De las migajas al banquete: el despertar


Escribir La reina, 27 leyes para ser respetada, valorada y magnética en el amor, fue una experiencia intensa, emocionante y profundamente transformadora. No fue un libro pensado desde una teoría, sino desde la vida real. Durante años trabajé con mujeres increíbles: independientes, exitosas, seguras en casi todas las áreas de su vida… excepto en el amor. Muchas llegaban a mí confundidas por vínculos intermitentes, por citas que empezaban con entusiasmo y terminaban en ghosteo, por chats eternos sin dirección, por matches que generaban ilusión, pero rara vez compromiso. Mi desafío como coach empezó a ser este: ¿cómo ayudamos a navegar un escenario afectivo tan ruidoso, contradictorio y volátil sin perder claridad interna?
Las aplicaciones de citas abrieron puertas y posibilidades, pero también crearon dudas nuevas. Una sobreoferta aparente que, en lugar de acercarnos, muchas veces nos deja más solas y agotadas. Conversaciones fluidas que desaparecen de la nada, perfiles que prometen intimidad sin presencia, interacciones que parecen vínculos, pero no llegan a serlo. Vivimos en conexión constante, pero sin demasiada construcción real. Y un fenómeno curioso empezó a repetirse en mis sesiones: mujeres brillantes, sensibles, capaces y valiosas preguntándose a sí mismas: “¿Será que estoy pidiendo demasiado?”.
Fue ahí donde entendí que el problema no era falta de inteligencia emocional, sino desinformación y creencias limitantes con respecto a las relaciones actuales. La lógica de las apps empuja a la inmediatez, a la ansiedad de la validación, a la sensación de que siempre hay “otra opción” a un swipe de distancia. Esa dinámica confunde, desgasta y nos lleva a conformarnos con lo que yo llamo migajas emocionales: atención a medias, interés intermitente, afecto sin intención, proyectos sin presencia real.
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Las migajas no son necesariamente maltrato. Son vínculos que no alcanzan, que no se sostienen, que no nos alimentan. Son historias donde se siente algo, pero no se construye nada. Se siente conexión, pero no se asume compromiso. Y, como consecuencia, terminamos con la sensación de que el amor es un desgaste, cuando en realidad el desgaste aparece cuando hay falta de reciprocidad.
El libro nació de todas esas historias que las mujeres me compartieron con una honestidad conmovedora: decepciones, ilusiones, inicios hermosos que no avanzaron, vínculos que no se animaron a ser más. Cada conversación fue una pieza más del rompecabezas de las relaciones de esta época. Escuchar, observar, integrar y traducir todo eso en un proceso claro fue un trabajo delicado y profundo. Escribir me llevó un año entero. Reescribí capítulos, sumé ejemplos, tomé notas de mis sesiones, y fui procesando todo con paciencia. No quería un manual, quería una guía vivencial, algo que nos ayudara a volver a la calma interior para poder elegir bien.
También sentí la necesidad de enraizar esta experiencia en conocimiento sólido. Por eso, además de la escucha y la experiencia compartida por miles de mujeres, el libro se nutre de la psicología profunda de Carl Jung, de la mirada sobre el vínculo desarrollada por mis maestros Cloe Madanes, Tony Robbins, y Fernando Rubano, y de las observaciones sobre la naturaleza humana de Robert Greene. No los incorporé como teoría rígida, sino como lentes para interpretar la conducta, la elección afectiva y nuestros patrones emocionales.
El título La reina surgió como un arquetipo muy poderoso. Viajando por Inglaterra, entre castillos, bibliotecas y jardines, entendí algo esencial: las reinas no se definen por coronas ni por protocolo, sino por una actitud interna. Una reina no es altiva ni exigente, no necesita gritar su valor. Tiene claridad, presencia y límites. No mendiga afecto, no negocia su dignidad, no compite por ser elegida. Se comporta como una reina y, por esa misma energía, es tratada como tal.
Ahí entendí el núcleo del libro: la reina no es una pose, no es un personaje para gustar, es identidad. Es saber que valemos, que no necesitamos esforzarnos para ser queridas, que no necesitamos conformarnos con migajas cuando merecemos un banquete. El banquete no es abundancia material ni grandes gestos románticos: es presencia, reciprocidad, constancia, compromiso, serenidad y claridad. Es sentir que estamos con alguien que camina a la par, que escucha, que elige, que construye.
El arquetipo de la reina nos recuerda esto: no se trata de exigir, se trata de elegir. No es reclamar perfección ni un amor idealizado, sino recordar que nuestra dignidad emocional no es negociable. Que podemos ser amorosas sin ceder nuestra paz, disponibles sin perder nuestros límites, vulnerables sin perder nuestro centro.
Este libro nace para acompañar ese proceso: pasar del ruido a la claridad, de la duda a la calma, de las migajas al banquete. Y entender que el verdadero desafío no es encontrar amor, sino encontrarnos a nosotras mismas dentro del amor.
Cuando entendemos eso, la reina despierta. Y el amor empieza a sentirse posible otra vez.
*Master coach certificada
Robbins-Madanes & Harvard
Fuente: www.perfil.com



