Dormir ocho horas ya no alcanza: qué dicen los especialistas


Dormir ocho horas ya no garantiza un descanso reparador si el sistema nervioso permanece en alerta por la sobreestimulación tecnológica y el estrés ambiental. La sensación de agotamiento matutino, incluso tras cumplir con el horario recomendado, se convirtió en una de las consultas más frecuentes en las unidades de medicina del sueño durante este último año.
Los profesionales del área advierten que el enfoque tradicional centrado exclusivamente en la cantidad de minutos transcurridos en la cama quedó obsoleto ante las nuevas dinámicas del ritmo de vida actual.
Según un estudio reciente publicado por National Geographic, el cerebro moderno enfrenta una dificultad creciente para desconectarse totalmente de las señales de alerta externas, lo que genera un estado de vigilia latente.
Este fenómeno impide que el organismo transite de manera fluida por las etapas de sueño profundo y la fase REM, esenciales para la consolidación de la memoria y la restauración física completa.
El impacto de la higiene del sueño digital es uno de los factores determinantes que analizan los neurólogos en las publicaciones científicas de este mes. La exposición a la luz azul y la recepción constante de notificaciones antes de cerrar los ojos alteran la producción natural de melatonina, la hormona encargada de inducir el descanso.
Cuando este proceso se ve interrumpido, el cuerpo puede permanecer ocho horas acostado, pero el cerebro sigue procesando información en niveles superficiales. Esto provoca lo que los expertos denominan “sueño fragmentado”, donde se producen microdespertares imperceptibles que rompen la arquitectura natural del reposo.
Los especialistas en cronobiología destacan que el horario en que se inicia el descanso es tan relevante como la duración del mismo para el equilibrio metabólico. Ir a dormir después de la medianoche, aunque se completen las ocho horas solicitadas, suele entrar en conflicto con los ritmos biológicos naturales y la exposición a la luz solar del amanecer.
Este desajuste provoca que el despertar ocurra en una fase inadecuada del ciclo, generando esa pesadez característica y falta de claridad mental que acompaña a muchas personas durante la primera mitad de su jornada laboral.
La regularidad en los horarios de acostarse y levantarse se presenta así como la herramienta más eficaz para estabilizar el sistema nervioso central.
Otro componente crítico que mencionan los expertos es la alimentación y el consumo de sustancias estimulantes en las horas previas al descanso nocturno. El consumo de cafeína, alcohol o cenas excesivamente pesadas obliga al sistema digestivo a trabajar intensamente cuando el cuerpo debería estar enfocando su energía en la reparación de tejidos.
Esta actividad metabólica secundaria eleva la temperatura corporal interna, lo cual es incompatible con el ingreso a los niveles más profundos de sueño. Sin un ambiente propicio, que incluya oscuridad total y una temperatura ambiente fresca, el proceso de eliminación de toxinas cerebrales no se completa, derivando en una fatiga crónica.
Fuente: www.clarin.com



