En Nueva York, el argentino Rafael Grossi se somete a un intenso escrutinio para ser jefe de la ONU


El argentino Rafael Grossi se someterá este martes a un fuerte escrutinio en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York sobre sus planes para ocupar el cargo de Secretario General de la ONU, al que se postula junto con otros tres candidatos, y ccontestará por tres horas preguntas de la audiencia, en un nuevo paso para la elección del reemplazante del portugués Antonio Guterres.

Diplomático de carrera de 65 años, Grossi tomó relieve global al asumir en 2019 la dirección de la Agencia Internacional de Energía Atómica, que es parte del sistema de las Naciones Unidas. Desde ese puesto se ocupó de cuestiones mundiales de alto perfil, como el programa nuclear de Irán o de los peligros relacionados con la central nuclear ucraniana de Zaporiyia, ocupada por las fuerzas rusas.

Grossi, que recientemente ha sido elegido por la revista Time como una de las 100 personalidades más influyentes del año, ttiene el aval del gobierno argentino para su candidatura.

Durante tres horas, el argentino expondrá el martes por la tarde y recibirá preguntas de representantes de los 193 miembros de la Asamblea General sobre sus planes para un eventual futuro mandato, que están basados en que la ONU retorne “a sus bases fundacionales: salvar a la humanidad del flagelo de la guerra”, como expresó en su carta de presentación.

Grossi compite con otros tres postulantes para el cargo: la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet, que expondrá el martes por la mañana antes de Grossi; la jefa de comercio de la ONU, la costarricense Rebeca Grynspan, que hablará el miércoles por la mañana, y el último en presentarse será el expresidente de Senegal Macky Sall.

La elección del líder de la ONU implica un proceso largo que recién se concretará en el segundo semestre del año, sin fecha determinada, con su designación por parte de la Asamblea General, que incluye a todos los miembros.

Pero ellos deben elegir a recomendación del Consejo de Seguridad. Eso otorga a los cinco miembros permanentes del órgano más poderoso de la ONU —Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia— el papel decisivo y el poder de veto sobre la selección, ya que si el candidato no tiene el aval de todos los miembros del Consejo, su postulación no avanza a la Asamblea.

Grossi tiene buena relación con los miembros permanentes del Consejo. Más allá de las aptitudes para el cargo, el vínculo estrecho entre el presidente Donald Trump y Javier Milei contribuye a reforzar su candidatura.

El próximo secretario general deberá estar en sintonía con “los valores y los intereses estadounidenses”, advirtió el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz.

En la elección de 2016 se presentaron 13 candidatos, entre ellos 7 mujeres, en medio de una intensa presión para que por primera vez eligieran a una secretaria al mando del organismo. Pero Guterres terminó siendo el elegido.

Ahora Bachelet y Grynspan aspiran a ser las pioneras, aunque la chilena ha perdido el apoyo de su propio gobierno cuando asumió el presidente derechista José Antonio Kast. Bachelet sigue con el impulso de Brasil y México.

El clima ahora es muy diferente al de hace 10 años. En aquel momento la ONU concretaba el pacto climático del Acuerdo de París para frenar el calentamiento global y la promoción de la Agenda 2030, un plan de desarrollo sostenible de 17 puntos para cerrar la brecha entre ricos y pobres.

Pero la llegada de Trump a la Casa Banca marcó un desprecio por el multilateralismo, mientras EE.UU. se alejaba de esos pactos globales, con fuertes divisiones en los países por el cambio de agenda. Mientras tanto, la ONU no ha podido frenar las guerras en Ucrania, Gaza e Irán, dejando al organismo sin influencia en los conflictos globales.

El planteo de Grossi busca precisamente rrecuperar el rol originario de la ONU como impulsora de soluciones a las guerras y se presenta como un “abridor de puertas entre países beligerantes”, hablando incluso con los países que lo han amenazado de muerte como Irán.

Por tradición, el cargo de secretario general rota por regiones. Guterres, ex primer ministro portugués, sucedió al excanciller surcoreano Ban Ki-moon y este siguió al ghanés Kofi Annan. Ahora debería ser el turno de América Latina, por lo que las chances de Bachelet, Grossi y Grynspan crecen. Desde la fundación de la ONU en 1945 el único secretario general latinoamericano fue el diplomático peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991).

Fuente: www.clarin.com

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