“El arte inquieta mucho al poder”


Cuando se dice su nombre: Marilú Marini se la asocia inmediatamente con Francia, su segunda patria, por adopción. Está en Buenos Aires y la veremos por partida doble. Como intérprete estrenó Manifestum, una conferencia performática, junto a Franco Torchia con idea y dirección de Oria Puppo, más dramaturgia de Eugenia Pérez Tomás, que se puede ver de miércoles a domingo en la sala Casacuberta del teatro San Martín. Mientras ensaya como directora para estrenar a fines de agosto una desconocida obra de teatro de Silvina Ocampo La lluvia de fuego, escrita en colaboración con Juan José Hernández. Ahí el elenco estará integrado por Valeria Lois,
Carolina Saade, Agustín Rittano, Damián Mai y Mercedes Beno Mendizábal. También se podrá ver en el teatro San Martín.
—¿Qué es lo que te hace aceptar un proyecto y abandonar Francia, donde está tu familia?
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—Me parece que son voces que tienen que ser escuchadas. Todas estas personalidades, estos cuerpos trans son necesarios porque son fruto de un sueño, de un deseo y de una profunda convicción sobre lo que es cada uno de nosotros. Tienen que ser aceptados no como una extrañeza, sino como algo orgánico que forma parte del tejido social. Acepté porque sé de la dificultad que hay en esto, de la exclusión y la marginalización de todas estas poblaciones y familias. Esa situación es dolorosa y se traduce también en sus vidas que son difíciles. No tendrían que reclamar, sino tener, deberían estar integradas y aceptadas, no mirarlas como haciendo una beneficencia.
—En la década de los sesenta, cuando estabas en el Instituto Di Tella varios artistas se exiliaron por su condición sexual. ¿Cambió la sociedad?
—Eran tiempos de la dictadura de Onganía, pero pienso que viene de muchísimo más atrás y no sólo en la Argentina, también en otras partes del mundo, desgraciadamente. Siempre para una estructura burguesa es inquietante lo diferente. En Manifestum estamos hablando de la aceptación, integración y que lo diferente sea parte del sistema. Sabemos de todas las persecuciones y marginalización que ha habido en muchas otras partes del mundo, porque en todas las culturas constituidas lo diferente y marginal siempre produce mucha inquietud porque puede ser peligroso.
—¿En Francia no son más aceptadas estas diferencias sexuales?
—Hace tres años, un grupo homofóbico tiró a un canal y mató a un muchacho homosexual, que se ahogó. Este mundo no es un lugar ideal para la cultura marginal, que ha comprendido que tiene derecho a ser exactamente igual que los otros. Quizás aquí se tiene idealizada a Europa, llegaron antes que nosotros a una evolución, pero sigue habiendo crímenes homofóbicos muy terribles y cercanos.
—En “Manifestum” se hace referencia a los riegos que se corren por el cambio de sexo.
—Efectivamente, se hacían operaciones para ponerse siliconas en lugares donde no había quirófanos, en el fondo de una peluquería o en cualquier lugar. Eso también te habla de lo marginal. Todo esto da cuenta de lo doloroso que es el camino hacia la libertad de cada uno de nosotros a tener plenos derechos sobre nuestro cuerpo. Esos derechos están prohibidos y son mal vistos desde un punto de vista moral, con desaprobación por la gente. Por todo esto acepté hacer este espectáculo, lo siento necesario en este momento del mundo y de nuestra historia. Esta propuesta fue creada y está dirigida por Oria Puppo, ella lo ideó con la complicidad de Franco (Torchia). También me parece muy importante que un teatro oficial como el San Martín de un espacio a este tipo de propuestas. Es diferente, particular y tiene un cuerpo soñado, completamente original y diferente a una puesta de una obra de teatro. Tiene precios accesibles, la gente puede venir a verlo ya que estamos atravesando un momento económicamente es muy doloroso.
—¿Te sorprende el público de aquí?
—Me fascina la energía que tiene la gente acá en la Argentina o en Buenos Aires, que es lo que veo, para movilizarse hacia la cultura porque veo propuestas que tienen precios muy altos y no sé cómo el público puede acceder con lo que se está viviendo.
—Usaste la palabra libertad: ¿qué significa hoy?
—Es una palabra que se usa en tantas vertientes sociales y a veces de una forma tan desfachatada. Hay tiranías que dicen que dan libertad. Seamos completamente sinceras, es como la verdad, muy difícil de definir y ejecutar. Hemos vivido momentos en que había una posibilidad de movilidad social y económica mayor a la que se tiene en estos últimos tiempos y esto también está pasando en el resto del mundo. Mirás Europa, países como Polonia, Holanda o Hungría y las líneas políticas que siguen son inquietantes. Por eso me parece que el arte es un lugar desde el que se puede crear y producir contenidos que no son solo de resistencia o de lucha, sino que son contenidos creativos para inventar el futuro. El arte nos da esa posibilidad de inventar y simbolizar.
—¿Es por eso que los artistas parecen molestar al poder?
—Pienso que el arte inquieta mucho al poder. En Francia se vive un nuevo recorte al presupuesto cultural. No hay que idealizar nada porque la situación es muy delicada en todo el mundo: Creo que estamos dependiendo de un poder económico. Es la economía lo que rige ahora nuestras relaciones. Por eso es tan importante que nosotros los artistas estemos alertas, vivos y pensantes, creando lugares donde nos podamos encontrar todos los seres humanos. Hay que conversar, cambiar ideas y ver que no estamos aislados y sometidos, sino que estamos con el poder de intercambiar, simbolizar y crear.
—¿Qué peligro enfrenta un artista?
—Pienso que el peligro que corre el artista es dejar de imaginar. Eso sería muy grave. Pensemos que en cualquier situación se puede imaginar y crear, por ejemplo Jean Genet escribió toda su obra en la cárcel. Es muy fuerte porque hay momentos de sufrimiento en lo corporal, entonces uno no puede seguir con el mismo ímpetu. En una situación peligrosa, lo primero que hay que pensar es en salvar el cuerpo, preservarlo, pero ante una situación dolorosa hay que poder salir y simbolizar, pienso que eso salva.
—¿Cómo te llegó “Lluvia de fuego” de Silvina Ocampo?
—Pude conocer a Adolfo Bioy Casares por intermedio de Daniel Tinayre hijo. Había conseguido una primera edición de La invención de Morel y quería su autógrafo para regarle el libro a mi marido. Bioy me lo firmó muy amablemente y con esa elegancia que tenía me dijo: “Esta es una obra de teatro de Silvina inédita, como hacés teatro, te la doy para ver qué puedes hacer con ella.” Lluvia de fuego la llevé a París y en 1997 la estrené con dirección de Alfredo Arias. Cuando el San Martín me ofreció dirigir, con mucha desfachatez acepté y la propuse. Estoy feliz porque tengo un equipo excelente y de mucho talento. Silvina Ocampo fue una gran escritora, ella decía que no era social sino íntima. Para mí es una de las grandes figuras de la literatura del siglo XX argentina y latinoamericana. Era una persona que tenía justamente la audacia de ser como ella deseaba ser, por eso también era mucho menos social que su hermana Victoria. Ella estaba por sobre el bien y el mal.
—Y si tuvieras que definir el estilo de tu próxima dirección: ¿qué dirías?
— (Rotunda y con una sonrisa) Incierto. Espero tener la suficiente apertura para tener la libertad que tenía Silvina cuando escribía y cuando modelaba sus personajes. Tiene un tono de teatro popular escrito por una poeta muy fina, delicada y con un gran sentido del humor.
Fuente: www.perfil.com



