“En África, el fútbol te ayuda a todo” :: Olé

Es un placer conversar a solas con Miguel Gamondi. “Peladito”, le decía Maradona. Uno de los tantos argentinos por el mundo, que a los 62 años es famoso en África y dirige a la selección de Tanzania (llegó a octavos de final, y recibido con honores en el país). La historia de un tipo que no sigue el día a día argento, que vive en este continente, que tiene casa en Marruecos y también en Málaga. Un entrenador ofensivo, que tiene a Menotti en lo más alto, que salió de Olavarría y que en Marruecos contó parte de su historia en una charla con Olé. Desde un país africano de punta, que hoy es sede de alta gama de la Copa África (hasta Salah, semifinalista, ponderó el nivel organizativo de la competencia), pasó por historias con Maradona y experiencias increíbles en varios países. Hoy está en Dar Essalam (capital de Tanzania)

-Contame un poco tu historia. El principio fue casual.

-Yo soy de Olavarría, jugué al fútbol en Ferrocarril Sud. Estudié y me recibí de profe de educación física mientras jugaba. Y en los años 70 había jugado Julio Santella ahí. Un día mi padre le escribió una carta, porque en esos tiempos no había mail y era carta, a ver si podía visitarlo yo en Buenos Aires. Y él me recibió con los brazos abiertos y lo tengo en mi corazón. Me brindó todo, me abrió las puertas. Luego comencé a trabajar en Olavarría con Fatiga Russo ( NdR: Francisco, el 5 del Huracán de Menotti), trabajé con él cuatro, cinco años, aprendí muchísimo con él. Y cuando vino Cappa a Racing, Fatiga era su ayudante y me trajo como PF a la Tercera. Ahí empecé y me hice muchas amistades. En aquel equipo de Lalín, con Morales, Mago Capria, una época brillante, hermosa. Especialmente para mí que venía del Interior. Me hice amigo de Teté (Quiroz), fuimos a trabajar con Teté a San Martin de Tucumán, en un período corto; volvimos, Teté volvió a jugar… Yo iba a Boca a mirar los entrenamientos de Santella, que era el PF de Bianchi. Iba casi todos los días para aprender y matar el tiempo, yo siempre fui autodidacta, de aprender, robar ideas. Hasta que un día vino Sergio Mandrini, de Olavarría como yo, que trajo un jugador de Boca al kinesiólogo. Pasó un tiempo, me llama y me dice que un argentino, que es amigo de alguien de la oficina, busca un ayudante. Y yo yo dije me voy nadando. Fue en la época de De la Rúa, un desastre. Ese fue mi principio, fui con Oscar Fullone, que me abrió las puertas y me pasó esa pasión por el África, esa cosa tan linda. Ahí fui a Libia, con el hijo de Khadafi.

-Raro, complicado trabajar con el régimen de una dictadura tan fuerte.

-Ahí se hacía lo que decía él, muy difícil…

-No me acuerdo, yo, la verdad, he tenido una gran capacidad de adaptación, sin duda. Deje mis padres, mi hermano, no estaba casado y uno se lanza a la aventura.

-¿Y estuviste en muchos otros países?

-Después fuimos a Burkina Faso, gente maravillosa, uno de los países más pobres. Luego Costa de Marfil, donde salió Yaya Toure, lo conocí a Drogba, en ese equipo salieron muchos jugadores. Luego Marruecos, siempre como ayudante de Fullone, en un gigante de Casablanca como Al Hada. Luego Túnez, con un gran equipo, el Esperance. Y en uno de esos momentos, Fullone quería conocer a Cappa, con quien yo tenía muy buena relación, aprendí muchísimo de lo táctico. Porque Fatiga Russo me había llevado a comer con él, con Menotti, con Basile, tuve el privilegio de estar con Menotti y Valdano.

-Luego fuiste a Sudáfrica y Argelia.

