Ernesto Alterio, actor: “No pito ni discuto ni entro en guerras absurdas cuando conduzco; mi ritual es mantener la tranquilidad al volante”
hace 11 horas
Con una carrera profesional que supera ya las tres décadas y una filmografía repleta de personajes memorables, Ernesto Alterio se ha consolidado como uno de los intérpretes más carismáticos y referentes del panorama audiovisual español. Capaz de transitar con naturalidad entre la comedia, el drama y el thriller, el actor afronta cada proyecto con una mezcla de oficio, intuición y una curiosidad que permanece intacta.
El hispano-argentino confiesa que disfruta escuchando jazz y noticias mientras está al volante, que ensaya textos mientras circula y que sueña con recorrer Italia siguiendo las huellas de Pasolini. Alterio, recientemente nombrado embajador de Peugeot (ya lo fue también en 2018), charla sobre autos, supersticiones, personajes inolvidables y las pequeñas manías que acompañan una larga carrera interpretativa. Entre anécdotas de rodajes, recuerdos familiares y reflexiones sobre el oficio, emerge un Ernesto cercano, irónico y sobre todo sorprendentemente tranquilo al volante, alejado de los personajes de carácter que suele interpretar.
El actor hispano-argentino está en un momento dulce de su carrera, tanto en cine como en teatro y televisión, respaldado por sus tres nominaciones a los premios Goya y por el próximo estreno de sus películas Karateka y Perfectos conocidos, así como la serie Su Majestad como protagonista, que prometen convertir este 2026 en un año clave de su exitosa trayectoria.
¿Eres de los que disfrutan al volante o prefieres que te lleven en un auto de producción? Foto: IG/ernestoalterio
¿Eres de los que disfrutan al volante o prefieres que te lleven en un auto de producción?
Me encanta conducir y la verdad es que ahora, desde que colaboro con Peugeot, entro al garaje con ilusión porque me han cedido un 308 y un 408. En España, los actores y las actrices estamos bastante acostumbrados a que nos lleven y nos traigan cuando trabajamos. Sin embargo, durante el rodaje de Griselda, en Los Ángeles, me asignaron un automóvil y tenía que desplazarme yo mismo al set. Para mí era rarísimo, pero me encantaba porque me daba una sensación de libertad fantástica. Además, conducir por Los Angeles es toda una experiencia. Terminaba de rodar y simplemente iba al auto y me iba. Lo disfruté muchísimo.
¿Recuerdas qué auto era?
Un Nissan Pathfinder. Un vehículo enorme, un tanque… aunque allí es algo bastante normal.
¿Tienes algún automóvil de tus sueños?
Cualquier Mercedes clásico descapotable me sirve.
¿Eres de los que usa el vehículo cada día?
Sí, excepto para moverme por el centro de Madrid porque vivo ahí y es una locura. Más allá de eso, utilizo el Peugeot todas las semanas; para ir a ver a mi madre, a la familia, para acudir a rodajes o temas laborales y para todos los desplazamientos por carretera, incluso por España si el calendario lo permite.
Recuerdo especialmente uno que hicimos en familia cuando era pequeño. Fuimos desde Madrid hasta la Toscana en coche. Foto: IG/ernestoalterio
Hablemos justo de eso, de viajes. ¿Cuál ha sido tu viaje por carretera más memorable?
Recuerdo especialmente uno que hicimos en familia cuando era pequeño. Fuimos desde Madrid hasta la Toscana en coche. Pasamos por Barcelona, Marsella y luego continuamos hasta Italia. Es un recuerdo maravilloso y es un viaje que me gustaría repetir un poco como homenaje a ellos.
¿Y algún otro que viaje te gustaría hacer?
Me encantaría dar la vuelta completa a la bota italiana. Hay un libro maravilloso de Pier Paolo Pasolini que escribió siendo periodista, titulado La larga carretera de arena, que me fascinó cuando lo leí y en el que relata un recorrido bordeando toda la costa italiana, playa por playa, y explicando todos los lugares que visitó. Es un libro alucinante. Me encantaría cogerlo como guía y hacer el mismo recorrido.
Siempre he pensado que aún está por rodarse la gran Road Movie española. ¿Estás acuerdo?
