Desde decoraciones misteriosas hasta falsos insectos: la ciencia revela los secretos de las telarañas más extrañas del planeta

A simple vista, una telaraña puede parecer un hilo molesto en un rincón de la casa. Pero en lo profundo de una cueva europea, las arañas demostraron que también pueden levantar verdaderas ciudades. Lejos de la luz y del ruido humano, la ciencia encontró una obra colectiva que cambia lo que creía saber sobre estos animales.
El hallazgo ocurrió en un pasadizo angosto de una caverna subterránea ubicada entre Albania y Grecia. En ese espacio oscuro y húmedo, investigadores descubrieron una red gigantesca que cubría paredes y techos como si fuera un manto continuo.
No se trataba de una telaraña común, sino de una estructura compartida, creada en conjunto por más de 110.000 arañas de dos especies distintas que, en lugar de competir, trabajaron de forma coordinada.
Juntas construyeron una red de unos 106 metros cuadrados, una superficie comparable a la de un departamento amplio. En algunos sectores, el peso era tan grande que la tela se vencía y caía.
Esta especie de metrópolis se encuentra en la llamada Cueva del Azufre y funciona gracias a una abundante población de pequeños mosquitos. Las telas capturan de forma constante a estos insectos, lo que garantiza alimento para toda la colonia.
Los científicos describieron la escena como una comunidad colonial extraordinaria, poco común incluso para los estándares del mundo animal.
Investigadores encontraron 110.000 arañas en la gran tela. Foto: ShutterstockQué esconden las telarañas y para qué sirven, según los últimos descubrimientos científicos
Este hallazgo forma parte de una serie de avances recientes que revelan cuán complejas pueden ser las telarañas.
Además de atrapar presas, las arañas usan la seda para proteger a sus huevos, comunicarse mediante vibraciones, transmitir señales químicas y fabricar sustancias pegajosas que inmovilizan a sus víctimas.
En los últimos años, los investigadores también documentaron que algunas arañas decoran sus telas con patrones visibles, mientras otras construyen estructuras que imitan su propia forma. Estos detalles, que antes se creían ornamentales o accidentales, hoy despiertan nuevas preguntas sobre su función real.
Para la bióloga Cheryl Hayashi, del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, la evolución de la seda marca uno de los grandes hitos de la historia de la vida. Según explica, este material no apareció una sola vez ni cumple una única función.
Por el contrario, se trata de una sustancia que se transforma y se adapta, a medida que las arañas encuentran nuevos usos para ella.
Desde una mirada biológica, las telarañas cumplen un rol aún más profundo. El investigador italiano Gabriele Greco sostiene que funcionan como un órgano externo, una extensión del cuerpo de la araña.
En ciencia, este concepto se conoce como “fenotipo extendido”: una parte visible del animal que refleja su información genética, como si se tratara de un brazo.
Las arañas tejen telarañas para múltiples funciones vitales. Foto: ShutterstockGreco estudió uno de los elementos más llamativos de las telarañas: los zigzags blancos conocidos como estabilimentos. En una investigación publicada en la revista PLOS One, mostró que estas estructuras pueden modificar la forma en que se propagan las vibraciones cuando una presa queda atrapada.
Sin embargo, este diseño también suma peso a la tela, lo que plantea un dilema evolutivo que aún no tiene respuesta clara. “Nadie sabe con certeza por qué las arañas decoran sus telarañas”, admite Greco.
El misterio se extiende incluso a la composición de la seda. Este material contiene más de 2.200 proteínas y sigue siendo objeto de experimentos innovadores.
En uno de ellos, Greco alimentó arañas con nanomateriales como nanotubos de carbono, lo que dio como resultado una seda naturalmente reforzada. Además, el uso de inteligencia artificial permite analizar su estructura con mayor precisión.
“Falsas arañas”
Otro descubrimiento sorprendente ocurrió en una selva de Filipinas, cuando el investigador Larry Reeves observó lo que parecía una araña gigante en una tela. Al acercarse, notó que no era un animal vivo, sino una figura construida con seda, restos vegetales y fragmentos de presas.
Ese hallazgo lo llevó a colaborar con otros científicos que habían visto estructuras similares en Perú.
Estos señuelos, creados por arañas del género Cyclosa, imitan la forma de una araña de mayor tamaño. Los investigadores creen que funcionan como un sistema de defensa ante los depredadores, al ver una figura más grande de lo habitual, evitan acercarse.
Para Hayashi, las arañas de las cuevas europeas resumen la clave de estos descubrimientos. Las telas no solo reflejan a quienes las construyen, sino también al entorno en el que viven.
Fuente: www.clarin.com