-Conocimos a Cappa y fuimos al Sundwon, el dueño es el actual presidente de la Confederación Africana. Fui como ayudante, ahí empecé mi carrera. Cappa estuvo seis meses, se quiso ir. Yo le dije a Ángel que no tenia donde ir, porque él se volvió a Madrid y trabajaba tranquilo. Yo le dije “me voy a quedar a ver si me indemnizan”, no tenía nada. Y el presidente me dice que me quede, yo tenía a mi mujer embarazada. Faltaban dos partidos y me dijo que dirigiera con uno que me iba a ayudar con el idioma, y me pidió que contactara a Bielsa. Yo abro los ojos, ¿qué tengo que ver con Bielsa? Hice unas llamadas a Buenos Aires… Jugamos dos partidos, ganamos 4-1 y 5-0. Me dice “te vas a quedar con el equipo hasta el final del campeonato” y salimos campeones en mi primera experiencia como entrenador, gracias al gran trabajo previo de Cappa. Seguí la línea y apliqué los años que tenía en África, con la idiosincrasia. Especialmente Sudáfrica, con el tema racial que era complicado. Trabaje en Argelia, en Dubai, en Tanzania hice dos etapas. Y siete años en Marruecos.

-¿Hiciste plata con una carrera en África, como DT?

-Yo lo puedo decir, inimaginable. De ser profe de educación física, luego PF, lo más alto era Racing, que era la gloria. Cuando se fue Ángel, quedé con Costas y Maschio, era ayudante de Primera hasta que me fui. Acordate de lo que era el 2000… Pensé que una casa nunca me iba a poder comprar.

-Conseguiste mucho por África.

-Muchas veces, especialmente estando tantos años, llega el momento de bajón. Muchas veces. Porque yo digo que hay dos cosas que no se pueden comprar con plata: salud y tiempo, yo perdí mucho tiempo de ver a mis padres, hermanos, cumpleaños. He pasado Navidad solo en Burkina Faso frente a la TV, llorando, ¿eh? Uno se acuerda de todo eso. Cuando a veces estás mal, mirá de dónde venís y a lo que llegaste. De qué te vas a quejar o deprimir. Tengo un buen pasar. Soy una persona bastante reconocida en el África y tengo una riqueza cultural inmensa, más que el dinero. De Tanzania ahora, después de la Copa África, me quería ir pero el Primer Ministro me dijo que lo mataba políticamente. El fútbol va de la mano de la política. Una vez más llamaron para dar una charla por Zoom para Olavarría, y digo “piensen que yo iba en bici como ustedes”. Sabía que como jugador no podía llegar y quería vivir del fútbol. Mi padre era dirigente, entrenador, y desde los cinco años yo andaba atrás de él, íbamos a las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Mi padre vivía en la cancha de Ferro, aprendí a caminar en una cancha de fútbol. ¿Te acordás de que en esa época iban todos a la cantina?, aprendí a caminar con los que tomaban el Gancia, el vermú. Llevo el fútbol en la sangre.

-Me contabas que tuviste paludismo. Bravo…

-Trabajé en Costa de Marfil y tuve dos veces paludismo, sí, bravo. Mi señora, que es búlgara, tuvo 42 y medio de fiebre, al límite, yo creo que 41. Son anécdotas, solos… tuvimos dos hijos, uno nació en Sudáfrica y otro en Agadir (ciudad del sur), Marruecos. Miedo no sufro, no sé si fui un poco inconsciente. Miedo no. El trabajo en Libia te daba que pensar, nos reíamos. Acá si nos pasa algo, quién te va a reclamar, no hay derechos humanos ni nada. Y uno menos…

¿Sentiste que tuviste complicidad como parte de Kadhafi, del régimen, trabajando ahí?