Puede ser, sí. Participé hace ya tiempo en Los años bárbaros que tiene un poco de Road Movie. Es una historia que, basada en un hecho real, cuenta la historia de dos presos -Manuel Lamana y Sánchez Albornoz- que se fugan del Valle de los Caídos en un descapotable rojo. Pero es verdad que quizá todavía falta esa gran película española que abrace plenamente ese género clásico.
Los actores suelen tener rituales. ¿Tienes alguna manía antes de actuar y de conducir?
Haciendo cine no me pasa, pero en teatro tengo alguna, sí. Por ejemplo, siempre entro al edificio con el pie derecho. Tampoco me gusta llevar nada amarillo. Lo mío es bastante clásico. En una ocasión trabajé con actores napolitanos, y ¡ellos sí que son supersticiosos! Por ejemplo, si un guion se te cae, tienes que patear tres veces el suelo, también ponían un montón de sal en una esquina del escenario.
Al volante no tengo ninguna. Mi ritual es mantener la tranquilidad. Intento no picarme ni enfadarme mientras conduzco. No pito ni discuto ni entro en guerras absurdas. Mientras pueda controlar la situación, prefiero mantener la calma.
¿Qué música escuchas mientras conduces y qué llevas en la guantera?
Escucho de todo. También mucha radio, sobre todo informativa y jazz, música española y emisoras de música clásica. El otro día, por ejemplo, escuchaba a un grupo argentino que se llama Trueno. Y en la guantera no llevo nada especial. Los papeles del coche y poco más.
Muchos artistas hacen algo cuando conducen: cantan, componen… ¿Tú repasas textos mientras manejás?
Muchísimo. Es que además el coche es un sitio perfecto para hacer texto porque estás aislado. La verdad es que yo repaso texto continuamente y casi en cualquier lugar. En eso soy un poco obsesivo. Así que si alguien me ve hablando solo por la calle o mientras estoy parado en un semáforo que no piense que estoy “p’allá”, seguramente estoy repasando un guion.
De todos los personajes que has interpretado, ¿a cuál no te llevarías en un viaje de 500 kilómetros en el asiento del copiloto?
Lo tengo clarísimo: al Rodrigo de El cuarto pasajero. Un tipo insufrible, absolutamente despreciable que volvía locos a los pobres Alberto San Juan, Rubén Cortada y a Blanca Suárez. Aunque como personaje era estupendo… De hecho, creo que merecería una secuela.
¿Y alguno de esos personajes brillantes, neuróticos, villanos… que se te dan especialmente bien te ha dejado una huella en la vida real?
Quizá no una huella concreta pero sí formas distintas de observar el mundo. Esa es una de las maravillas de esta profesión: te obliga a contemplar la realidad desde perspectivas que no son la tuya. Al final, lo importante es llegar al corazón de la gente. Da igual cuántos recursos tengas o cuánta técnica emplees. Si consigues emocionar al público, has logrado lo esencial.
¿Qué es más difícil: aprender un diálogo complicado o recordar dónde has aparcado en un centro comercial?
Las dos cosas tienen su dificultad. Hay diálogos que tienen lo suyo, y reconozco que más de una vez he sufrido buscando el coche.
¿Qué habilidad completamente inútil posees y qué actividad has descartado definitivamente intentar?
Tengo una puntería extraordinaria encestando bolas de papel en la papelera y soy fatal jugando al fútbol. Me gusta mucho verlo, pero jugarlo es otra historia.
¿Cuál ha sido la crítica más extraña que te han hecho?
Una vez un profesor de interpretación me dijo: “No imites a tu padre”. Y claro, yo le contesté que era difícil porque siendo mi padre, viviendo con él y siendo un actor genial, algo se me habría pegado.
Una vez un profesor de interpretación me dijo: “No imites a tu padre”. Foto: IG/ernestoalterio
Si mañana te ofrecieran protagonizar el remake de un clásico, ¿cuál elegirías?
Me impondría mucho respeto, pero si hablamos de fantasear, diría El Padrino.
¿Y hay alguna película que te avergüence reconocer que has visto demasiadas veces?
Grease. La he visto muchísimas veces. Y también Torrente.
Si pudieras hablar con tu yo de hace veinte años, ¿qué le dirías?
Que se tranquilice. Que muchas de las preocupaciones que tenía no eran tan importantes como pensaba.