Flavio Mendoza: “Soy profeta en mi tierra, podría llevar mi plata afuera pero invierto en el país”


Flavio Mendoza es uno de los artistas argentinos que logró transformar el espectáculo en una experiencia integral, combinando danza, acrobacia, tecnología y producción a gran escala. Bailarín, coreógrafo, director artístico y productor, construyó una carrera marcada por la innovación y por la creación de propuestas que renovaron la escena nacional, desde Stravaganza hasta su más reciente apuesta: La Cúpula, un espacio inmersivo 360° en Puerto Madero donde presenta El príncipe feliz, corazón dorado.

En una entrevista con Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), Mendoza habló sobre su rol como emprendedor cultural, la importancia del teatro como expresión de la identidad argentina y su decisión de seguir invirtiendo en el país pese a las oportunidades laborales que recibió en el exterior. Además, analizó la actualidad económica, la política y el vínculo entre los artistas y la sociedad, con una mirada atravesada por su historia personal y su compromiso con la creación local.

Flavio Mnedoza es un reconocido bailarín, coreógrafo, director artístico, influencer, se destaca por revolucionar el teatro de revista y las artes escénicas nacionales mediante el despliegue tecnológico y la acrobacia. Ha participado en distintas obras de teatro y programas de televisión y posteriormente ha ocupado el rol de productor artístico, destacándose por su obra Stravaganza, un espectáculo que rompió récords históricos de recaudación y asistencia. Recientemente inauguró La Cúpula, un innovador espacio inmersivo 360° en Puerto Madero, con tecnología de mapping y plataformas dinámicas, donde en agosto presentará su obra El príncipe feliz, corazón dorado, una adaptación inspirada en el clásico cuento de Oscar Wilde.

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Y Flavio no solamente es todo lo que acaba de decir quien lo acaba de presentar, sino que además también es un emprendedor cultural. En lo que es llevar las ideas al plano material, con todas las dificultades prácticas, económicas y los riesgos que esto significa. Y además, un propulsor del teatro, casualmente cuando se entregaron los premios del teatro, los cuales Flavio ayer entregó, como una actividad resiliente en la Argentina, donde el teatro de alguna manera marca esa identidad argentina que tenemos en nuestros consumos culturales. Flavio, muchas gracias por estar acá.

Un placer.

Primero, ¿qué es este nuevo proyecto inmersivo, La Cúpula, el estreno de El príncipe feliz, corazón dorado? ¿Y cómo relacionás esto con esta resiliencia que tiene el teatro, el deseo que tiene la gente, en la época de las pantallas, de ir a un lugar y no quedarse simplemente consumiendo a través de las pantallas?

Yo creo que es hacer las cosas bien. Soy de los tipos que creen que hay cosas que nunca las va a cambiar otra. Porque siempre te dicen: “No, esto es lo nuevo, esto es lo que viene”. Yo creo que, culturalmente, hay algo en la parte humana, ¿no?, de ver el vivo. No es lo mismo que ver una película o un recital. Una película puede estar muy bien editada, pero después una obra de teatro bien contada, en vivo, donde ves personas que se transportan arriba de un escenario, me parece que eso es algo increíble. La Cúpula es algo que… Yo, con el circo, que tengo otro circo, también me la creé por tener un espacio donde pueda hacer lo que quiero y no limitarme. Porque hay veces que también un teatro te limita. No sé, por ejemplo, yo siempre quiero hacer esas cosas. Hago espectáculos que no son para ganar plata; son espectáculos que tienen que estar, porque es mi cabeza. Desde que soy papá, por ejemplo, Navidad. Yo soy de la época en la que se hacía una mesa larguísima donde todos nos sentábamos a comer. Mi mamá hacía la ensalada de frutas en un balde porque éramos muchísimos en el circo. Y yo creo que eso se fue perdiendo, ¿no? Esta cosa de decir: “Viene la Navidad”, que los niños tengan esa ilusión de Papá Noel. El año pasado me fui con mi hijo al Polo Norte porque ya tiene ocho años y yo le quiero seguir estirando esa fantasía de que realmente Papá Noel existe, que la Navidad existe. Y cuando estuve en el Polo Norte él me dijo: “Ay, papá, es verdad que existe”. Yo le dije: “Va a existir en tu corazón toda la vida si vos querés que así sea”. Entonces, me parece que este proyecto de La Cúpula también es poder contar cosas que, por ahí, no me dejan contar. Cuando hago Navidad en un teatro, por ahí el teatro no me deja entrar nieve. Y es como que la nieve parece algo tan fantástico para que el público lo pueda ver, o los niños puedan decir: “Esto es la nieve, esto es un copo de nieve”. Bueno, La Cúpula es un espacio donde yo realmente puedo hacer lo que quiero.

