Hoy en Netflix, el épico cierre de una saga con la mejor secuencia de acción en años


Misión: Imposible: La sentencia final (Mission: Impossible – The Final Reckoning) es la superproducción con mayor despliegue de las nueve películas que conforman su saga. Es del año pasado, pero ya está para ver hoy en Netflix (y bien arriba entre las tendencias).
Son ciento sesenta y nueve minutos de Tom Cruise dándolo todo. Los personajes atan cabos que habían quedado sueltos en las ocho películas previas. El protagonista intenta superarse a sí mismo. El enemigo, más difícil y nocivo que nunca, ya directamente ni tiene forma humana.
La trama continúa directamente la historia que comenzó en la película anterior, Misión: Imposible: Sentencia mortal – Parte uno. Ethan debe terminar de “cazar” a la Entidad, una poderosa IA capaz de destruir la humanidad.
Es difícil elegir cuál es la secuencia de acción más impactante de toda la saga. Incluso es muy complejo decidir cuál es la mejor de La sentencia final.
Sí es un hecho que hay dos que pelean por ese puesto: una en la que Ethan debe llevar a cabo una misión en las profundidades del océano y otra del protagonista luchando en un avión en movimiento contra Gabriel, el personaje de Esai Morales. Por haber sido la del clímax final, nos vamos a quedar con esta última.
A sus 63 años (aunque un poco menos al momento de grabarla), Cruise protagoniza en el final de la película una secuencia impactante en la que pasa gran parte del tiempo colgado de la parte inferior de un biplano en movimiento. No usa arnés ni doble de riesgo. Son simplemente él y el aire. El director, Christopher McQuarrie, habló de ese día de rodaje y confirmó se trató de “la acrobacia más loca de la película”.
Todo surgió a partir de un TikTok en donde una persona hacía algo similar. McQuarrie reveló a IndieWire que él le mostró el video a Tom pensando que “simplemente le haría gracia”, entonces el actor le dijo: “Yo podría hacerlo”. Esa discusión derivó en un desafío entre amigos que culminó con la escena más arriesgada del film.
“Cuando empezamos a diseñar la secuencia contactamos a wingwalkers, profesionales de este tipo de trabajos, y nos preguntaron: ‘¿Qué quieres hacer?’. Tom respondió: ‘Quiero estar en gravedad cero entre las alas del avión’. Estas personas, que se dedican a esto y forman parte de una tradición de décadas, dijeron: ‘No, no vas a hacer eso’. Tom respondió: ‘Gracias por tu tiempo'”, contó McQuarrie.
Y Cruise agregó: “También se trata de encontrar las posiciones de la cámara y de toda la ingeniería. Representa miles de horas de trabajo de muchas personas: artesanos, pilotos, ingenieros; décadas de trabajo para poder desarrollar estas cosas, lo que implica estudiar las secuencias aéreas”.
Al momento de la grabación, Cruise está al mando de la toma. Por ejemplo, en un momento en que la cámara está de perfil y enfoca de manera distorsionada, Tom se las arregla para iluminar la escena correctamente.
El modo que encontró el director de comunicarse con su protagonista fue a través de señas con la mano. McQuarrie volaba en helicóptero mientras paralelamente Tom actuaba en el biplano. Como si fuera poco, el avión tenía poco combustible y Cruise, por cuestiones físicas, tenía que resolver la escena en 12 minutos. Pasado ese tiempo, su cuerpo sería destrozado por el viento.
“Hubo más de un momento en el que Tom se esforzó tanto que estaba tan agotado físicamente que no pudo levantarse del ala. Estaba tumbado en el ala del avión, con los brazos colgando sobre la parte delantera. No pudimos determinar si estaba consciente o no, así que esperamos a ver si había alguna indicación de que Tom estuviese bien”, contó McQuarrie.
Y concluyó: “Ver a Tom al borde del agotamiento físico (…) Tenía tres minutos para levantarse, pero llevaba 20 minutos en el ala, y lo vimos levantarse y meter la cabeza en la cabina para reponer oxígeno y luego subir a la cabina y aterrizar el avión sano y salvo. Nadie en la Tierra puede hacer eso”.
Fuente: www.clarin.com



