El hongo de la Amazona que se alimenta de plástico y puede cambiar la forma en tratar la contaminación ambiental


El hallazgo de un hongo del Amazonas, el Pestalotiopsis microspora -en la selva de Ecuador- representa un cambio de paradigma para la ciencia ambiental debido a su capacidad única de procesar plásticos sintéticos como alimento.
Este microorganismo, identificado originalmente por el micólogo argentino Carlos Luigi Spegazzini en 1880, fue redescubierto en 2011 mediante las expediciones de la Universidad de Yale, demostrando una eficacia metabólica que hasta ahora se consideraba biológicamente imposible en el mundo natural.
El proceso ocurre mediante enzimas específicas que actúan como tijeras moleculares para romper las cadenas del poliuretano. A diferencia de otros organismos que requieren aire para sobrevivir, este hongo puede consumir el material sintético en condiciones anaeróbicas.
Esta característica lo vuelve ideal para ser aplicado en las capas profundas de los basurales, donde el oxígeno es escaso y la acumulación de plásticos genera un daño ecológico que suele persistir por cientos de años.
El hongo que abre las puertas a la generación de plantas de reciclaje biológico
La posibilidad de transformar residuos plásticos en materia orgánica simple abre una puerta a la creación de plantas de reciclaje biológico.
Actualmente, menos del 10% del plástico producido globalmente se recicla mediante métodos convencionales, los cuales suelen ser costosos y generan emisiones contaminantes.
La introducción de sistemas basados en este hongo permitiría procesar toneladas de desechos de manera autónoma, reduciendo drásticamente la huella de carbono industrial.
Investigadores de diversos centros de biotecnología trabajan hoy en aislar las proteínas responsables de esta digestión. El objetivo final es sintetizar estas enzimas en laboratorio para aplicarlas a gran escala sin necesidad de introducir colonias vivas en ecosistemas foráneos.
Si bien todavía se requieren ensayos de seguridad biológica, el principio bioquímico ya fue probado con éxito en condiciones controladas, marcando un hito en la lucha contra la contaminación por microplásticos.
El impacto de esta tecnología podría extenderse a la limpieza de los océanos, donde la acumulación de poliuretano y otros derivados químicos es crítica para la fauna.
Al ser un organismo capaz de sobrevivir en condiciones extremas, el potencial de aplicación en aguas contaminadas o suelos saturados de químicos abre un abanico de soluciones que hasta ahora requerían procesos mecánicos invasivos.
La micología aplicada se posiciona así como el eje central de la nueva gestión ambiental del siglo XXI. Este recurso biológico redefine el futuro del reciclaje global, ofreciendo soluciones naturales y eficientes para erradicar la polución plástica mundial.
Fuente: www.clarin.com