Mencionaste recién el circo. ¿Cuál es la relación?

Yo soy quinta generación de artistas de circo. Nací en un circo, fui nómade la mayor parte de mi vida. Hice toda la escuela en un circo, de un lado para el otro. Después de muchos años seguí teniendo circo. Yo ya me había dedicado más al teatro y mis tíos, que también estaban en el entretenimiento, pero tenían parques de diversiones y otras cosas, me dijeron: “¿No querés volver a hacer un circo?”. Porque el circo en Argentina, en la época de los animales, era glorioso. Los circos llegaban a los pueblos, a lugares donde una persona podía ver un animal en vivo que jamás iba a ver de otra manera. Pero después, con todo eso de los animales —que los circos, para mí, también fueron los primeros en dejar de utilizarlos; no así los zoológicos, no así los mundos marinos, por más que digan que es para preservar y qué sé yo—, creo que no. Creo que realmente los circos han tenido una capacidad de reinventarse. Y fue cuando yo dije: “Bueno, vuelvo a tener un circo porque quería que Argentina vuelva a tener el circo, que la gente diga: ‘Che, esto es algo increíble’, culturalmente“.

Flavio, La Cúpula la definiste: no es un circo, no es un teatro, no es cine.

Sí.

O sea, puedo entender que es una mezcla de todo.

De todo eso. Sí, es una mezcla de todo eso. Primero, es la primera carpa… No sé si por eso no le digo circo, porque circo es circo. Ánima y La Cúpula es un espacio, un espacio que crea cuentos e historias. La creamos con italianos, con arquitectos, con técnicos italianos y chinos, donde yo quería que sea colgante, que no haya nada, porque quería que todo el techo de la carpa sea un mapping. Entonces, es como que vos tenés la pantalla arriba. El escenario es totalmente 360°, gira, se eleva. Es un escenario que no existió en Argentina y, encima, que se traslada.

Ahora, todo eso tiene cuestiones materiales.

Sí.

¿Cómo logra la Argentina, con todas las dificultades económicas que tienen tantos campos, seguir siendo, creo, la tercera plaza en concurrencia de personas a los teatros y las distintas formas de teatro? ¿Y poder convertir, aunque no sea para ganar dinero, pero sí para poder sostenerlo, obras del tamaño de las que vos llevás adelante? ¿Qué tiene en particular el consumidor argentino de bienes culturales?

El argentino es del espectáculo. Es del espectáculo en todo. Yo hoy, por ejemplo, estoy con Circo Ánima en Salta e hice un récord absoluto en ventas de entradas en vacaciones de invierno. Allá ya terminaron; acá nos queda una semana más. Metí más de 60.000 espectadores y creo que tiene que ver con eso también, ¿no? Con decir: “Es algo único”.

También, por ejemplo, yo trabajo mucho en el interior. La gente del interior se da cuenta cuando el que hace teatro en Buenos Aires o hace algún tipo de espectáculo lo hace de una forma acá y cuando lo lleva al interior lleva la mitad, por los costos, por esto, por aquello. Yo tuve tres años para poder hacer el norte, para poder gestionar esta historia del norte. Y yo le decía a mi familia, porque mis trabajos son todos familiares: “Si no vamos con todo, no voy”. No voy porque no quiero esa cosa de que digan: “Uy, mirá, allá lo vi completo y acá vino con tres luces menos”.

Me gustaría compartir con la audiencia y con vos una partecita de los Premios del Teatro en la que se honraba a Enrique Pinti. Y me gustaría tu propia opinión después, sobre lo que representa el teatro en la cultura argentina. Le pido a la producción si nos lo puede colocar.

“El pueblo argentino es tan fácil de cagar porque tenemos cuatro obsesiones nada más. Mirá si seremos pelotudos. Cuatro nada más. La primera, el dólar. La segunda, la inflación. Que no vuelva la inflación. Que no vuelva la inflación. La tercera, las empresas estatales que no sirven para nada. Mejor lo privado. Siempre es mejor lo privado. Y la cuarta, el primer mundo existe y no somos nosotros. Todo es mejor afuera, todo es más lindo afuera, todo es más serio afuera. Hasta cómo cagan afuera es mejor. En París cagan con una distinción que acá se ha perdido. Vos tenés que ver lo que es el sorete de los franceses. Es un sorete en degradé. Tono sobre tono, ton sur ton…”

Esto es de un monólogo de Pinti de los años noventa. O sea, pasaron treinta años y luce tan actual como hoy.

