéticos.

Sus intereses se encuentran en la relación entre el entorno, el bienestar y la biología humana. “No creo que la solución sea rechazar la tecnología, creo que necesitamos aprender a convivir mejor con ella”, afirma desde su perfil de LinkedIn.

Recientemente sus palabras hicieron eco en varios portales de noticias por su aseveraciones sobre las personas “altamente inteligentes”. Aquello surgió de un hilo de X de marzo 2026, el cual tuvo 328.700 views (o vistas), indica la red social.

La mujer de España numeró los comportamientos que, según compartió sin destacar su fuente, aparecen con frecuencia en personas con una elevada capacidad intelectual. Los mismos van desde disfrutar de la soledad hasta reconocer el propio desconocimiento de las cosas.

1. Las personas inteligentes suelen tener menos amigos que la media. Cuanto más inteligente eres, más selectivo te vuelves con las personas con las que te relacionas.

2. Suelen hablar consigo mismos. Este hábito ayuda a mejorar la concentración, la claridad y la toma de decisiones.

3. Las personas desordenadas suelen ser muy creativas e inteligentes porque se centran más en las ideas que en la organización perfecta.

4. Suelen trasnochar, ya que su cerebro trabaja de forma más activa durante las horas de tranquilidad.

5. Las personas muy inteligentes no tienen miedo de admitir cuando no saben algo, en lugar de fingir que son inteligentes.

6. Las personas inteligentes valoran su tiempo a solas y rara vez se aburren, porque su mente las mantiene ocupadas.

Sin embargo, no todas sus afirmaciones son celebradas por sus seguidores. Recientemente publicó en la mencionada plataforma una aseveración sin sustento claro que lo avale. En ella decía que la clase social “se nota en los tatuajes que llevas”.

Fernández Vargas asoció leones rugiendo, relojes con números romanos, coronas y brújulas a la “clase baja” (sic), mientras que en la “clase alta” situó diseños minimalistas, piezas únicas “encargadas a un artista”, tatuajes discretos, o “simplemente ninguno”.

Esto último, dicho sea de paso, desconoce lo que ocurrió en la historia. A fines del siglo XIX y principios del XX los tatuajes eran parte de una moda entre los aristócratas de países como el Reino Unido, recuerda el sitio web de Royal Museums Greenwich.

Para mayor polémica, colocó medallas de primer, segundo y tercer puesto a los distintos tipos de segmentos sociales.

Un usuario comentó que no entendía el fundamento de tales asociaciones, a lo que la catalana respondió: “Yo tampoco, me lo explicó mi primo que vio no sé que estadística”.

Así y todo, en sintonía por su interés por la vida saludable, llegó a compartir mensajes de aliento sobre temáticas de las más diversas. Por ejemplo, qué le ocurre a una persona cuando vuelve de sus vacaciones.

Ante esos momentos, Fernández destacó la aparición de pensamientos negativos como “no estoy haciendo lo que me gusta” o “mi trabajo no me aporta nada”. “Quiero decirte con una sonrisa que hay salida”, escribió en su Instagram el 14 de octubre 2023.

Respecto a ese “cambio de vida”, la emprendedora aseguró que se puede “probar algo nuevo” sin necesariamente dejar el empleo actual. Posteriormente pasó a promover un producto cosmético del que forma parte como vendedora.

Fuente: www.clarin.com

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