Descubren una almeja de 500 años que podría revelar secretos ocultos del océano


El molusco, perteneciente a la especie Arctica islandica o Ocean quahog, fue encontrado durante una campaña dirigida por la Universidad de Exeter. De este modo se convirtió en uno de los organismos marinos más antiguos jamás estudiados, capaz de aportar datos únicos sobre los cambios ambientales ocurridos durante siglos.
La protagonista de este hallazgo es una almeja que nació a comienzos del siglo XVI, cuando todavía no existían instrumentos modernos para medir la temperatura o la composición química del océano. La misma fue hallada en las profunidades del Atlántico Norte.
Lo extraordinario de esta especie es que su caparazón crece por capas anuales, de manera similar a los anillos de los árboles.
Cada una de esas capas funciona como un registro natural que conserva información sobre las condiciones del entorno marino en el momento en que se formó.
Los científicos explicaron que, al analizar esas capas, es posible reconstruir cómo variaron la temperatura del océano, la salinidad y la disponibilidad de nutrientes a lo largo de cientos de años. Este estudio se publicó en la revista Science Advances con el título Recent and early 20th century destabilization of the subpolar North Atlantic recorded in bivalves.
En ese sentido, esta almeja no es solo un organismo excepcionalmente longevo, sino también una especie de “archivo biológico” que guarda la memoria del océano.
El hallazgo se produjo durante una investigación destinada a estudiar los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos. Al extraer ejemplares de Arctica islandica del fondo marino, los investigadores se dieron cuenta de que uno de ellos tenía una edad muy superior a la esperada. Tras un análisis detallado, confirmaron que la almeja había vivido alrededor de cinco siglos.
El interés científico por esta almeja no se limita a su longevidad. Los expertos creen que su estudio puede ayudar a entender cómo reaccionó el océano a cambios climáticos pasados, como períodos de enfriamiento o calentamiento, y qué consecuencias tuvieron esos procesos en la vida marina.
Al comparar los datos obtenidos del caparazón con registros históricos y climáticos, los científicos pueden identificar patrones que se repiten en el tiempo.
Esto permite mejorar los modelos que intentan predecir cómo responderá el océano al aumento actual de las temperaturas y a la acidificación provocada por las emisiones de dióxido de carbono.
Además, el metabolismo lento de esta almeja y su capacidad para sobrevivir en ambientes fríos y estables convierten a la especie en un caso de estudio clave para la biología marina.
Comprender cómo logra vivir tanto tiempo podría aportar pistas sobre los límites de la longevidad en los animales y sobre los mecanismos de adaptación a condiciones extremas del océano profundo.
Fuente: www.clarin.com



