Hábitos comprobados por la ciencia para mejorar tu digestión y tener regularidad diaria


La salud digestiva es uno de los pilares del bienestar general, aunque muchas veces se la deja en segundo plano hasta que aparecen molestias. Sin embargo, el funcionamiento del intestino está directamente ligado a hábitos cotidianos que pueden ajustarse con cambios simples.

Diversas investigaciones coinciden en que sostener ciertas rutinas en la alimentación y el estilo de vida no solo mejora la digestión, sino que también ayuda a prevenir problemas como el estreñimiento y la inflamación.

A continuación, algunas prácticas respaldadas por la ciencia para lograr una mejor regularidad intestinal.

Uno de los pilares de una buena digestión es la fibra. Presente en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, ayuda a aumentar el volumen de las heces y facilita su tránsito.

Los especialistas recomiendan incorporar entre 25 y 30 gramos diarios. Es el estándar internacional establecido por la OMS y la FAO para adultos. Instituciones como la Clínica Mayo y la Harvard T.H. Chan School of Public Health también promueven este rango para prevenir enfermedades crónicas y mejorar la regularidad intestinal.

Además, la fibra también alimenta a las bacterias “buenas” del intestino, clave para mantener una microbiota equilibrada.

Tomar suficiente agua es fundamental para que la fibra haga su trabajo correctamente. Sin hidratación, el intestino puede volverse más lento y dificultar la evacuación.

Se recomienda beber entre 6 y 8 vasos diarios de agua, aunque esta cantidad puede variar según la actividad física o el clima.

El ejercicio físico no solo beneficia al corazón o los músculos, también estimula el movimiento intestinal.

Actividades simples como caminar, nadar o hacer yoga ayudan a activar el tránsito digestivo y prevenir el estreñimiento.

Gabriel Vinderola, doctor en Química e investigador principal en el Instituto de Lactología Industrial (INLAIN, CONICET-UNL) señala que el sedentarismo afecta la diversidad microbiana. El experto hace hincapié en que un estilo de vida activo es fundamental para que este “universo invisible” que define nuestra salud se mantenga resiliente.

Los probióticos, presentes en alimentos como el yogur, kéfir o chucrut, aportan microorganismos que mejoran la salud intestinal.

Estos alimentos ayudan a equilibrar la microbiota, favoreciendo una mejor digestión y reduciendo la inflamación.

El sistema digestivo está directamente conectado con el cerebro. El estrés puede alterar el tránsito intestinal, generando molestias o irregularidad.

Practicar técnicas de relajación, meditación o simplemente tomarse pausas durante el día puede mejorar notablemente la digestión.

El Dr. Vinderola advierte que “tenemos muchos antibióticos y estrés” en la vida moderna, factores que agreden directamente a nuestra microbiota.

Más allá de estos hábitos, los especialistas coinciden en que la clave está en la constancia. También recomiendan sumar grasas saludables, como aceite de oliva o palta, y reducir el consumo de ultraprocesados y alcohol.

Adoptar estos cambios no solo mejora la regularidad intestinal, sino que también impacta en la energía, el bienestar general y la calidad de vida.

Fuente: www.clarin.com

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