El pez guitarra: la especie que científicos y comunidades costeras buscan salvar


En las aguas del Atlántico sur habita una de las criaturas más extrañas y fascinantes del océano. No es del todo tiburón ni completamente raya, pero tiene rasgos de ambos. Su nombre lo dice todo: el pez guitarra, una especie única que hoy enfrenta un futuro incierto.

Este pez cartilaginoso, perteneciente a la familia Rhinobatidae, se caracteriza por su cuerpo aplanado y alargado, cuya silueta recuerda a una guitarra o un violín. Esa forma híbrida también se refleja en su biología: la parte delantera es similar a la de una raya, mientras que su cola y aletas dorsales se asemejan a las de un tiburón.

Más allá de su aspecto llamativo, el pez guitarra cumple un rol fundamental en el equilibrio del ecosistema marino. Habita fondos arenosos o fangosos, donde se camufla para alimentarse de pequeños peces, moluscos y crustáceos.

Mientras se desplaza y busca alimento, remueve el sedimento del fondo marino, lo que favorece la oxigenación y contribuye a mantener el equilibrio de otras especies. Por eso, su desaparición no solo afectaría a una especie, sino a todo el entorno costero.

Actualmente, varias especies de pez guitarra están catalogadas como en peligro crítico de extinción. La principal amenaza es la sobrepesca, tanto directa como incidental, sumada a la degradación de su hábitat.

En algunas regiones, como el sur de Brasil, las poblaciones se redujeron hasta un 96% en apenas una década, una cifra que encendió las alarmas entre científicos y organizaciones ambientales.

Su vulnerabilidad se explica también por su biología: crecen lentamente, alcanzan la madurez sexual a los varios años y tienen pocas crías por temporada, lo que dificulta su recuperación.

Frente a este escenario, en Argentina surgió una iniciativa que une a científicos, pescadores y comunidades costeras para proteger a la especie.

Uno de los avances más importantes fue la modificación de reglamentos en torneos de pesca deportiva, donde se estableció la devolución obligatoria al mar de los ejemplares capturados. Esta medida marca un cambio de enfoque: transformar la pesca en una aliada de la conservación.

Además, se impulsa la llamada “ciencia ciudadana”, donde pescadores registran datos, toman fotografías y colaboran con el monitoreo de la especie, aportando información clave para su estudio.

A pesar de los avances, todavía hay mucho que no se sabe sobre el pez guitarra. Por ejemplo, los investigadores identificaron hembras con embriones y posibles zonas de reproducción, pero aún no han encontrado ejemplares recién nacidos.

Se cree que algunas áreas de la costa bonaerense podrían funcionar como zonas de cría, lo que las convierte en espacios clave para su conservación.

Además, cambios en la temperatura del agua, vinculados al cambio climático, podrían estar modificando su distribución, haciendo que aparezca en zonas donde antes no era habitual.

Su conservación depende de múltiples factores: investigación científica, regulación pesquera y, sobre todo, el compromiso de quienes conviven con el mar.

Fuente: www.clarin.com

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