-Ahí ninguna, porque es un dictador, con los excesos que había. Nos daban un coche, un BMW, un Mercedes negro, podías andar en contramano y hacer lo que quisieras porque eras oficial. Raro, pero es trabajo. No se puede negar, no me avergüenzo tampoco. Era mi manera de trabajar. Hay una anécdota con Kadhafi: hubo un partido en Bengasi, las dos hinchadas, que eran de otra etnia, lo insultaban. Los presidentes lo llamaron después de terminado el partido para disculparse, que no iba a volver a pasar nunca. No hay problema: al otro día dinamitó el estadio. Y en el futuro le construyó un nuevo estadio.

-Y tuviste encuentros con Maradona, en África y Asia.

-En la previa del Mundial de Sudáfrica, yo estaba allá y el embajador me llamó para colaborar con la Selección. Un chico muy amigo que trabaja en FIFA me contó que venía Maradona a Durban a hacer una inspección. Yo estaba en el hotel y llega la combi con Maradona, estaba en una puerta auxiliar. Me quedé esperando, Diego se baja y en vez de ir para la principal, enfila para donde estoy yo, yo dije qué le pasa a este. Y me dice “peladito”, porque había hecho un par de programas en TyC y le habían gustado. Lloré, me dijo qué lindo programa, no lo podía creer. Y me invitó a la recepción en la Embajada. Y le conté que mi hijo había nacido y que le había dado una camiseta con la 10 y una de Boca, me dijo que se las trajera y las firmó, con unas gorras. Fue una cosa increíble, su humildad… yo lo amo a Diego.

Gamondi y sus hijos, cuando conoció a Maradona (Instagram miguelgamondi).Gamondi y sus hijos, cuando conoció a Maradona (Instagram miguelgamondi).

-También lo viste en Dubai.

-Lo encontramos otra vez en Dubai, yo estaba en un equipo del ascenso (Itihad Kalba). Le dijeron que había un entrenador argentino y armamos un amistoso, el primero. Entonces llegamos, yo contentísimo, Trotta y el Negro Enrique estaban. Yo estaba todo excitado, vamos al Al Wall, Diego llegó tarde con la reguera, me ve y me llama: “Peladito, che, escuchame, los pibes tranquilos, yo les dije quiero que ganes vos”, yo estaba en Segunda. Empieza el partido, estaba mi mujer con Vero Ojeda (ex pareja de Diego), mucha camaradería. En una, un defensor mío pegó una patada que era para meterlo preso. Y Diego empezó a putear, y le digo “Diego, ¿qué querés que haga?”, y estaba 0-0. Diego terminó ganando, yo estaba muy caliente por la patada y me dijo “Te voy a matar, tengo la foto”. Y yo lo puteé. Termina el partido y Enrique me dice “tranquilo”, yo le quería explicar. Y por ahí alguien me agarra de atrás, me dice “Peladito, perdoname”. Son cosas y riquezas que te quedás en la vida. La satisfacción es increíble.

-En tu experiencia africana habrás pasado mil historias de caminos, rutas, canchas, aviones…

-Hay problemáticas grandes… En un momento dije no vuelvo más a África, porque uno es sensible, ve la pobreza, la injusticia y te hace mal, no te puede pasar desapercibido. En Marruecos es una cosa; África del norte, volver al África, las enfermedades, la pobreza. Yo fui a Níger y los chicos, cuando vas a entrenar los días previos, no te piden camisetas: te piden agua. Porque no tienen agua. Entonces esas cosas te chocan y te hacen muy bien como persona. Siempre se lo digo a mis hijos, te quejás de algo y te llevo a África. Acá viven en chozas, pero son felices. No tienen Internet y son felices, son baños de realidad que hacen bien en esta sociedad de consumo. Vos estás amargado porque no te podés comprar el último teléfono y hay gente que, con menos, vive más feliz que vos. Por suerte mis hijos salieron muy distintos, no te piden nada, son conscientes de la realidad, vivieron en muchos países. Y vieron… Yo estuve en hoteles seis estrellas en Sudáfrica, en Dubai, salí campeón en un hotel con pescados, tiburones, y he estado en lugares… en Burkina Faso dormía en una habitación con un espacio entre pared y techo… durmiendo, mirando que no entrara una serpiente.

