Isabel Allende, Premio Planeta 2026 a los 84 años: “El valor de la felicidad es exagerado, basta con estar contentos”

A los 84 años, Isabel Allende continúa sumando reconocimientos a una trayectoria literaria excepcional. El pasado jueves 15 de octubre ganó el Premio Planeta 2026, uno de los galardones más importantes de las letras en español, que le otorgó un millón de euros además de la publicación de la obra.

La autora de La casa de los espíritus obtuvo el premio por La hora antes del alba, una novela inédita que retoma el universo de su obra más emblemática y recupera a Alba Trueba, uno de sus personajes, para explorar las consecuencias de la dictadura chilena.

Pero, más allá de sus novelas y sus premios, a lo largo de los años, la escritora también compartió múltiples reflexiones sobre la vida, el amor y el paso del tiempo.

Entre ellas, una de las más interesantes cuestiona una de las grandes aspiraciones de la sociedad contemporánea: la búsqueda permanente de la felicidad.

¿Por qué Isabel Allende cree que la felicidad está sobrevalorada?

Hace 11 años, el 4 de junio de 2015 precisamente, durante un encuentro digital con lectores organizado por el diario español El País, la escritora recibió una pregunta aparentemente sencilla: dónde radicaba, para ella, el secreto de ser feliz.

Y su respuesta sorprendió, ya que se apartó de las fórmulas habituales de optimismo y superación personal. “Creo que el valor de la felicidad es exagerado, basta con estar contentos”, dijo. Isabel Allende sostuvo, entonces, que no existe una receta universal para alcanzar la felicidad y cuestionó la importancia desmedida que suele concedérsele.

Isabel Allende, Premio Planeta 2026 a los 84 años: “El valor de la felicidad es exagerado, basta con estar contentos”

Su reflexión encierra una distinción fundamental: no es necesario experimentar una felicidad extraordinaria y permanente para considerar que la propia vida es buena.

En lugar de perseguir un estado ideal de plenitud, la escritora propone valorar una satisfacción más serena, cotidiana y realista. Estar contentos no significa desconocer los problemas, las pérdidas o las frustraciones, sino reconocer que es posible encontrar bienestar incluso en una existencia inevitablemente imperfecta.

Esta perspectiva contrasta con una cultura que suele presentar la felicidad como una obligación individual. Las redes sociales, los discursos motivacionales y ciertas tendencias de autoayuda alimentan la expectativa de sentirse bien constantemente, como si la tristeza o la incertidumbre fueran señales de fracaso.

La mirada de Allende invita a abandonar esa exigencia. La felicidad deja de ser una meta que debe conquistarse y se convierte en una experiencia menos espectacular, pero posiblemente más alcanzable: sentirse en paz con la vida que uno construye.

La coherencia personal y los afectos como claves para vivir mejor

En aquella conversación de 2015, Allende explicó que su satisfacción personal estaba relacionada, principalmente, con la coherencia entre sus ideales, sus decisiones, sus sentimientos y su escritura.

Para la novelista, vivir de acuerdo con las propias convicciones constituye una fuente de bienestar. Se trata de reducir la distancia entre lo que una persona piensa, lo que siente y la manera en que actúa.

Esta idea desplaza el centro de la felicidad desde los logros externos hacia la relación que cada individuo mantiene consigo mismo. El éxito, el reconocimiento o las posesiones materiales pueden proporcionar alegrías, pero no garantizan una existencia satisfactoria cuando las decisiones personales contradicen los valores más profundos.

Para Allende, el centro de la felicidad es la relación que tenemos con nosotros. Foto: isabelallende.com

Allende también destacó otro componente esencial: la generosidad y el cariño hacia los demás. Según explicó, procurar relacionarse afectuosamente con las personas, los animales y el mundo que la rodea contribuye a mejorar su propia experiencia de vida.

Su planteo sugiere que el bienestar no depende exclusivamente de la realización individual. Los vínculos, la empatía y la capacidad de ofrecer afecto también forman parte de una existencia significativa.

Hay algo especialmente revelador en estas palabras cuando se consideran las experiencias de la escritora, atravesadas por el exilio, las pérdidas familiares y las transformaciones personales.

Lejos de presentar una vida sin sufrimiento como condición para sentirse bien, su reflexión propone una aspiración más modesta y profunda: encontrar satisfacción en la coherencia, los vínculos y las pequeñas certezas cotidianas.

Quizás allí resida la vigencia de su pensamiento. En una época obsesionada con alcanzar la felicidad, Isabel Allende recuerda que estar contentos con la propia vida puede ser, en sí mismo, un logro extraordinario.

Quién es Isabel Allende

Isabel Allende nació el 2 de agosto de 1942 en Lima, Perú, en el seno de una familia chilena. Trabajó como periodista antes de dedicarse a la literatura. Tras el golpe militar de 1973 en Chile, se exilió en Venezuela, una experiencia que marcaría profundamente su vida y su obra.

En 1982 publicó La casa de los espíritus, su primera novela y uno de los grandes éxitos de la literatura latinoamericana contemporánea. Le siguieron títulos como De amor y de sombra, Eva Luna, Paula y Largo pétalo de mar. Sus libros han vendido alrededor de 70 millones de ejemplares y fueron traducidos a más de 40 idiomas.

Sus libros han vendido 70 millones de ejemplares y fueron traducidos a 40 idiomas. Foto: Archivo

Radicada desde hace décadas en Estados Unidos, ha recibido numerosos reconocimientos internacionales, entre ellos la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos, en 2014. En octubre de 2026, a los 84 años, sumó el Premio Planeta por La hora antes del alba, consolidando una trayectoria literaria que atraviesa generaciones.

Nota creada con asistencia IA y editada por periodistas de Clarín.

Fuente: www.clarin.com

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