Descubrí por qué algunas personas hablan poco y qué razones lo explican


La gente que habla bastante, que tiene facilidad de palabra, es valorada en casi todos los ámbitos, desde el trabajo hasta la escuela o la universidad. Saber comunicarse es una de las habilidades blandas más tenidas en cuenta por los empleadores, en una era donde, hay que decirlo, muchos prefieren comunicarse con emojis.
Más allá de aquellos que, por seguir las modas, han limitado sus mensajes por WhatsApp a unas pocas palabras, audios a veces imposibles de descifrar y, como dijimos, pulgares levantados o todo tipo de caritas amarillas, están quienes hablan poco, porque esto forma parte de su carácter.
Por supuesto, se trata de personas introvertidas, en general, con un gran mundo interior que evitan ventilar a los cuatro vientos. Es posible que sean tímidos, pero, también, que consideren que deben hablar lo justo y necesario, a diferencia de los charlatanes.
Diversos estudios y enfoques psicológicos permiten comprender mejor este fenómeno, que lejos de ser un defecto, puede tener múltiples explicaciones y matices. Aquí algunas de las razones que explican por qué algunos hablan poco.
La causa más frecuente de que una persona hable poco, como adelantamos, es la introversión. Los introvertidos no necesariamente son tímidos ni carecen de habilidades sociales, solo disfrutan de la soledad, prefieren escuchar antes que hablar y seleccionan cuidadosamente sus palabras y relaciones.
Según la psicóloga Jennifer B. Kahnweiler, autora de El líder introvertido, piensan antes de hablar, son observadoras, analíticas y valoran la calidad sobre la cantidad en sus vínculos sociales. Prefieren conversaciones profundas y significativas en lugar de charlas superficiales, y suelen ser personas de confianza y gran capacidad de escucha.
Otra razón común es la timidez, que implica incomodidad ante la exposición social y el temor al juicio ajeno. Los tímidos suelen hablar poco para evitar convertirse en el centro de atención y reducir así la posibilidad de ser evaluados o criticados. Esta actitud puede estar asociada a experiencias previas de rechazo o burla, lo que refuerza la tendencia a evitar destacar. La inseguridad, por su parte, lleva a pensar que las propias opiniones no son lo suficientemente valiosas para ser expresadas, lo que limita la participación en las conversaciones.
La ansiedad social es otro factor relevante, porque quienes la padecen perciben las interacciones sociales como situaciones de riesgo y prefieren hablar poco o en voz baja para minimizar la exposición y el miedo a cometer errores o ser juzgados. Además, algunos optan por el silencio o un tono de voz bajo como estrategia para evitar el conflicto. Hablar poco puede ser una forma de mantener la armonía y evitar discusiones.
Por otra parte, muchas personas prefieren observar, analizar y reflexionar antes de intervenir. Este perfil, lejos de ser negativo, puede implicar una gran inteligencia emocional y capacidad de análisis. Son individuos que valoran el contenido y la oportunidad de sus intervenciones, y que pueden aportar puntos de vista valiosos cuando deciden hablar.
Los trastornos del habla y del lenguaje (afasia, disartria), por supuesto, dificultan la expresión verbal, pero esto responde a una enfermedad. El mutismo selectivo, una condición psicológica por la cual algunos son incapaces de hablar en determinadas situaciones es otro factor poco común.
Fuente: www.clarin.com



