El volcán más peligroso de la Argentina: su última erupción fue hace 14 años y se puede visitar


En plena Cordillera de los Andes, sobre el límite entre Neuquén y la región chilena del Biobío, se levanta el Volcán Copahue, el volcán activo de mayor riesgo del país.
Aunque su última erupción ocurrió en 2012, su comportamiento sigue siendo dinámico y vigilado de cerca por especialistas. Aun así, y con las precauciones adecuadas, hoy es posible visitarlo y llegar hasta las inmediaciones de su cráter.
El Copahue integra el Complejo Volcánico Caviahue-Copahue (CVCC), cuya actividad se remonta a unos 125.000 años. Se trata de un estratovolcán de flancos suaves, formado principalmente por coladas de lava andesítica y basáltica, además de depósitos piroclásticos.
En su cima se distinguen nueve cráteres alineados de noreste a sudoeste, aunque solo uno permanece activo: el cráter oriental, que alberga un lago ácido de intenso color verdoso y presenta fumarolas de manera permanente.
En los últimos 250 años se registraron al menos una docena de erupciones. Las más destacadas ocurrieron en 1992, 2000 y, más recientemente, en diciembre de 2012, cuando una columna eruptiva de hasta 1.500 metros provocó caída de cenizas en territorio argentino.
Desde entonces, el volcán no volvió a un estado completamente inactivo: mantiene emisiones de gases, explosiones esporádicas, actividad sísmica variable y cambios en el nivel del lago del cráter, lo que confirma que su sistema interno sigue en permanente movimiento.
Por qué el volcán Copahue es el más peligroso del país y aun así se puede visitar
El riesgo del Copahue no se explica solo por su actividad, sino por su cercanía a zonas habitadas. Las localidades de Caviahue y Copahue se encuentran a menos de 8 kilómetros del cráter, al igual que la villa termal y el centro de esquí, que en temporada alta multiplican la población.
A esto se suma la variedad de amenazas posibles: explosiones repentinas, caída de ceniza, emisión de gases tóxicos como dióxido de azufre y la generación de lahares (flujos de barro) producto del derretimiento de nieve y hielo.
A pesar de su peligrosidad, el ascenso del volcán es una de las excursiones más buscadas de la región. El camino hasta la cumbre tiene unos 6 kilómetros y no requiere técnicas de escalada. En varios tramos se puede avanzar en camioneta 4×4 y completar los últimos kilómetros a pie.
El sendero no es extremadamente exigente, pero se recomienda realizarlo con guía, especialmente por la altura, los gases y los cambios bruscos de clima. Elegir un día sin viento es clave para disfrutar la experiencia con mayor seguridad.
Durante el ascenso, el paisaje se vuelve cada vez más imponente: nacientes de ríos, restos de ceniza de antiguas erupciones y vistas abiertas de la cordillera neuquina. En la cima, el espectáculo es inolvidable: glaciares colgantes, una laguna ácida humeante y el fuerte olor a azufre que recuerda que se está frente a uno de los volcanes más activos de Sudamérica.
Fuente: www.clarin.com



