Eduardo Galeano, escritor uruguayo: “Conozco gente profundamente culta que no sabe leer ni escribir porque culto es aquel que es capaz de escuchar al otro”


El escritor uruguayo Eduardo Galeano pasó buena parte de su obra observando cómo se construyen las jerarquías, quién decide qué voces cuentan y qué lugar ocupan aquellos que suelen quedar afuera de los grandes relatos.
Esa mirada también apareció cuando habló sobre educación, lectura y conocimiento. En una entrevista televisiva dejó una definición que discutía de frente con la idea de que una persona culta es simplemente aquella que más sabe.
Eduardo Galeano, escritor uruguayo, cuestionó qué significa realmente ser culto
“Conozco gente profundamente culta que no sabe leer ni escribir o que escribe y lee de mala manera”, sostuvo Galeano al hablar sobre la relación entre educación y cultura.
La explicación continuaba con su propia definición: “Culto es aquel que es capaz de escuchar al otro”. Para el escritor, esa capacidad también incluía atender “las voces de la naturaleza de la que forma parte”.
Su criterio no dependía entonces de la cantidad de información acumulada. De hecho, utilizó una comparación deliberadamente provocadora: una computadora puede almacenar muchos más conocimientos que una persona y eso, para él, no la convierte en culta.
Galeano llevaba esa idea todavía más lejos. Contaba que había conocido personas con doctorados que, según su mirada, mostraban una “incultura tenebrosa”, mientras encontraba una profunda cultura en hombres y mujeres con poca o ninguna educación formal.
La frase cuestionaba así una frontera frecuente: la que separa automáticamente a quienes tuvieron acceso a estudios y libros de aquellos que quedaron fuera de esos espacios.
Eduardo Galeano – historia, política y poesía | Entrevista exclusiva
La posición de Galeano sobre la cultura estaba conectada con una crítica más amplia a ciertos modelos educativos. “Cuando me hablan de educación, tiemblo”, llegó a afirmar durante aquella entrevista.
Su objeción aparecía cuando educar significaba imponer una escala de valores, una determinada concepción del mundo o un orden moral sobre personas que ya poseían sus propios conocimientos y formas de entender la realidad.
Por eso insistía en dos verbos: escuchar y respetar. “Lo más importante es escuchar y respetar lo que se escucha, saber ver y respetar lo que se ve”, explicó.
Esa postura partía de otro supuesto. Para Galeano, todas las personas tienen algo que decir que merece ser escuchado. El aprendizaje no debía funcionar únicamente desde alguien que sabe hacia alguien que supuestamente no sabe nada.
También desconfiaba de las certezas absolutas. Definía la verdad como el resultado de distintas “verdades contradictorias”, una idea que trasladaba el centro de la discusión desde la imposición hacia el diálogo.
En ese punto, la mirada de Eduardo Galeano sobre la educación se acercaba a una preocupación que atravesó buena parte de su trabajo periodístico y literario: prestar atención a quienes suelen aparecer en los márgenes.
Eduardo Galeano nació en Montevideo en 1940 y desarrolló muy temprano su carrera periodística. A lo largo de los años combinó crónicas, ensayos, relatos breves y trabajos dedicados a revisar la historia política y social latinoamericana.
El exilio ocupó un lugar decisivo en su vida. Después del golpe de Estado de 1973 en Uruguay se instaló en Argentina y, más tarde, continuó su recorrido en España.
Regresó a Montevideo en 1985, con el final de la dictadura uruguaya. Allí permaneció hasta su muerte, ocurrida en 2015, cuando tenía 74 años.
Entre sus libros más conocidos aparecen Las venas abiertas de América Latina, publicado en 1971, y la trilogía Memoria del fuego. También escribió El libro de los abrazos, donde reunió pequeñas historias, recuerdos y escenas.
Fuente: www.clarin.com