Es como el siglo XX Cambalache, ¿no? Pinti tenía eso. Tenía eso de contar lo que pasó siempre y creo que sigue pasando. Pero también tenemos algo los argentinos que nos reinventamos.

Los ganadores de la primera edición de los Premios Pinti – Perfil

Pero el teatro tiene una libertad y una no censura que no tienen otras cosas.

Que no tienen otras cosas, sí.

En el teatro se dice más.

Se dice más.

Se puede construir más, parecido también a las canciones. Hay una libertad en la composición que no tienen otros medios, que requieren grandes organizaciones que les den sustento.

Es verdad. A mí lo que me pasa con Argentina es que estoy trabajando también mucho en China, en unos espectáculos que se llaman Chimelong. Son los más grandes del mundo. Yo siempre quiero llevar algo mío y ellos quieren mi cabeza, quieren que yo arme y me vaya. Y es lo que hago. Toda esa plata que yo gano, mirá que podría ponerla afuera. Yo la pongo en mi país, la traigo. Por ejemplo, esto de La Cúpula lo podría haber estrenado afuera, en Europa, no sé, hacer plata. Pero a mí hay algo que…

¿Por qué?

Que Argentina me dio… Yo soy quien soy por Argentina. Soy profeta en mi tierra. Poder decir que uno es profeta en su tierra, que todo lo que haya logrado en Argentina… Eso es algo que uno tiene que respetar mucho.

Como ese profeta en su tierra, ¿cómo ves la cultura, la política, el humor, la subjetividad hoy en la Argentina?

Creo que no hay que mezclar todo en la misma bolsa. Creo que hay cosas buenas y cosas malas en todos los lugares. Me parece que esta cosa de la división… A mí también me cayó mucho la ficha siendo papá con mi hijo. Esta cosa de ser de Boca, pero si sos de River sos una mierda y ese tipo de cosas. La trabajo mucho con mi hijo para que no sea así. Pasar por la cancha de River y explicarle: “Es hermosísima esa cancha”, por más que nosotros seamos bosteros. Entonces hay una cosa que tiene que venir desde la cuna. Si no está desde la cuna, es como que está todo el tiempo esa división.

Quiero llevarte a la política, Flavio. ¿Qué pensás de Milei?

Pienso de Milei que hace cosas buenas y hace cosas que no me gustan. Me parece que, por ahí, tiene una vehemencia para expresarse o para hacer cosas que no me gustan. Para mí, los que están a cierto nivel, como un presidente… Voy a delatar la edad. ¿Se acuerda de Charlie, de Los Ángeles de Charlie? A Charlie no se lo conocía. Era la voz de la experiencia, del que sabía, del que dirigía. Y me parece que, para mí, un presidente tiene que ser así. Por ahí tiene cosas que creo que están bien, que otros no las hicieron. A mí la política nunca me gustó porque nunca me gustó estar de ese lado. He visto artistas que se han metido en la política y que después, artísticamente, dejaron de ser talentosos, dejaron de ser queridos por la gente. Yo soy del lado de las personas que hagan las cosas bien, sea el presidente que sea. Y el que es corrupto no tiene que estar. Me parece que eso es importante.

¿Votaste por Milei?

Voté por Milei.

¿Y hoy lo volverías a votar?

Si no hay una propuesta que crea que sea mejor, sí.

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Lo que sentiste ayer en los premios. La mayoría de tus colegas, ¿sentís que la mayoría de ellos no votaría por Milei? ¿Percibiste un clima en el espectáculo, cercano o alejado?

Yo con los artistas tengo una cierta… Cuando fue la pandemia tuve que salir como loco a ver cómo hacíamos para poder trabajar, porque yo no podía pagar. Tenía casi 280 personas a mi cargo y no tenía plata. Tuve que vender un departamento y yo no soy millonario. Soy un tipo que está bien, pero no soy millonario. Siempre reinvierto y reinvierto. En ese momento, donde muchos se quedaban abajo del colchón, yo estaba en ese momento en el Teatro Broadway y tuve que separar las butacas para mostrar que podíamos volver a trabajar de una forma segura, mientras teníamos al otro presidente que hacía fiestas en la Quinta de Olivos. Eso me pareció terrible. Me pareció terrible que un montón de artistas fueran, supuestamente, a representar a los artistas, pero a mí nunca me lo habían dicho. Me parece que mucha gente con la política se agarra de algo para conseguir plata o para su beneficio, y no para todos. Yo lo que hice lo hice totalmente en blanco. Como también cuando, en su momento, apoyé a Horacio Rodríguez Larreta por una cuestión muy puntual. Horacio me había ayudado con Fundamind, que trabaja con niños que, en aquella época, nacían con HIV, después con chicos en situación de calle, con cosas terribles que había visto. Él me ayudó a que lograran tener una subvención para ese lugar, donde había más de 300 niños. Sí, apoyo. Y cuando me quisieron matar porque apoyaba a Horacio, dije: “Yo estoy apoyando a Horacio por esto”. Ahora, yo tengo bastante la cola limpia para poder decir a quién apoyo, porque apoyo a la persona que creo que hace las cosas bien. Después, si hace algo mal y no está dentro de mi parámetro personal, obvio que lo voy a decir. Es una cuestión de principios.

