El tiburón ballena empieza a aparecer en Gibraltar y preocupa a los científicos


El registro de especies marinas propias de aguas tropicales en el sur de España encendió una señal de alerta entre los especialistas. En los últimos años, comenzaron a detectarse ejemplares de tiburón ballena en el Estrecho de Gibraltar, una zona donde hasta hace poco su presencia era prácticamente impensada.
El fenómeno no es aislado. Investigaciones recientes del Instituto de Oceanografía de España advierten que el Mediterráneo occidental está experimentando un proceso de transformación vinculado al aumento sostenido de la temperatura del agua. Este cambio estaría permitiendo la llegada de especies que históricamente habitaban en regiones mucho más cálidas.
El tiburón ballena (Rhincodon typus), considerado el pez más grande del mundo, es uno de los casos más llamativos. Puede alcanzar hasta 15 metros de largo y suele encontrarse en zonas como México, Filipinas o Australia, muy lejos del ecosistema del Mediterráneo.
El avance de estas especies forma parte de un proceso que los científicos denominan “tropicalización”. Se trata de un cambio progresivo en la composición de los ecosistemas marinos, impulsado principalmente por el calentamiento global.
Según un estudio reciente publicado en Journal of Marine Science and Engineering, el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán comenzaron a mostrar señales claras de este fenómeno a partir de 2017, cuando se detectaron por primera vez especies de origen tropical.
Los investigadores analizaron datos acumulados durante tres décadas por el Instituto Español de Oceanografía y confirmaron que el aumento de temperatura está modificando la biodiversidad marina en la región.
No solo el tiburón ballena, qué otras especies tropicales aparecieron en el mediterráneo
Además del tiburón ballena, los científicos identificaron otras especies inusuales en estas aguas. Entre ellas aparecen peces como la dormilona (Lobotes surinamensis), la cuna lucero (Paranthias furcifer) y el pez león (Pterois miles), todos originarios de ambientes más cálidos.
La presencia de estos animales en el Mediterráneo no solo sorprende por su origen, sino también por lo que implica a nivel ecológico. Muchos de ellos no tienen depredadores naturales en estas aguas, lo que puede alterar el equilibrio de los ecosistemas locales.
Este cambio en la fauna marina refleja una adaptación progresiva a nuevas condiciones ambientales, pero también plantea interrogantes sobre el impacto a largo plazo en las especies autóctonas.
Si bien el cambio climático es el principal factor detrás de esta transformación, los científicos advierten que no es el único. La actividad humana también juega un rol clave en la expansión de estas especies hacia nuevas regiones.
El transporte marítimo, por ejemplo, facilita la llegada de organismos a través del agua de lastre de los buques. A esto se suma la apertura de rutas como el Canal de Suez, que conecta ecosistemas antes separados y permite el ingreso de especies del océano Índico al Mediterráneo.
La combinación de estos factores, junto con el aumento de la temperatura del agua, crea condiciones favorables para que especies tropicales se establezcan en zonas donde antes no podían sobrevivir.
Uno de los principales desafíos es determinar si estas apariciones son eventos aislados o si las especies ya comenzaron a asentarse de forma permanente. En ese caso, el impacto sobre la biodiversidad local podría ser significativo.
Los expertos señalan que el Mediterráneo se está calentando a un ritmo acelerado, incluso por encima del promedio global. En algunas regiones, la temperatura aumenta hasta cuatro grados por siglo, lo que podría transformar por completo el ecosistema marino en las próximas décadas.
Ante este escenario, los científicos insisten en la necesidad de continuar con los estudios para comprender mejor el fenómeno. La aparición del tiburón ballena en Gibraltar es, para muchos, una señal clara de que el océano ya está cambiando.
Fuente: www.clarin.com