-Y además convivir con problemática de los jugadores…

-Hay cosas que te golpean, aunque estoy muy acostumbrado. El poco valor que se le da a la vida en África, la expectativa de vida son muy pocos años y te dicen que es Alá. En Marfil, un jugador no vino varios días, cuando volvió le dije “qué te pasó”, enojado. Y me dijo “se murió me hijo”, me dijo “got” (Dios). Y yo me quedé amargado por haberle gritado. Es como el mundo musulmán, es Alá.

-La seguridad no es un problema, pero ¿en temas de salud te sentís contenido?

-Si te ponés a pensar, no te subís a un avión… Air Burkina Faso, ves un cinturón de seguridad… ¡hagan mantenimiento! La mayoría no puede viajar a Europa, no es que uno es inconsciente, mi objetivo era este, yo no quería volver a ser profe de educación física estando ya en otras cosas.

-Ahora sos un africano más.

-Ya estoy en la parte final de mi carrera, te ponés más selectivo, me encanta el lujo pero puedo dormir en cualquier lado. En Tanzania dormíamos en cada lugar… comía un arroz blanco y nada más, no como otra cosa. Si pensás en malaria, en paludismo, es una decisión de vida. Lo tomo con naturalidad, no como “valiente”.

-Definí al africano: por lo físico, por la alegría…

-África son 52 países, con etnias, en Marfil hay dialectos, es una diversidad increíble. Es gente que se conforma con muy poco, son felices con muy poco. Mucha quiere mejorar, por eso pasa lo de la inmigración, como europeos que vinieron a colonizar y tratar mal a la gente. Hay mucha gente que se robó el África.

-Marruecos hoy es punta de lanza de África, se nota con la organización de esta Copa.

-Impresionante. ¡Champions League!, no parece una Copa de África, sino una Europa League, no es la realidad de todo el África. El norte y Sudáfrica son lo más desarrollado. Marruecos es una potencia, yo vine la primera vez en 2000, me encantó tanto que compré en 2007 en Agadir, también en Casablanca, me siento como en mi casa. En África el fútbol te ayuda a todo, el fútbol es un pasaporte impresionante. En Burkina Faso tenía que pasar en el primer viaje por Dakar y me dijeron que me iban a esperar, en el avión había dos blancos y uno era yo. Llego, me piden la visa y no tenía, y no había nadie que me esperara. Me dijeron “acompáñeme”, me sentaron en una habitación, no tenía teléfono… ya me estaba desesperando, dos, tres horas ahí. Había ido con la ropa de Burkina Faso, me saqué el buzo, me dicen Burkina, fútbol, Argentina, Maradona… ahí, no sé cómo, apareció alguien, me llevaron al hotel, me trajeron al otro día para el segundo vuelo, no pagué nada. Le debo todo al fútbol y África. Por eso, uno a esta edad quiere dar algo, más allá de lo económico. Y con el fútbol le das felicidad a la gente. Yo siempre les digo a los jugadores una idea robada: el fútbol le da a mucha gente, es un motivo de orgullo para mucha gente no puede llevar nada a la casa. Entonces llega y dice “ganamos hoy”, esa es la felicidad. Entonces, les digo que tienen que pensar en esa gente, hay que dejar la piel por esa gente. Hay millones de personas, especialmente en el África. Eso es lo que le da alegría a la gente.

El DT argentino de Tanzania protesta un fallo en el partido contra Marruecos, en Rabat (foto Gabriel Bouys / AFP).El DT argentino de Tanzania protesta un fallo en el partido contra Marruecos, en Rabat (foto Gabriel Bouys / AFP).
Miguel Gamondi
DTMiguel Gamondi
DT

(ENVIADO ESPECIAL A MARRUECOS)

Fuente: www.ole.com.ar

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