¿Cómo notás la economía de la Argentina hoy? Vos, que das trabajo a tanta gente.

A la gente le cuesta. Le cuesta hoy pagar una entrada, le cuesta pagar las cosas. Como también hay otra realidad: hay un grupo de personas que sí lo puede hacer y les sobra. Esta cosa de la diferencia tan grande de dinero que hay entre algunos y otros… Venía hablando de eso con la señora que me trajo en el Uber. Pero siento, en mi caso, que cuando uno es transparente, es limpio, la gente va a ver mi espectáculo porque sabe que yo no le estoy vendiendo verdura. No estoy diciendo una cosa y después manejo una Ferrari.

O sea, a la gente le cuesta más hoy pagar la entrada de teatro que hace un par de años.

Sí, le cuesta más. Le cuesta más.

Del año pasado a este, en las vacaciones de invierno acá en Buenos Aires…

Todo el año pasado los espectáculos trabajaron de una forma muy buena y este año no.

China. ¿Cómo es tu relación con China? ¿Por qué China? ¿Cómo llegaste allí?

China porque empecé a construir cosas en China. Me era más fácil lograrlo. Primero, porque los chinos te atienden de una forma espectacular. Cuando voy, me pasan a buscar, me llevan, me traen. Así no hagas negocios. Los chinos te dicen: “Primero nos hacemos amigos, después hacemos negocios”. Y todo lo que quiero materializar como idea, a nivel costos también, se puede hacer. Además, trabajar en Chimelong… Les gustan mucho mis creaciones y quieren contratarme. Yo hoy podría estar trabajando en China con un contrato de dos años. A mi hijo le ponían casa, escuela, todo para que yo me fuera. Y decidí que no, porque quiero que mi hijo crezca acá.

Si tuvieras que explicarle a los argentinos… ¿China es comunista?

Dicen que es comunista. Cuando uno está en China no parece comunista. Para nada. Parece un país de trabajo, de crecimiento, que te sorprende constantemente. Unas ciudades, unas rutas… La verdad que, cuando uno está ahí, dice: “No entendía bien lo que es el comunismo”. Estando en China no lo ves. Por ejemplo, ahora los técnicos chinos tuvieron que venir para esto de La Cúpula. Tienen un cierto tiempo de visa que les dan, pero ellos allá trabajan las 24 horas. Me sorprende eso. A veces les pregunto: “¿Qué hacen para divertirse?”. Y me dicen: “Salimos a caminar”. Es otra cultura. Hasta que uno no está ahí y no lo vive, no se da cuenta de la diferencia. Por eso también digo que yo no elegiría ese estilo de vida, más allá de que me daban todo. Iba a vivir cinco estrellas, con mi hijo en escuela privada, chofer y todo. Y dije: “No. No quiero que mi hijo, con ocho años, crezca con otra cultura”. Si bien eso también lo puede ayudar en su crecimiento, en su evolución y en los idiomas, yo necesito sentirme… Me siento seguro en mi país.

Flavio, ¿cuándo estrenan El príncipe feliz, corazón dorado?

Ahora, el 7 de agosto estrenamos. Ya estamos. La semana próxima ya es el estreno. Yo me voy de acá a ensayar. Estamos como locos con eso. Es algo que no se hizo nunca en Argentina. Pero tengo mucho orgullo porque mis tíos, mi familia, no necesitaban apoyarme en esta otra locura, porque ellos ya están bien. Son personas que no necesitan hacerlo. Y cuando veo a mi tío, de 75 años, armando todo, estando ahí horas, pasando frío, lluvia y todo eso, digo: “Bueno, vale la pena”. El otro día mi hijo me decía: “No, pero acá hay que poner las cosas”, ayudándome a correr unos caños para poner las rejas. Me parece que eso habla bien de que el que quiere también, en Argentina, puede lograr cosas.

Felicitaciones. Felicitaciones por El príncipe feliz, corazón dorado, por La Cúpula y por todo.



Fuente: www.perfil.com

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